Detalle de uno de los espacios de la cita, con obras de Ignasi Aballí (al fondo) y Jaime Pitarch (en primer término)
Detalle de uno de los espacios de la cita, con obras de Ignasi Aballí (al fondo) y Jaime Pitarch (en primer término)
ARTE

Pero, ¿esto es realmente pintura?

Un nuevo vistazo a la colección de la Fundación «la Caixa» en Barcelona constata la evolución de la técnica pictórica y su hibridación con otras disciplinas

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La pintura persiste, todo un desafío para una disciplina tan antigua como la humanidad y que ha encontrado a lo largo de los siglos mil retos técnicos y conceptuales además de múltiples competidores vestidos por la modernidad. En la era de la comunicación y los nuevos medios artísticos tecnológicos, la Fundación «la Caixa» bucea en su colección para analizar esta persistencia del medio a través de una gran muestra tan interesante como amplia. Así, La pintura, un reto permanente revisa la vigencia de un ámbito artístico que se ha visto imbuido por la modernidad que implican los nuevos medios, más tecnológicos, más conectados con la actualidad o simplemente más inmediatos para producir y consumir y que permiten su reproductibilidad.

La evolución de la pintura vista desde una de las colecciones en la que tiene más presencia pictórica se hace a través de 39 obras de 33 artistas de momentos y realidades bien diversas, seleccionadas por la persona que mejor conoce sus fondos como es Nimfa Bisbe, jefa de las colecciones de arte de La Caixa. Una colección iniciada en los años 80 y que ha ido evolucionando y ampliando a través de compras en ferias, galerías y talleres de autores de renombre. Tres décadas de adquisiciones siguiendo el pulso a la actualidad artística, y que demuestran la buena salud del medio, confrontando obras antiguas del conjunto con últimas adquisiciones, algunas nunca expuestas.

Sin esquela

Seis ámbitos demuestran la pervivencia del medio, por mucho que en algunos momentos se declarase su muerte. Renovación de formatos, hibridación y al mismo tiempo aproximación a las técnicas más tradicionales son algunos de los reinicios que ha desarrollado el medio pictórico a lo largo de las tres últimas décadas. Su discurso se aleja de polémicas inútiles sobre su vigencia para adaptarse a nuevos panoramas más abiertos e interdisciplinares que, por suerte para todos, reinan en la actualidad, olvidando infructuosos debates de un pasado no tan lejano. De ahí su dificultad para encerrarla en un solo medio artístico, incluyendo en el recorrido impresionantes telas pero también fotografías, collage, vídeos y performance. La pintura más allá de ésta. La permeabilidad de los medios queda completamente demostrada, así como el enriquecimiento que supone para la creación actual.

Llama la atención la presencia de la tridimensionalidad en la muestra, a priori bidimensional

Autenticidad y originalidad son dos de las características que protagonizan la muestra. Desde la abstracción de Joan Hernández Pijoan y Gerard Richter, al imperio de la monocromía que ejemplifican las obras de Ignasi Aballí, Robert Ryman o Michel Parmentier. El juego conceptual más allá del trazo jugando con el metalenguaje de la pintura de Jaime Pitarch y la presencia de los propios botes de pintura como rastro físico en el lienzo, junto a la obra de Georg Baselitz y sus rastros pictóricos. No puede faltar la sección sobre la presencia geométrica de la mano de Sean Scully, Gunter Forg y Juan Uslé, dejando atrás debates sobre la abstracción y la figuración, ya superados completamente y que han dado paso a una riqueza de miras y materialidades fuera de todo cuestionamiento. Rubén Guerrero demuestra la versatilidad de la tela en sí y, a su lado, obras como las de Marepe lo transgreden del todo, obviando su presencia con un resultado escultórico. De las geometrías y monocromías grandilocuentes y rotundas al preciosismo y detalle de Schnabel o Polke.

Llama especialmente la atención la presencia de la tridimensionalidad en esta muestra que a priori debería ser eminentemente bidimensional. Este aspecto se ve claramente en la instalación monumental de la obra de Jessica Stockholder, que ocupa un gran espacio central en sala. Una escenificación que lleva a pensar en la creación pictórica más allá de la propia tela, como una puesta en vivo de las composiciones estéticas a través de elementos cotidianos de mobiliario en colores y acabados tan cromáticamente cercanos a la pintura que nos hacen pasearnos a su alrededor como si hubiéramos invadido un lienzo.

La muestra nos lleva a pensar en la pintura más allá de ésta, comprobando cómo los debates estilísticos y formales alrededor de las artes se depuran y superan. La colección de «la Caixa» es buen ejemplo de ello y nos permite disfrutar de un buen fragmento del inmenso recorrido que supone la Historia del Arte contemporáneo a través de sus grandes protagonistas con esta exposición en Barcelona.