El Premio Nobel francés, Patrick Modiano
El Premio Nobel francés, Patrick Modiano - Gallimard
LIBROS

Patrick Modiano, en una calle de París

«Recuerdos durmientes» es la primera novela que publica después del Premio Nobel en 2014. Modiano fiel a Modiano

Actualizado:

«Basta con cruzarse con una persona o con encontrársela en dos o tres ocasiones o con oírla hablar en un café o en el pasillo de un tren para captar retazos de su pasado, mis cuadernos están repletos de trozos de frases que pronuncian voces anónimas», dice el narrador de la última novela de Patrick Modiano, «Recuerdos durmientes». Una obra breve, más seductora, poética y melancólica que nunca, que bien podría llamarse «el libro de los encuentros». De los pequeños encuentros. Esos protagonizados por personas que se cruzan por nuestra vida para no quedarse, para borrarse muy rápidamente, dejando dos o tres fugaces recuerdos. Un puzle desordenado que décadas después, a lo mejor, se intentará recomponer, ofreciendo una imagen de nosotros mismos en aquel tiempo envuelto ahora entre brumas. Recuerdos que sobre todo evocan una juventud perdida, a la que se regresa sin cesar en una especie de insistente «eterno retorno», como repite el narrador.

Modiano reúne a personas que fueron testigos del comienzo de la vida de su protagonista y narrador, «entre los 17 y los 22 años». Recuperarlas es recuperar una parte importante y sensible de un pasado. Como siempre sucede con este autor -uno de los mejores de nuestra época, de los que mejor la han representado- que deja una vez más en este bellísimo libro huellas autobiográficas mezcladas con recuerdos dudosos, propios o ajenos, esbozados apenas en cuadernos de apuntes, en listas, guías de teléfonos, lugares y mapas antiguos.

Una vez más, deja en este bellísimo libro huellas autobiográficas y dudosos recuerdos

Recuerdos «durmientes» que esperaban ser despertados al cruzar alguna calle... De nuevo, como en tantas obras de este autor, el otro gran protagonista y eje de sus historias es París. Un París «cuajado de puntos neurálgicos y de las múltiples formas que habrían podido adoptar nuestras vidas». Un París «sembrado de fantasmas, tantos como estaciones de metro con sus puntos luminosos».

El alma de los sitios

Ese «mundo viejo que contenía el aliento por última vez antes de derrumbarse» era el de la juventud de Modiano, evocada una y otra vez desde los mismos títulos: «El café de la juventud perdida», «Una juventud». Revisitando aquellos escenarios y aquellos vagabundeos Modiano convoca detalles, sucesos y misterios sin aclarar que «tras montones de años regresan a la superficie». El cartógrafo, el paseante místico y minucioso de una ciudad en la que ha amado, soñado y sufrido todo un universo, generación tras generación, se convierte más que nunca aquí en el estremecedor médium del «alma de los sitios».

En la novela, un narrador lucha por recuperar recuerdos de hace cincuenta años, de comienzos de los 60. En aquella época era tan solo un chico que había regresado no hacía mucho de un internado de la Alta Saboya. Abandonado por sus padres, en un estado de semiorfandad, deambula por la ciudad, acompañado, de forma sucesiva, por seis mujeres que ha ido conociendo. Mejor dicho, por cinco, más una «cuyo nombre no me atrevo a decir», ya que sigue aún envuelta en un turbio asunto criminal. Mezclando confesiones auténticas con su pasión por recomponer piezas sueltas de la memoria, Modiano evoca al joven que entonces era. Todo sucedía muy rápido, veloz, de forma azarosa: «De cualquier encrucijada salían muchos caminos y a lo mejor yo había descuidado uno de ellos que era el adecuado».