Andy Warhol con el elenco de «Pork» en La Mama, 1971. Cortesía del archivo Jack Mitchell
Andy Warhol con el elenco de «Pork» en La Mama, 1971. Cortesía del archivo Jack Mitchell
CINCO MINUTOS DE GLORIA

Sacar brillo a Andy Warhol

El Whitney Museum de Nueva York presenta la mayor exposición del artista estadounidense

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Si alguien piensa que ya está todo dicho y visto sobre Warhol, se equivoca. El genio que no salió de una lámpara sino de unas cajas de detergente de nombre Brillo ahora ocupa casi todas las salas del Museo Whitney de Nueva York en la exposición que se titula Andy Warhol-From A to B and Back Again. Y nos demuestra una vez más que quienes solo le miran con los ojos de esa frivolidad subida de filtros tan de nuestro tiempo anda muy equivocado. Apenas, un petardo que se auto copiaba en mil retratos aunque los protagonistas fueran otros rumbosos señores y señoras de aquellos días de vino y rosas -del pijerío dopado bajo la bola de espejos del Studio 54- y se comportaba como una loca las 24 horas del día mientras le chupaba la sangre a toda nueva estrella del firmamento paródico de la Factory. También está que le pegó un tiro la tal Valerie Solana, pero no dejó un bonito cadáver porque Warhol no fue guapo ni en sus mejores sueños, ni tras las máscara: el maquillaje y la peluca.

El loco del pelo blanco -o rubio decolorado, como ustedes quieran verlo- fue un agitador en toda regla no sólo porque abriera las costuras del arte (el segundo en hacerlo en el ya lejano siglo XX, le precedió Duchamp). Después de él nadie ha venido capaz de aupar otra lata de sopa (o similar nadería) a las estanterías del arte con la misma soltura millonaria y de método con que él lo hizo. Además le sacó la lengua a la política de su tiempo (bastante sucia, por cierto) y a las convenciones (bastantes blancas, a propósito) con esos cuadros sobre cuya pintura se mea (literalmente) en todo.

En otro extremo de la ciudad de Nueva York, el Museo Guggenheim se atreve de nuevo con Robert Mapplethorpe, a cuyas fotos se les sigue colgando el cartel de censurables o, directamente, son censuradas. Las comparaciones resultan odiosas en este duelo de divas de la homosexualidad y del arte mayúsculo, pero de Mapplethorpe ya hemos visto todo, hasta lo más oculto y maldito, y de Warhol aún queda por desempolvar debajo de esa peluca.