«Room Under», escultura de 1995 que forma parte de la muestra «Panorama», de Pello Irazu, en el Guggenheim de Bilbao
«Room Under», escultura de 1995 que forma parte de la muestra «Panorama», de Pello Irazu, en el Guggenheim de Bilbao
ARTE

Pello Irazu en formato panorámico

El Museo Guggenheim de Bilbao organiza una soberbia retrospectiva sobre uno de los «cachorros» de la «Nueva Escultura Vasca» de los ochenta: el escultor Pello Irazu

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Gracias a esta exposición, comisariada por Lucía Agirre, la figura de Pello Irazu (Andoain, 1963) quedará asimilada no sólo como una de las referencias que mejor ilustran la renovación de la escultura vasca iniciada en los ochenta, sino como una de las figuras más destacadas y sólidas del panorama nacional. Es así como el Guggenheim de Bilbao brinda la oportunidad de ver la coherente trayectoria que el artista ha labrado en los últimos 30 años a través de una completa cita que contiene obras fechadas desde los inicios de su carrera hasta hoy.

De Irazu se nos muestra una gran retrospectiva que despliega, en todo su esplendor, la evolución de la herencia de esa «escuela vasca», o lo que se denominó la «Nueva Escultura Vasca», de la que forman parte grandes inspiradores como Txomin Badiola, Ángel Bados, María Luisa Fernández o Juan Luis Moraza. Todos ellos, aunque influidos por la gran sombra del viejo maestro Oteiza, consiguieron aportar una nueva visión personal y única, de extrema sensibilidad y contundencia. Un trabajo, en su mayor parte escultórico y autorreferencial en Irazu, que sigue profundizando en la experimentación del lenguaje. El artista traspasa las fronteras de la abstracción geométrica, post-constructivista o post-minimalista, y su avidez se expande con maestría en disciplinas, formatos y escalas.

En la muestra se ha diseñado un recorrido que genera un cierto orden de lectura temporal, convirtiéndose en una gran instalación que sumerge de lleno al espectador en el interior de la obra. Casi en sintonía con las palabras de Rothko en las que alude a la escala de su propia pintura para introducir al espectador en ella; la envolvente a la que nos somete Irazu al presentar la exposición nos hace sentirnos parte de sus piezas, aunque, eso sí, el espectador podrá iniciar el recorrido a través de unas esculturas de pequeño o mediano formato, que dejan claras las premisas conceptuales y formales que articulan todo su trabajo posterior.

También seremos recibidos con pequeñas fotos tempranas que cuestionan asuntos espaciales y formales, híbridos, de una sobriedad que operan como interferencias o reflejos de entre las distintas cuestiones escultóricas que desarrolla en todo su trabajo. Su concepto escultórico, con los años, ha llegado a abordar no sólo lo instalativo, también lo arquitectónico, dejando claro que el concepto espacial no tiene límites, aunque sea el de los propios límites uno de los conceptos que planean sobre todo el trabajo del autor.

Guiños a la Historia

Irazu desarrolla una magistral capacidad en la conjugación de elementos plásticos y constructivos y, durante toda la muestra, el espectador se verá sumergido en la ironía de alguna de sus piezas, con guiños tanto a la Historia del Arte como a la cultura de masas, como en la «Serie Encantada», junto a la sorpresa que transmiten otras, y verá cómo el artista utiliza los materiales para ordenar un pensamiento no mimético en plena armonía constructiva.

Las paredes ayudan a que el visitante entre y salga de las propuestas con facilidad, ya que muchas piden distancia, mientras otras nos invitan a introducirnos mentalmente en las arquitecturas, casi imposibles, que podrían calificarse de trampantojos arquitectónicos o escultóricos propuestos por el artista. Es difícil quedarse con una de las piezas, ya que todas son de una rotundidad absoluta, pero sí podemos proponer algunas para analizar los pasos lógicos dentro de su producción, como Visitante (Gabriel), fechada en 2013: cajas colgadas del techo que forman volúmenes plagados de juegos de sombras y nos trasladan mentalmente al legado de Oteiza. Otras, como Dream Box, Hold me o Room Under, de principios de los noventa, permiten abordar la frescura material y el modo en que los espacios, los límites y las formas competían en las investigaciones formales de Irazu. Si la palabra «rotundidad» es la más repetida en este artículo, no olvidemos «poética», «ironía» y «semántica», factores a revisar constantemente en el recorrido.