Javier Callvo es autor también de obras como «Corona de flores»
Javier Callvo es autor también de obras como «Corona de flores»
LIBROS

«Piel de plata», la juventud y su divino tesoro

Javier Calvo es novelista y traductor (Coetzee, DeLillo, Joan Didion, Rushdie...). En esta última historia, «Piel de plata», navega entre lo «underground», el cómic y otras «historietas»

Actualizado:

Javier Calvo (Barcelona, 1973) posee una trayectoria narrativa desigual que sin embargo nunca ha dejado de ser interesante porque por lo menos su autor arriesga y ha cuajado un peculiar estilo bastante alejado del predominante en la nueva narrativa española. Sus fuentes inspiradoras, quizá debido a su experiencia como traductor, proceden de la narrativa en lengua inglesa. Por otra parte en cuanto estilo es un posmoderno que no deja de referirse en las propias novelas a la dimensión estética nacida con la cultura musical conocida como punk, pero que ha tenido derivados varios, presentes a lo largo de la trama. En ese ambiente la literatura se dedica a referenciar tanto los mundos musicales de los años ochenta y noventa, como la contigüidad entre tales músicas y ambientes con formas de narrativa fantástica, profundamente irracionalista, que han derivado en sagas de cómics, o bien de novelas muy fantasiosas que plantean mundos posibles donde el Bien y el Mal se enfrentan en distopías varias. El autor homenajeado con otro nombre en la novela es Michael Moorcock.

En «Piel de plata» toda la armazón de la trama privilegia su cercanía a mundos juveniles alternativos, puesto que la novela se ve protagonizada por un chaval en tratamiento psiquiátrico debido a sus actitudes visiblemente inadaptadas, que escribe una especie de memorias explicativas de su rareza. Hay en la novela de Calvo momentos muy interesantes, sobre todo los que tienen que ver con la representación de ambientes y garitos de una cultura urbana underground, cantantes de grupos revolucionarios como el neonazi Death in Juneen la Barcelona del alto Sarriá y del Raval. También queda evidente la contigüidad de tal estética con el consumo de droga y el desapego a formas amorosas convencionales, que, sin embargo, no dejan de reproducir constantes universales de la idealización, tal como las vive el protagonista, que con catorce años se enamora perdidamente de una chica de dieciocho llamada Bronwyn.

Registros paródicos

Si despojamos a esta amada de cuanto ropaje estético alternativo ha querido vestirse, vemos que en el fondo la novela de Javier Calvo transita en muchas páginas (por cierto, me han parecido las mejores) como la historia de un enamoramiento, y consiguiente persecución de la amada inaccesible. No creo que haya escapado a Javier Calvo esta dimensión neorromántica aderezada de misticismos que en su narración dan paso a registros paródicos e irónicos que administra bien, salvo en dos momentos: cuando va comunicando al lector las alternativas de desarrollo de su propia novela y cuando se pone a especular con las posibles adherencias de la estética alternativa propuesta con las vecinas de la tradición simbolista de Juan Eduardo Cirlot.

Hay en la novela de Calvo ciertos desbarres algo facilones cuando trata de juntar fenómenos que dentro de la cultura de lo religioso, la fantasía y la neomística simbolista se hallan muy distanciados. En realidad en lo que la novela falla más es en el énfasis dado al aparato culturalista con el que ha querido rodear una estética que suele funcionar mejor en términos de un realismo canalla que no necesita, a mi juicio, elevarse a las re-categorizaciones cultas a las que Javier Calvo quiere llevarlas.

Ingeniosos gags

En definitiva, el lector, si acaso conoce algo la obra de Cirlot, no termina de entender lo que pinta aquí, por mucha buena intención que tenga el homenaje que Javier Calvo ha querido tributarle. Por otra parte la novela ha descuidado mucho ciertos personajes secundarios, en especial la madre, o el doctor Buenaventura. En ambos casos hay un fondo de parodia, que le lleva a exagerar los tintes de madre pasota o de diagnósticos pseudocientíficos.

El lector entiende la intención paródica pero no puede celebrar su resultado, que, sin embargo, funciona muy bien en el dibujo de las tres mujeres jóvenes que influyen en la vida del protagonista, con escenas cómicas como las que acompañan a la relación pseudolésbica entre Oli y su compañera Carolina y los graciosos ardides de seducción empleados. En tales escenas cuaja un humor inteligente revelador de las cualidades literarias de Javier Calvo, que me parece debía haber vigilado más la construcción de la novela, llena de ingeniosos gags necesitados de una argamasa narrativa más cuidada.