Raymond Carver en 1984
Raymond Carver en 1984
LIBROS

Raymond Carver, poeta

Considerado como uno de los padres del realismo sucio, su lírica completa su retrato vital

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Tengo los cuentos de Raymond Carver (Oregon, 1938-Washington, 1988), los semidestruidos por Gordon Lish y los originales. Tengo la biografía que escribió su mujer, Tess Gallagher. Tengo un libro de fotos que se llama «Territorio Carver». Ahora, con este tomo que contiene la poesía completa de Carver, siento que ya lo tengo todo. Claro que los textos originales están como notas al pie, escritos de manera continua (los versos separados por barras) y no se leen bien. Es una decisión lógica, porque el volumen es ya muy grueso.

El mundo editorial español es generoso a la hora de publicar obras poéticas completas de «poetas» tan poco corrientes como Thoreau (su poesía no es comparable a su prosa), Jack London, Boris Vian (cuya poesía es maravillosa) o Ray Bradbury. La que nos ocupa no entra en esta categoría porque Carver fue tan poeta como cuentista. Al leer la biografía que escribió su esposa uno tiene a menudo la sensación de que se sentía, de hecho, más poeta que prosista. Sucede algo similar con otro autor que viene a la cabeza: Bukowski, cuyos relatos son inseparables de sus poemas. Precisamente, uno de los poemas tempranos de Carver es una afectuosa (y muy exacta) evocación de Bukowski.

Es una poesía limpia. Pero hay algo más importante: tener una relación viva con las palabras

Esta es una poesía maravillosa, limpia, abierta, generosa, humana. Hay algo que llaman «escribir bien». También algo que llaman «estilo». Pero hay algo más importante: tener una relación viva con las palabras. Carver la tenía, desde luego, y en grado superlativo. Lo importante de sus poemas no es que están hechos de escenas de la vida, que tienen un estilo muy claro y desnudo, que describen la naturaleza directamente como sólo la poesía en inglés sabe hacerlo y también la vida cotidiana en toda su maravilla y desolación, sino que con esos medios, con esa forma de escribir, Carver logró un verdadero monumento literario. Quiero decir que el valor de sus poemas no está en que sean «realistas» o que en ellos la distinción entre «poesía» y «prosa» se borre casi por completo, sino lo que Carver era capaz de hacer con esa manera de escribir. A veces estos poemas son intensamente conmovedores.

Uno no puede dejar de mencionar, sin embargo, que la traducción está llena de inexactudes y despistes. Porque solo despiste puede considerarse traducir «The Retreat from Moscow» como «Retrato de Moscú» en vez de «la retirada de Moscú». Y esto ya en el primer poema. O traducir «Kafka’s Watch» como «La mirada de Kafka». Una mirada que Kafka, obsesionado con el tiempo, sostiene en la mano y al final del poema se lleva al oído, porque no es una «mirada», sino un «reloj».