El selfie que Sabina Urraca dedica a ABC Cultural, junto con su perra Murcia
El selfie que Sabina Urraca dedica a ABC Cultural, junto con su perra Murcia - S. U.
Darán Que Hablar

Sabina Urraca: «Los mejores escritores de nuestros tiempos están en Facebook, aunque no publiquen»

Talento a raudales desprende «Las niñas prodigio», primera novela de esta autora para quien «literatura puede ser cualquier cosa»

MadridActualizado:

¿Cuáles son sus intereses como escritora?

Hacer aleaciones potentes entre realidad y ficción. Aprovechar todo lo que veo y lo que imagino y fabricar un pastiche que sepa bien rico. Vivo permanentemente alerta ante una realidad que me fascina prácticamente todo el tiempo, hasta el punto de que a veces he temido agotarme o desgastarme ante tanto estímulo. Pero me merece la pena cada día.

¿Y como lectora?

En general, y no solo en la literatura, me gustan las obras que me sientan mal. Encuentro mucho placer en la angustia, el desgarro y la vergüenza ajena. Admiro a la gente que sabe mostrar bien las tripas. Y valoro que dentro de todo ello haya, además, humor.

¿Sobre qué temas suele escribir?

Como periodista, escribo sobre todo artículos inmersivos. Intento poner el alma y hablar siempre de forma personal, aunque la temática no me toque de cerca. Creo que siempre hay un camino para que lo íntimo y cercano ponga en valor todo lo demás. Como escritora, me interesa todo lo que no solemos saber ni contar de la infancia y la adolescencia. Me interesa la gente y los requiebros oscuros de sus cerebros. Y los extraterrestres, eso desde siempre. También, no sé muy bien por qué, tengo muchos cuentos en los que aparecen perros. El fenómeno mascota me resulta muy tétrico, todo un tema a tratar.

¿Dónde ha publicado hasta el momento?

Hasta ahora he publicado artículos y textos en revistas como Vice, Tentaciones, Ajoblanco, El Comidista, Notodo, Tribus Ocultas, Bostezo, Madriz, El estado mental, Broadly o Playground. También escribo textos para artistas e instituciones, y algún que otro guión por encargo. «Las niñas prodigio», editada por Fulgencio Pimentel, es mi primera novela.

¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

Ahora mismo sólo puedo querer a mi libro hijo único, «Las niñas prodigio». Con todas sus imperfecciones y torpezas de primera novela, claro está.

Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

Me daba cuenta de que debía dedicarme a esto cada vez que, al estar terminando un texto, me percataba de que llevaba un rato en una especie de trance, ajena a cualquier otra cosa que no fuese lo que estaba escribiendo. Esto me sucede solo cuando estoy terminando el texto. Al empezarlo y a la mitad sufro inmensamente. Cuando lo termino, la felicidad es suprema. Solo por eso ya merece la pena.

¿Cómo se mueve en redes sociales?

Mi educación literaria se debe a los libros y a Facebook. Facebook me ha enseñado a expresarme de forma inmediata, a crear incluso un cierto estilo, ganar fluidez y aprender muchos recursos expresivos. Adoro hablar por chat. Los mejores escritores de nuestros tiempos están en Facebook, dándolo todo. Aunque no publiquen. Aunque no sepan que son escritores.

¿Qué perfiles tiene?

Facebook ya me quita demasiado tiempo. No puedo permitirme otras redes sociales.

¿Cuenta con un blog personal?

Durante una época tuve un blog, Sopapo, que me ayudó a sobrevivir en una época de oficina y trabajo interminable. Lo abandoné cuando terminó esa esclavitud. Ya no lo necesitaba. Pero aprendí muchas cosas escribiéndolo.

¿Qué otras actividades relacionadas con la literatura practica?

Hace años organizaba un café literario y tuve un colectivo literario con dos amigos, «Los hijos únicos». Actualmente hago varias cosas que para mí son formas de literatura: he empezado a escribir una especie de shows temáticos, a modo de monólogo o performance, que represento yo misma. Básicamente, consisten en juntar a gente y contarles cosas.

¿Forma parte de algún colectivo/asociación/club?

Durante un año he formado parte del colectivo radiofónico Academia Aquelarre, que emite desde la radio de La Casa Encendida. Ahora me estoy planteando dejarlo, porque Madrid es una ciudad que no permite trabajar gratuitamente, y debía enfocarme en el trabajo remunerado.

¿En qué está trabajando justamente ahora?

Esto enlaza con la respuesta anterior. Estoy trabajando en un nuevo libro, pero, curiosamente, solo trabajo en él mientras paseo a mi perra. Doy largos paseos y voy grabando audios de voz. El libro está relacionado con estos paseos, con esta precariedad del tiempo y el dinero que hace que, para vivir en Madrid, tenga que escribir artículos y textos -en general mal pagados- que además no me dejan tiempo de escribir una segunda novela. También tiene que ver con dueños de perros.

¿Cuáles son sus referentes?

Tengo muchos y en muchas disciplinas distintas, no sólo en la literaria. Para mí, literatura puede ser cualquier cosa. Así, a lo loco, mezclando: Katherine Mansfield, Fabián Casas, Natalia Ginzburg, Pavese, Eugenides, Miranda July, David Leavitt, Phoebe Gloeckner, Renata Adler, Alison Bechdel, Carrère, El Conde de Torrefiel, Valérie Mréjen, Nabokov, Adrian Tomine, Chester Brown, Clowes, Houellebecq. Seguro que me dejo muchos fuera, pero este batiburrillo es lo que me viene a la cabeza de primeras.

¿Y a qué otros colegas de generación (o no) destacaría?

Siento debilidad, y supongo que cierta identificación, por Elisa Victoria y María Yuste. Admiro profundamente el cerebro de Jorge de Cascante. También he aprendido mucho del arrojo y el activismo literario de Gabriela Wiener. Hay una compañía de teatro que me trastorna profundamente cada vez que la veo, y creo que es importante que los mencione. Se llaman El Conde de Torrefiel. Hay también muchos escritores de canciones que me emocionan. Lorena Álvarez, Alberto Acinas, Nacho García (de Elías e Ignacio), María (de Cosmo-K) son algunos ejemplos. Escucharlos hace que me den ganas de escribir canciones, y alguna que otra he escrito últimamente.

¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

No creo en nuevas olas ni nuevos valores, no pienso que nadie vaya a descubrir nada que rompa con la saturación. Me da escalofríos, por ejemplo, la gente que decide abrir una nueva revista, como si no hubiese ya un porrón de ellas. Esto es paradójico, porque vivo precisamente de escribir en revistas. Y, al mismo tiempo, admiro esa ilusión que mantienen algunas personas. Pero tengo claro que ningún escritor hace falta, como no hacemos falta ningún ser humano. Así que solo busco que unas cuantas personas disfruten de lo que escribo, que se vean afectadas de alguna forma por mis historias.

¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritor para sobrevivir?

Para escribir mi primer libro, «Las niñas prodigio», que debe estar llegando a las tiendas casi al mismo tiempo que sale esta entrevista, dejé Madrid y me fui a vivir a un cortijo muy aislado en La Alpujarra. No tenía agua corriente dentro de casa y tuve que aprender a partir leña, cavar zanjas y espantar jabalíes. Pero claro, no gastaba un duro y no tenía que trabajar. Esa fue la única manera de escribir un libro sin el agobio del dinero.