Vista del salón Goya en el Palacio de Liria en Madrid
Vista del salón Goya en el Palacio de Liria en Madrid - Matías Nieto Koening
LIBROS

«Palacios y casas señoriales de España», también cuentan nuestra Historia

Nuestra geografía está repleta de un importante legado arquitectónico y patrimonial ligado a algunas de las grandes familias que han protagonizado nuestro pasado

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Entre las tendencias historiográficas recientes, la llamada «historia aplicada» constituye una de las más prometedoras. No solo pretende recuperar la relevancia e influencia del pasado en la formación de elites y líderes globales, sino conectarlos con todo aquello de lo que son depositarios. Del mismo modo que, como señaló el poeta inglés John Donne, «ninguna persona es una isla», nadie parte de la nada. Todos constituimos un compendio de experiencia. Habitamos como personas un determinado tejido simbólico y cultural.

El caso español constituye un ejemplo fascinante, tanto por la antigüedad de la existencia de la nación española, como por la solidez impertérrita (aunque a veces pueda parecer lo contrario por el ruido que hacen sus enemigos) de sus materiales seculares. En este libro entretenido y magnífico, que es tanto un logro editorial y vital extraordinario, como una afirmación de españolidad, nos recuerdan dos hechos fundamentales.

En primer término, la existencia muy antigua de una nobleza de sangre y de servicio, vinculada a la corte y al designio imperial global que correspondió servir a la monarquía española, primero bajo los Austrias y luego con los Borbones. En segundo término, la estructura unitaria de la nobleza española explica el hallazgo constituido por esta muestra de 38 casas y palacios, un legado patrimonial milagroso tras tantas querellas, invasiones, revoluciones y guerras.

Revisionismo

Frente a una casposa visión literaria, muy del 98, prolongada en nuestros días por el revisionismo populista, lo que se muestra aquí es, por el contrario, el empeño de personas y linajes por el mantenimiento sacrificado y costoso de un símbolo consciente y virtuoso: la casa de familia. El forzoso debate sobre su uso, que el autor expone con valentía, presenta salidas modernizadoras que pueden implicar, o no, una pérdida de carácter.

Como resultado de lo que llama con acierto «reconversión forzada», en el inventario de edificios, que incluye entre otros los palacios de Liria, Monterrey, Lozoya o Galiana, la casa de Pilatos o Domecq, los pazos de Oca o Santacruz, la barcelonesa Torre de Castañer o la de Lezama-Leguizamón en Neguri, encontramos sedes bancarias, centros culturales, archivos u hoteles.

Un libro entretenido y magnífico, que es un logro como afirmación de la españolidad

Espacios llamados «útiles», como si en su carácter previo de mansión aristocrática no lo fueran, o formaran parte de un pasado anquilosado. Otras casas continúan afortunadamente habitadas por las familias titulares y depositarias de semejante legado, espejo de un pacto intergeneracional intrínseco al verdadero carácter nobiliario. Cierta mirada deformada e injusta determina las condiciones de conciliación, cultural, fiscal, patrimonial y simbólica, de estos edificios con sus dueños presentes y futuros.

La exposición de la vida vivida en ellos, en espléndidas fotografías y textos que suscitan curiosidad hacia las llamadas «artes menores», nos reconcilia con una mirada dulce hacia los enseres y objetos de la cotidianidad. Mobiliario de fina artesanía española, local y popular, de maderas oriundas. Muebles estilo inglés o francés, cueros repujados, con dibujos y escudos, sillas de armadura, estilo Chippendale, victorianas y escurialenses.

Mesas supletorias, de consola, para escribir, jugar, comer o conspirar. Armaduras, alfombras y tapices. Jardines con setos en topiaria, hiedra, helechos, aspidistras, buganvillas de colores brillantes, rosales, aromáticas y otras especies vegetales cuidadosamente elegidas según el clima del lugar donde se ubican. Sabiduría, en fin, condensada en el tiempo.