Detalle de la obra «Dibujos con visión mala», de Teresa Burga
Detalle de la obra «Dibujos con visión mala», de Teresa Burga - ABC

Perú, no solo de gastronomía vive el arte

El país invitado de ARCO ve en la feria una oportunidad única para dar visibilidad a su arte

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Después de un año en barbecho, vuelve el país invitado a la Feria. El premio gordo le ha tocado a Perú. Allá, en Lima y alrededores, el acudir a esta cita se ha vivido en los meses previos como una auténtica catarsis, una oportunidad para darle un empujón al arte contemporáneo peruano, tan necesitado. Para empezar, de infraestructuras comerciales sólidas y para terminar, de instituciones (museos) con colecciones cuya apuesta resulte competitiva, que ellos se lo crean y nosotros, allende sus fronteras, también. Imagínense todo lo que queda entre medias. Por eso, el simple hecho de venir a ARCO se vive como una oportunidad única de sacar jugo a la larga experiencia –curtida en mil y una batallas– de un sistema artístico como el nuestro. Además de enseñar la patita en uno de los grandes foros y mercados del arte contemporáneo.

El pasado pesa mucho y ahoga buena parte de las expectativas de la creación contemporánea peruana. Este podría ser el diagnóstico breve y conciso de lo que allí acontece. Un país cuyo patrimonio arqueológico (hay 60.000 huacas o yacimientos registrados) tiene un valor incalculable pero que paraliza buena parte del desarrollo de otras disciplinas que no están relacionadas con la conservación y explotación de este legado. Su pasado indígena gravita sobre todo lo que se haga y diga en el ámbito de la cultura y de la creación. Esta premisa marca la presencia de Perú en ARCO y en las dieciséis exposiciones que se han inaugurado en Madrid. Un pasado que se podría resumir en lo que ellos mismos denominan «5.000 años de visibilidad peruana» y que se cuenta en el estand institucional instalado en el corazón de la feria. Un proyecto curatorial de Jorge Villacorta que se basa en un montaje multimedia que, tal vez, nos recuerde más a otro tipo de eventos de carácter turístico. No obstante, Perú y sus 5.000 años de visibilidad bien merecen este baño visual.

El pasado pesa mucho y ahoga buena parte de las expectativas de la creación contemporánea peruana

El grueso de los veinticuatro artistas contemporáneos han sido seleccionados por Sharon Lerner y serán expuestos en galerías peruanas, norteamericanas, europeas y españolas (Casado Santapau, Elba Benítez, Juana de Aizpuru y ProjecteSD). He aquí una novedad: no son solo las galerías oriundas las que hacen patria sino que se amplía el mapa a otras de diferentes nacionalidades que tienen en su nómina artistas del país andino.

Este dato, y que todas proceden de la capital, dice mucho de la precariedad del sistema galerístico de Perú. La excusa es que buena parte de los creadores viven y trabajan en el extranjero y otros que han estado fuera (como Fernando Bryce), ya han regresado. Más allá del nombre citado, añadamos otros relevantes creadores peruanos seleccionados por Lerner: Sandra Gamarra, Teresa Burga o Miguel Aguirre, entre otros.

Fuera de los pabellones de ARCO y entre esas muchas propuestas del programa paralelo, que ha coordinado Fietta Jarque, conviene destacar la presencia del arte shipiko-konibo en el Matadero. Las artistas Olinda Silvano, Silvia Ricopa y Wilma Maynas ejecutarán un gran mural que puede aportar muchas claves de la iconografía que ha dibujado el arte peruano a lo largo de décadas. Lo dicho, no solo de gastronomía –ceviche y mucho ají– vive el arte peruano.