LIBROS

Rodolfo Walsh y la crónica a sangre fría

El reportero argentino «inventó» el nuevo periodismo antes que Truman Capote con su «Operación masacre»

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El 9 de junio de 1956 un grupo de peronistas se sublevaron contra la dictadura que el general Juan José Valle lideraba en Argentina. Mal organizado y reprimido con prontitud por el régimen militar, el levantamiento fracasó. Poco se supo de lo que ocurrió aquella noche: entre las 23.30, cuando culminó la primera fase de la Operación Masacre, y las 0.32, la hora en que se declaró la ley marcial, en la Radio del Estado ponían música de Ravel y Stravinsky. Rodolfo Walsh, a sus 29 años, estaba lejos de apoyar a los insurrectos, de hecho secundó el golpe que había derrocado a Perón un año antes. Pero todo cambió unos meses después, cuando frente a un vaso de cerveza le dijeron una frase que lo levantó de la silla: «Hay un fusilado que vive».

«No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con Juan Carlos Livraga —escribe Walsh—. Pero después sé. Miro esa cara, el agujero en la mejilla, el agujero más grande en la garganta, la boca quebrada y los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de muerte». Livraga era uno de los doce detenidos aquella noche del 9 de junio. Los agentes los sacaron de la vivienda de Florida, Buenos Aires, donde escuchaban la transmisión de un combate de boxeo, y los llevaron a un basural para fusilarlos: «¿Así que vos ibas a hacer la revolución? ¿Con esa facha?». Cinco de ellos fueron asesinados; siete sobrevivieron. Eso fue la Operación Masacre, la toma de una docena de prisioneros, sin que pudieran demostrar ningún vínculo con los golpistas, para darles paseo «como a un rebaño aterrorizado».

« Operación Masacre» es también el título del libro que Walsh escribió «en caliente y de un tirón», después de recoger los testimonios de los supervivientes y poner luz en los puntos negros del 9 de junio. Solo después de publicar algunos artículos en prensa salió en forma de libro, en 1957: ocho años antes de que Capote inventara la novela de ficción, o la narración novelada de hechos reales. De los muchos precursores del género que «A sangre fría» inauguró, Walsh es el autor que se postula con mejores argumentos. Libros del Asteroide reedita ahora un libro que no merecía estar arrinconado en librerías de viejo. La crónica del escritor argentino, al que otra dictadura lo «desapareció» cuando contaba 50 años, se lee con el vértigo de las novelas policiacas, desde la descripción inicial de las víctimas hasta la narración de los hechos: cómo se los llevan a punta de fusil y cómo salvaron sus vidas los supervivientes. Frases como «¿No terminará nunca esta noche?» o «Los prisioneros parecen flotar en un lago vivísimo de luz» contienen a la vez el suspense y la elegancia de la buena literatura. El libro fue editado tres veces más, con diversas modificaciones, hasta la versión final de 1972. La inclusión en una tercera parte de declaraciones judiciales e informes, que restan frescura a la crónica, tienen la culpa de que lo que podría haber sido una obra maestra se quede en una gran obra. No es poco.