Lin-Manuel Miranda, creador del musical «Hamilton»
Lin-Manuel Miranda, creador del musical «Hamilton» - Nolan Conway
TEATRO

«Se puede decir que el de Hamilton fue el primer ‘sueño americano’»

«Hamilton», el musical que arrasó en los premios Tony, ha devuelto el patriotismo norteamericano al primer plano. «A través de los ojos del protagonista me introduje en la Historia de Ee.Uu.», asegura su creador, Lin-Manuel Miranda

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Lin-Manuel Miranda (Manhattan, Nueva York, 1980) es el hombre más deseado de la Gran Manzana. Ver al creador del musical «Hamilton» -el fenómeno escénico de los últimos años en EE.UU.- en las tablas del teatro Richard Rodgers de Broadway se ha convertido casi en un símbolo de estatus: la ciudad se divide entre los privilegiados que han visto la obra y la gran masa que aspira a verla.

La hamiltonmanía arrasa. Desde hace meses, es difícil encontrar entradas por menos de mil dólares. Las butacas para la representación del 9 de julio, la última en la que Miranda estará como protagonista en el papel de Alexander Hamilton, costaban hace un par de semanas entre 2.300 dólares al fondo del teatro y 10.000 en el patio de butacas. Cientos de personas acuden cada día a las puertas del teatro para probar suerte en el sorteo de diez entradas en primera fila, y decenas de miles lo hacen en una lotería similar a través de internet.

Hamilton batió el récord de candidaturas en los premios Tony, con dieciséis, y se llevó once estatuillas a casa, solo una por debajo del récord de «Los productores», en 2003. Michelle Obama ha calificado así el espectáculo: «la mejor obra de arte en cualquier disciplina que he visto en mi vida». A Miranda le han dado este año el Pulitzer por escribirlo. Antes, había ganado un Grammy. Y antes de eso, un Emmy. Si logra un Oscar, será la primera persona en la Historia en acumular todos esos galardones.

«No sé si se me puede comparar con Shakespeare, yo he escrito dos obras, él me saca mucha ventaja»

Se calcula que «Hamilton» recaudará más de mil millones de dólares durante su paso por Broadway, donde estará en escena al menos una década. Al idioma inglés le han faltado adjetivos para calificar a Lin-Manuel Miranda: genio, prodigio, revolucionario. El hombre del año aparece con una sonrisa apurada. Está pálido, ojeroso y cafeínico. «No me podía imaginar esto», dice. Y tiene razón: el éxito de «Hamilton» ha sido tan contundente como improbable. Es la historia de uno de los Padres Fundadores de EE.UU., mano derecha de George Washington en la Guerra de Independencia, manantial intelectual del federalismo y primer secretario del Tesoro del país. Algo que podría parecer forzado en un musical, Miranda lo narra desde el «hip hop» y el «R&B» y con un elenco formado casi en su totalidad por negros e hispanos. Un relato patriótico contado por quienes se han quedado en los márgenes de la Historia, quienes todavía no disfrutan en plenitud de los ideales sobre los que se creó EE.UU., y con el lenguaje de la calle, el romancero de las esquinas contemporáneas que es el rap.

¿Qué es para usted el patriotismo?

Una gran pregunta. Para mí la patria no es solo lo que es el país en sí, sino lo que puede ser. En Hamilton queda claro que nuestros Padres Fundadores no eran perfectos. Si hay algo que yo quiero que quede del show es que eran seres humanos, que se pelearon, bochinchearon, se equivocaron y llegaron a acuerdos. La idea de nuestra nación es algo de lo que estar muy orgulloso. Pero a veces no estamos a la altura de esos ideales. Es un país imperfecto porque somos imperfectos.

«Los inmigrantes son guerreros, son valientes. Trato de reivindicar la palabra ‘inmigrante’»

También tiene su lado puertorriqueño

Mis padres nacieron en Puerto Rico, vinieron muy jóvenes. Yo siento esa isla también como patria. Hay mucho de mí que entiendo cuando voy a Puerto Rico. Como la primera vez que fui, de niño, y me dije: «¡Aquí los doctores son puertorriqueños!». Porque en Nueva York somos el cartero, el que limpia, las nannies… Siento gran orgullo por mi familia puertorriqueña y veo los rastros de quién soy en esa isla, en sus tradiciones.

¿Se considera entonces un patriota?

Sí, de los dos sitios. Soy «nuyorican».

Miranda salta del inglés al español varias veces en cada frase y sin esfuerzo. Era el lenguaje que se hablaba en «In the Heights», el musical con el que -también como compositor y protagonista- desembarcó en Broadway en 2008. Se llevó cuatro Tony ese año -entre otros, el de mejor musical- con una historia centrada en Washington Heights, la comunidad latina de la esquina Norte de Manhattan. En ella nació Miranda y se crió en la vecina e igualmente hispana Inwood. Se acostumbró a vivir entre dos mundos: entre el colegio de niños blancos y privilegiados en el Upper East Side al que asistía por las mañanas y las peleas a gritos en las puertas de las bodegas de su barrio; entre las clases de piano y el rap de la calle; entre Nueva York y Puerto Rico. Sus conexiones con Alexander Hamilton, Padre Fundador del que la gente conocía poco más que su rostro en los billetes de diez dólares, eran mayores de las que él podía imaginar.

¿El musical es también autobiográfico?

Sí, se puede decir que el de Hamilton es el primer «sueño americano»: fue un emigrante que vino aquí para educarse y no solo logró éxito personal, sino que ayudó a crear nuestra nación. Yo no estudié Historia [se ríe con fuerza], estudié teatro, pero cuando lees la Historia de EE.UU. a través de un inmigrante lo entiendes de una manera diferente. Fue la forma de introducirme en la Historia de EE.UU.: a través de los ojos de Hamilton. Cuando leí sobre su vida [la idea del musical surgió con la lectura de una biografía de Hamilton escrita por Ron Chernow], pensé: «Yo conozco a este tipo».

¿Optar por el «hip-hop» es la forma de canalizar las dificultades de cualquier inmigrante, también las de Hamiltom?

Esa fue la primera conexión que hice con Hamilton. Él escribió sobre su huida, su fuga. Escribió versos sobre un huracán que le permitieron salir. [Su relato de adolescente sobre un huracán que asoló la isla caribeña de St. Croix, donde vivía, le valió que un grupo de empresarios le pagaran los estudios en Nueva Jersey]. Él escribió para convertirse en asistente de Washington en la Guerra de la Independencia. Por eso se me ocurrió hacerlo con «hip hop». Porque él era un escritor e hizo lo mismo que nuestros artistas favoritos del hip hop, ya sea Biggie o Jay-Z: escribir sobre sus circunstancias y extrapolarlas. Bueno, y también lo hice porque había tanto que contar que si el formato fuera una ópera tradicional, ¡serían catorce horas! [Se pone a imitar con gracia a un cantante de ópera].

¿Se le pasó por la cabeza que el «hip-hop» no funcionaría?

No, porque yo nací y crecí con el «hip hop», y sé que tiene amor, felicidad, tristeza, melancolía; lo contiene todo. La gente cree que el hip hop es solo una cosa, pero yo sé la verdad: que el hip hop llega a todo y que es una manera de contar historias, de reflejar nuestra cultura. Ahora estoy escribiendo canciones para Disney [este año estrenará la película de animación Moana; también se ha anunciado que protagonizará la nueva versión de Mary Poppins] y no hay casi nada de hip hop. En Hamilton era necesario, al menos en buena parte. Por ejemplo, los números del rey Jorge son pop británico, son los Beatles, y con Jefferson utilizo todo lo que sé de jazz. Lo hago porque es algo mayor que Hamilton, así que él es el jazz que conduce al hip hop, pero que todavía no ha encontrado esa cadenc

«Yo nací y crecí con el "hip hop", y sé que tiene amor, felicidad, tristeza, melancolía; lo contiene todo»

Le han comparado con Shakespeare...

No sé si se me puede comparar con Shakespeare, yo he escrito dos obras, él me saca mucha ventaja [se ríe con ganas].

La otra noche, en una representación, le vi emocionarse, llorar sobre el escenario.

Sí, me ocurre. Cuando pienso en los traumas de Hamilton en la primera etapa de su vida, todo lo que hace después me parece un jodido milagro. El padre le daba palizas, vio morir a su madre, su primo se suicidó… Ahí es donde sale la emoción, cuando vemos vidas increíbles y gente que hace lo máximo con el tiempo que tiene en este mundo.

El recorrido triunfal de «Hamilton» en Broadway, desde el verano pasado, ha ido paralelo a la agitada carrera presidencial en EE.UU. Miranda ha conseguido con su espectáculo un contrapunto, quizá involuntario, al discurso de Donald Trump. El musical y su éxito y el rodillo electoral del multimillonario son dos caras de la misma moneda. Un país en conflicto sobre sus esencias, sobre «qué hace grande a América». Trump y sus seguidores lo ven como un país que no pertenece a musulmanes ni a mexicanos. Hamilton cree tanto en la América multirracial que pone el relato de los Padres Fundadores en manos de las minorías.

«Hay mucha política en el espectáculo porque la hubo en la vida de Hamilton».

En «Hamilton», ¿hay más de política o de entretenimiento?

Hay mucha política en el espectáculo porque la hubo en la vida de Hamilton. Cuando escribí la obra, tuve que tratar esos temas, que tenían que ver con lo que ocurre ahora. Por ejemplo, en el arranque de nuestra nación se peleó mucho sobre la intervención en el extranjero. Entonces era Francia, hoy es Oriente Medio. También si somos una nación o cincuenta Estados y cuánto debe inmiscuirse el Estado en nuestras vidas. Eso es política, lo era entonces y lo es ahora. También el hecho de toda la gente que muere en el espectáculo por el uso de armas [Hamilton murió en un duelo con su némesis, Aaron Burr, el otro gran protagonista del musical], es algo que no ha desaparecido. De hecho, hay más ruido de pistolas ahora que en 1804, el año en que falleció Hamilton.

El musical recuerda que Hamilton fue un «inmigrante»

No es una palabra sucia, es una palabra honorable. Cuando digo «inmigrante», quiero que la palabra hable de alguien que hizo sacrificios increíbles por su familia, por sus hijos y por las generaciones que vendrían después. Los inmigrantes son guerreros, son valientes. Trato de reivindicar el término porque ese hijoputa va a salir por la tele y va a intentar darle la vuelta.

¿Qué significa para usted «hacer América grande otra vez», el lema de Donald Trump?

América es grande cuando nos ponemos a dialogar, cuando nos mantenemos firmes en esa frase inicial de nuestra Declaración de Independencia: «Todos los hombres son creados iguales». Nuestra unión nunca fue perfecta, siempre hubo que hacer concesiones, como la esclavitud, para no perder el Sur; si no, hubiéramos sido dos países. Hemos hecho progresos impresionantes y queda todavía un montón por hacer.

¿Dónde encuentra la inspiración?

Últimamente, en el silencio. Ahora me es muy difícil encontrarlo.