Siri Hustvedt en el día del libro en Barcelona
Siri Hustvedt en el día del libro en Barcelona - Inés Baucells
LIBROS

«Recuerdos del futuro», Siri Hustvedt hace limpieza

La ensayista y narradora neoyorquina viaja a su pasado, a su historia de iniciación literaria, para perderse en asuntos de género

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Empieza así: la sexagenaria narradora de «Recuerdos del futuro» está poniendo en orden el departamento de su madre. Y entonces encuentra un diario -bajo el título de «Mi nueva vida»- que ella misma llevó a los veintitrés años: cuando dejó atrás los paisajes rurales de su primera juventud y llegó a la decadente pero hiper-creativa Nueva York de los años 70 con el objetivo de convertirse en escritora dando a luz su sombría primera novela. La narradora es SH y la trama que trabaja no se parece mucho al de otra primera novela titulada «Los ojos vendados», publicada por Siri Hustvedt (Minesota, 1955) quien alguna vez llegó a la Gran Manzana desde las profundidades del país para ponerlo todo por escrito. Pero sí hay mucho de «Los ojos vendados» en ese «journal» que -con curiosidad y maravilla- ahora hojea SH, tanto tiempo después.

Así, «Recuerdos del futuro» es un artefacto meta-ficcional en reversa que casi funciona como contraparte femenina de la también auto-memoriosa alternativa «4 3 2 1» de Paul Auster quien, como se sabe, es desde hace décadas el compañero de vida y de escritorio de Hustvedt. Aquí -como en aquella- la novela como modelo-para-armar yendo y viniendo, haciendo y deshaciéndose, y fortaleciéndose gracias a la muy perceptiva mirada crítico/ensayística/artística de la autora. Hustvedt se detiene a la vez que posa para ella misma frente al marco y a lo que encuadra como si se tratase de «tableu vivant» a investigar y decodificar: SH son también, nada es casual, las iniciales de Sherlock Holmes y, a su manera, «Recuerdos del futuro» está sostenida por una trama casi detectivesca que incluye borrador debutante y frustrado con protagonista cuya obsesión son los libros detectivescos.

Dolor alucinado

El misterio subliminal a iluminar -el pasado y el presente cada vez más próximos a medida que se avanza y se acerca la «solución» del caso- es el de cómo escribir aquí y ahora, en tiempos del #MeToo, una novela de iniciación feminista apoyada en el enigma de algo sucedido tanto tiempo atrás. Y la herramienta/pegamento para ensamblarla es el dolor alucinado de Lucy Brite: enigmática vecina en el apartamento de al lado a la que SH comienza a espiar/oír a través de la pared con la ayuda de un estetoscopio para, enseguida, convertirla en gran personaje. En criatura imaginable e imaginada.

Más allá de todo lo anterior, lo que aquí vale e importa es la (de)formación del autor a partir de sus creaciones. Y es entonces como SH comienza a percibirse como la reivindicadora que ya era al ser releída desde el aquí y ahora, donde y cuando se permite la formulación de atendibles teorías como la de que la aristócrata dadaísta Elsa von Freytag-Loringhoven fue la verdadera y hembra inteligencia detrás del urinario de Duchamp. Pero es también esta insistencia en la cuestión mujer-a-la-sombra-de-un-hombre la que acaba distorsionando un tanto el conjunto. Así, «Recuerdos del futuro» no es una novela de ideas sino una novela de idea fija que en más de un momento acaba olvidando su verdadero y más logrado tema: las idas y vueltas de la memoria, lo que requiere de una primera o tercera persona narradora para ser más y mejor comprendido o reinventado.