«Emperador de África», de S. Fosso, y foto de «Studio African Photo», de Mama Casset
«Emperador de África», de S. Fosso, y foto de «Studio African Photo», de Mama Casset
ARTE

Retrato en negro en PHotoEspaña

Doble ración en PHotoEspaña de fotografía africana, lo que incluye a Samuel Fosso, uno de los galardones de este año

Actualizado:

Dentro del Festival PHotoEspaña coinciden en Madrid dos exposiciones que tienen en común la fotografía africana en el siglo XX, y más en concreto la práctica del retrato. De hecho, hasta casi las últimas dos décadas del pasado siglo, éste ha sido el género más utilizado por los fotógrafos de ese continente. Con tenacidad y paciencia, desde sus modestos estudios en las ciudades del África negra, y a través de sus sencillos objetivos y sus sinceras miradas, se afanarían en inmortalizar los acontecimientos señalados en la vida de sus conciudadanos.

La primera de estas muestras, El Senegal elegante de la primera mitad del siglo XX. Anónimos de Saint-Louis y Mama Casset, es un claro ejemplo de ello. Presente en el Círculo de Bellas Artes, propone, por un lado, una serie de imágenes tomadas en los años 30 por un anónimo fotógrafo africano de Saint-Louis du Sénégal, capital del Sudán francés, que ofrecen una visión mucho menos exótica de lo que el paternalismo europeo deseaba percibir, así como arrojan una mirada más moderna y floreciente hacia sus habitantes. A mi juicio chirrían un poco los excesivos formatos elegidos para hacer las copias. De superior calidad es el capítulo dedicado a Mama Casset, con un total de 18 fotografías, de las pocas que sobrevivieron al incendio de su estudio en 1982, y que muestran su personal forma de retratar: escasa decoración, uso de diagonales y gran expresividad en los rostros. Una auténtica delicia la oportunidad de disfrutar del sabor vintage de estas copias de quien probablemente haya sido el fotógrafo más influyente de todo el occidente africano.

Por su parte, Una Odisea africana, comisariada por Azu Nwagbog puede verse en el Centro Cultural de la Villa, y supone una de las más completas retrospectivas de Samuel Fosso (Nigeria, 1962), flamante Premio PHotoESPAÑA 2018, y otra de las principales figuras dentro del panorama reciente de la fotografía en África, con algunas de sus series más referenciales, como El jefe, 1997; Memoria de un amigo, 2000; Espíritus africanos, 2008; Emperador de África; o su proyecto más reciente, El papa negro. El título de la muestra hace referencia al viaje del héroe homérico, Odisseus, y como en su caso, surgen con él cuestiones vinculadas asimismo con los fenómenos tan contemporáneos -especialmente en el continente africano- del desplazamiento, las migraciones y el exilio.

Fosso reflexiona sobre códigos culturales y sociales, cuestionando el colonialismo

Tal como el propio Fosso cuenta al comisario parisino Yves Chatap, el principio de su carrera artística, y con ella el inicio de lo que será desde entonces su gran seña de identidad creativa: la construcción de una personalidad múltiple y polisémica a partir del autorretrato, se producirá a mediados de los 70 cuando, siendo todavía poco más que un precoz adolescente, consigue, en una visita que realiza desde Bangui (República Centroafricana) a Nigeria, donde vive su familia, que su abuela le compre unos glamurosos zapatos de plataforma, que después él completará a su regreso a casa con unos pantalones acampanados, igualmente setenteros. Como él mismo señala: «Me puse mi nueva indumentaria y salí a la calle. Allí, me tropecé con un sacerdote que me dijo, ‘qué elegante vas. Pareces un astronauta. ¿Es que quieres alcanzar el cielo?. ¡Sí!, le respondí…».

De esta manera -o mejor deberíamos decir, de esta guisa- iba a desarrollar, desde hace más de cuarenta años, una actividad creativa, absolutamente singular y personal, centrada en un único sujeto fotográfico: él. De vuelta a su estudio en Bangui, y aprovechando los últimos negativos de las películas que usaba para sus clientes, comenzaría a realizar autorretratos escenificados, fotografiándose con toda una «elegante» parafernalia de gafas de sol, bañadores, y otras prendas y complementos de vestir, que sin ninguna duda superaban y desafiaban las convenciones sociales de su ciudad y de su época. Inicialmente, esas imágenes tenían como destinaria su propia abuela, aquella que había accedido a comprarle un calzado tan peculiar. El círculo, su particular travesía de Ulises, quedaba así abierto y cerrado.

Con ese tipo de estrategia Fosso reflexionaba sobre los distintos códigos culturales, sociales y genéricos pero, además de ello, también ponía en cuest¡onamiento determinados aspectos relacionados con el colonialismo, la visión paternalista y subjetiva de Occidente, la propia historia del continente africano, así como igualmente las cuestiones de género e identidad.