Fragmento de «Duga 3» (1984), de Ferrna García Sevilla
Fragmento de «Duga 3» (1984), de Ferrna García Sevilla
ARTE

El Palacio Real, con su arte contemporáneo

Patrimonio Nacional cuenta con un tan interesante como desconocido conjunto de obras de arte contemporáneo. La selección de sus mejores ejemplos, ahora en una muestra en el Palacio Real de Madrid

MADRID Actualizado: Guardar
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La presentación hace un año –y en este mismo lugar– del retrato de la Familia Real del anterior Monarca, encargado a Antonio López, hizo que algunos tiraran la toalla con Patrimonio Nacional en lo referente a sus apuestas por el arte contemporáneo. Y, sin embargo, técnicamente, ese lienzo «desactualizado» no era de rabiosa actualidad en 2014, sino una petición de veinte años atrás. De forma que, de alguna manera, obras que ahora se incluyen en la muestra que nos ocupa son incluso más jóvenes que la del manchego.

Lo dicho: «Arte contemporáneo en Palacio. Pintura y escultura en las Colecciones Reales» (en la que colabora el Museo Reina Sofía), invita a que hagamos las paces con la institución, demostrando que no está todo perdido en su relación con las corrientes artísticas del último medio siglo. La muestra, comisariada por Cristina Mur de Viu, es un repaso a lo mejor de una colección que cuenta con unas 113 obras; un conjunto reducido pero bienintencionado que hace un guiño a los grandes de la plástica nacional reciente.

Una tradición secular

Y también a su Historia, que marca el recorrido. Porque esta colección vino a llenar un vacío y a entroncar con una tradición de la Corona Española, que a lo largo de los siglos apostó por el mecenazgo de los artistas «punteros» en cada época. ¿Cómo era posible que en el siglo XX se hubiera roto ese cordón umbilical? Para enmendar el error, en 1984 entró en el Consejo de Administración de Patrimonio Nacional Rafael Canogar, galardonado dos años antes con el Nacional de Artes Plásticas. Él y su equipo se encargaron de confeccionar el listado de autores españoles que debían ser atendidos. Porque, como recuerda la comisaria, esta no es una colección museística, sino de grandes nombres, intentando hacer un atlas visual con los mejores, aunque hay evidentes ausencias.

El título de la muestra no engaña: «Pintura y escultura». El resto de disciplinas, salvo el grabado (al que se acude en los noventa), ni siquiera están representadas en los fondos. Eso sí: gana por goleada la pintura. En la exposición las obras tridimensionales se cuentan con los dedos de una mano: Sempere, Chirino, Julio López... También llama la atención el reducido número de mujeres en las que posa su mirada. Sólo dos: Carmen Laffón y Soledad Sevilla.

Detalle de «Catedral 2», de Miguel Ángel Campano
Detalle de «Catedral 2», de Miguel Ángel Campano

Hay dos grandes momentos en la trayectoria del conjunto y sobre ellos pivota la muestra. El primero es su puesta en marcha, el periodo que va de 1987 a 1990. En dos años se consolida su germen con una treintena de obras de unos 17 artistas. Se trataba entonces de reconocer el peso de nombres clave desde la postguerra, del grupo El Paso (dos lienzos de Luis Feito son los más antiguos), a figuras coetáneas como José Guerrero o Lucio Muñoz. A su lado, artistas activos en el periodo de compra: Hernández Pijuan, Ràfols-Casamada...

Reconoce la comisaria cómo en esos momentos hubo un especial interés por la abstracción. De ahí las obras de Mompó, Broto, Sicilia, Barceló y hasta del propio Canogar. No obstante, también hubo ojo para algún figurativo, como Fraile, Eduardo Arroyo o Juan Genovés, con el que entra el mensaje político en la selección.

La cita ilustra un conjunto pequeño pero bienintencionado, con grande nombres del arte español

La segunda etapa se iniciaría con el cambio de siglo. Las compras desde 2001 atienden a las generaciones más recientes (Urzay, Juan Uslé, Ciria...), así como a artistas consagrados pero aún no representados, caso de Esteban Vicente. Conviene prestar atención a cinco obras que fueron regalos de boda a los entonces Príncipes de Asturias, y que subrayan una doble sensibilidad: por un lado, la de los sindicatos españoles –también las administraciones canarias–, que son los que se inclinaron por ofrendar cultura (un Reguera, UGT; Ibarrola, apuesta de CC.OO.); del otro, la de los actuales Monarcas de cederlas para engrosar la colección.

Final de trayecto

La sala final lleva a la última obra adquirida y expuesta (fuera de campo se queda la verdaderamente ultimísima compra: «El atleta cósmico», de Salvador Dalí, en 2008). Se trata del cartón para el tapiz con el que Guillermo Pérez Villalta conmemoró el 25º aniversario de la Constitución. Entre medias, déjense seducir por las piezas, pero no paren de sorprenderse con las cartelas: ¿Un Campano adquirido en Galerías Preciados? Así ocurrió con «Catedral 2». ¿La galería que más partido sacó de todo esto? La de Soledad Lorenzo al final de los ochenta... El círculo se cierra con las charlas que los artistas dan sobre sus piezas y que continuarán en enero.

Habitualmente estas obras descansan en los despachos y estancias de las más altas representaciones del Estado. Sin embargo, y como confirma Mur de Viu, está previsto que algunas ilustren el reinado de Juan Carlos I en el Museo de Colecciones Reales que Patrimonio inaugurará en 2016. Lo que no está claro es que continúen las compras. La crisis supuso un parón en toda regla. Pero muchos artistas esperan ya su turno. Que las cosas de palacio no vayan tan despacio.