Sicilia, fotografiado en El Instante Fundación
Sicilia, fotografiado en El Instante Fundación - Matías Nieto
ARTE

«Roland Garros es mi infancia, el verano»

José María Sicilia ha sido el elegido para realizar el cartel del torneo de tenis de Roland Garros de este año, una evocación de los sonidos del deporte y de sus propios recuerdos

MadridActualizado:

Durante estas semanas, la obra de un artista español se está viendo por todo París. José María Sicilia (Madrid, 1954) ha sido el encargado de realizar este año el cartel de Roland Garros, sumando un nombre de prestigio más a una lista de creadores en la que ya figuraban nacionales como Miró, Tàpies o Arroyo. El cartel de Sicilia sigue en la línea de sus últimos trabajos –como el realizado en torno al desastre de Fukushima–: representaciones gráficas de sonidos tratados por ordenador; en este caso, los de la final del torneo femenino de 1985 entre Martina Navratilova y Chris Evert.

–¿Cómo surge este encargo? ¿Es usted aficionado al tenis?

–Me llaman y me comunican que si quiero hacer el cartel. Y me interesó porque yo de pequeño oía por la radio los partidos de tenis de Roland Garros, igual que oía el Tour de Francia.

–¿Le despertó muchos recuerdos?

–Sí. Para mí Roland Garros es en realidad una parte de mi niñez, el final de la primavera y el inicio del verano. Es la idea del cielo azul, de las vacaciones.

–¿Haber vivido algún tiempo en París le ha influido a la hora de hacer el cartel?

–Pues en París es lo mismo: Roland Garros –aunque haya días que llueva– es ya plena primavera, así que las terrazas están llenas de gente, el cielo es azul, aunque cambiable. Pero fundamentalmente es el sol, el verano.

Cartel que Sicilia ha creado para Roland Garros
Cartel que Sicilia ha creado para Roland Garros

–En esas descripciones se ve la importancia que la luz ha tenido siempre en su trabajo. ¿Por qué ha decidido pasar de ella al sonido en los últimos años?

–El sonido es luz también. Uno de los parámetros que uso para trabajar el sonido es la intensidad. En este caso lo que hice fue trabajar algunos sonidos de partidos de tenis, en este caso del Navratilova-Evert a través de programas informáticos.

–¿Por qué eligió ese partido concreto? ¿Probó con otros?

–El primero que pensé fue un Santana-Pietrangeli, porque eran los que yo recordaba escuchar a inicios de los años 60, con ese tono de la voz de la radio. Y trabajé sobre un partido que me interesaba muchísimo, un Nadal-Federer de 2006 o 2007, que fue muy disputado; hice traducciones de él, pero tuve algunos problemas con la Federación de Tenis Francesa. Así que trabajé el de Chris Evert y Martina Navratilova, que fueron dos mujeres que aportaron mucho, sobre todo Navratilova, al interés que suscitaba el tenis en el público.

–¿Cómo decide qué parámetros del sonido usar en una obra?

–Los sonidos en el tenis son muy amplios: desde los propios de la bola al golpear con la raqueta o al golpear contra la red, el público, el árbitro, las cuentas de unos y otros… Pero, realmente, lo que yo hago, más que hablar del propio tenis, es hablar del aire o de la luz que había en aquella época de infancia en mi vida. Estoy hablando de mi familia, de mis padres, de quien estuviese conmigo cuando tenía 6 años, qué veía yo enfrente; no estoy enfrente de París o de Roland Garros, estoy enfrente del Cantábrico, que es donde estaba cuando oí ese partido.

–Un cartel llega a más gente y se ve de forma distinta que una pintura. ¿Esto afecta a la hora de hacer un proyecto como este?

–Es diferente porque hay formatos diferentes. Este de Roland Garros tiene que verse en una entrada, en formato medio y hasta en formatos muy amplios como grandes pantallas de publicidad. Eso tiene una importancia enorme en cuanto a la visibilidad y a la lectura. Pero en mi caso creo que no era eso lo importante, me parece que lo importante era asociar el tenis, el deporte, con el arte. Como un plus.

«Cuando hago este cartel no hablo de tenis, sino de mi familia, de mí mismo con 6 años»

–En anteriores experiencias con el sonido se basó en sonidos de animales: pájaros, toros. Y cuando empleó sonidos humanos fueron los de supervivientes de Fukushima, algo muy distinto a este proyecto.

–Vienen a ser todos diferentes y todos iguales. Porque son sonidos, en definitiva. Y todos los resultados que se dan son bellos. Un desastre, un accidente como el de Fukushima es tan bello como el sonido de una bola sobre la red. Todas esas traducciones son números, están hechas a partir de números; todos los números son bellos, luego toda traducción que se obtenga de esto es bella.

–¿El sonido ayuda a encontrar la belleza?

–Son estructuras que son bellas, que carecen de sentimientos. Son estructuras matemáticas, en sí mismas son «perfectas». No esconden debajo nada: son. Son verdad y, por lógica, son bellas. Nada más que eso.

–Pregunta casi obligada: ¿va a ir a Roland Garros?

–No he podido ir. Tenía que haber ido, pero he tenido que ir a Caracas porque tengo un proyecto con el poeta Rafael Cadenas sobre lo que está pasando allí.

–¿Puede adelantar ya algo acerca de ese proyecto?

–Son traducciones de frases sobre lo que está ocurriendo allí. Por ejemplo, de Hugo Chávez en sus alocuciones de «Aló, Presidente», en las que decía «¡Exprópiese, exprópiese!», «Caracas, linda Caracas», «El capitalismo nos conduce al infierno»… Las he traducido para llevarlas a chocolatinas, para hacer bombones. Y también una frase que se dice mucho en Caracas, cuando alguien dice «Maduro» y los demás responden «¡El coño tu madre!»; con eso voy a hacer bombones y pañuelos. Estoy trabajando sobre ese tipo de cosas.

–¿Por qué ha elegido los bombones como soporte?

–Porque Venezuela es un gran productor de cacao. Era una de las grandes riquezas, y sigue siéndolo ahora que el petróleo está a 0. Lo del cacao es como el aperitivo, realmente. La parte importante del trabajo es la luz –tanto como materia como espiritual–, la violencia y la poesía, los grandes poetas como Rafael Cadenas.