Pablo Amargo
Pablo Amargo - Muel de Dios
En muchas palabras

Pablo Amargo:«Nunca he entendido a aquellos que siempre dibujan lo mismo»

El ilustrador ovetense colabora con periódicos, revistas y editoriales de prestigio, en las que muestra sus creaciones inteligentes y de un alto valor de razonamiento lógico y gráfico

MadridActualizado:

Unas líneas en un trozo de papel pueden sugerir multitud de significados. El mínimo empleo de medios de expresión es una cualidad tan valiosa en el dibujo que está al alcande de muy pocos, y esta virtud es una de las que tiene el ilustrador Pablo Amargo (Oviedo, 1971). Sus dibujos tienen un hilo conductor directo con el intelecto del receptor, que se acentúa con el empleo de la tinta negra sobre el papel blanco y dan vida a unos personajes con matices teatrales en contextos diferentes y con una capacidad conceptual persuasiva.

Pablo es un ilustrador con unos principios gráficos muy férreos, en los que predomina una búsqueda de la excelencia creativa en cada uno de sus trabajos, mostrándose así al espectador como emisor inteligente de imágenes que tienen la facultad de encontrar un acomodo nuevo y distinto para cada situación. A través de dichos trazos sencillos y detallistas, realiza un juego visual predominante en el que mezcla diseño y humor gráfico, que dan como resultado composiciones elegantes, efectivas, vitales, serenas y sistemáticas.

Licenciado en Bellas Artes, Amargo es uno de los ilustradores más galardonados de nuestro país y reconocido a nivel internacional. Entre los premios que ha recibido está el Premio Nacional de Ilustración en 2004. Su trabajo se puede ver en publicaciones de forma periódica como The New Yorker, The Boston Globe, The New York Times, National Geographic, así como, en varias exposiciones que muestran el valor de su trabajo.

¿La capacidad de dibujar se tiene o se adquiere?

Hay un caso, como el del pintor holandés Van Gogh que es muy revelador. El famoso artista se puso a dibujar tarde, y del que podemos ver su evolución como dibujante. A mi modo de ver, desde una factura muy tosca en los primeros dibujos hasta una «gracia» y vitalidad incomparable diez años más tarde. Por lo tanto, hay gente que tiene un talento innato para el dibujo y otros que lo van adquiriendo con los años.

¿A través del dibujo podemos despertar cosas invisibles como emociones, sensaciones y sentimientos?

Así lo veo yo, ya que no creo en el arte como «transmisor» de emociones, aquello de que el artista siente algo y cree poder encapsularlo en su arte para dárselo a las personas. Mi manera de entender el arte, y aquí se encuentra el dibujo, es su capacidad de generar emociones en el espectador por sí mismo, y estas emociones serán de índole tan distinta como distintos son los espectadores que lo disfrutan. Esta es una de las razones por las que detesto el arte utilitario, el arte de propaganda, político, de «conciencia». Me interesa el arte que se dirige al crecimiento del individuo y no el que despierta emociones en el individuo que conducen hacia una emoción colectiva. La manera de conducir interesadamente el arte hace que el arte desaparezca.

Ilustraciones para The New Yorker
Ilustraciones para The New Yorker - Pablo Amargo

David Hockney comentó que siempre ha tenido la urgencia por pintar, cree que el ser humano desde que es niño tiene una urgencia, y esa es la de pintar. ¿Le ocurre esto a usted? ¿Está de acuerdo?

Desde que era niño me reconocí inmediatamente en las ilustraciones de los libros, los cómics y también en los carteles que veía impresos por la calle. Sabía que esa iba a ser mi vida, pero no tuve esa urgencia de la que habla Hockney hasta muy tarde, con 12 ó 13 años. Recuerdo que mi primera ilustración fue un fracaso estrepitoso, sentí una vergüenza tan grande que ya no pude dejar de dibujar para así tapar con nuevos dibujos los errores de los antiguos. Y a eso he dedicado toda mi vida, a ir haciendo nuevos dibujos que sean mejores que los anteriores. 

¿Cómo definiría la figura y qué requisitos considera necesarios para ser un buen ilustrador? 

Una ilustración es una imagen que se relaciona con un texto. A veces ese texto está escrito por otra persona, a veces ese texto está escrito por uno mismo e incluso a veces ese texto es invisible. La relación entre la palabra y la imagen se da en diferentes formas, más explícita, más contenida, más rebelde, más decorativa, más irónica, más poética, más juguetona, más misteriosa... El ilustrador elige, por tanto, el tono que quiere emplear, que es la manera de definir esta relación. Generalmente conocemos la explícita, que suele ser la de representar lo más fielmente posible lo que se ha leído en el texto. Sin embargo existen esas otras y que se encuentran en el territorio de lo creativo, ya que uno debe construir paralelamente a lo leído. Con el tiempo puede ocurrir que el ilustrador empiece a hacer imágenes propias, y que estas sean las que deciden con qué textos quieren relacionarse o con qué textos no. Llegados a este punto hablamos de un ilustrador autor.

¿Cuál diría que es su mayor habilidad y cómo la ha ido perfeccionando a través de los años?

Como ilustrador diría que la perseverancia para encontrar conexiones entre imágenes. Con los años no sé si se han perfeccionado, pero sí he podido ampliar el espectro de posibilidades. Por ejemplo, al principio las imágenes eran más cerradas en sí mismas, utilizaba elementos simbólicos reconocibles, signos, iconos, objetos, casi como un diseñador gráfico. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que es un recurso fácil y aburrido, de modo que he introducido más dibujo y elementos costumbristas, con lo que mis imágenes han ganado en riqueza y posibilidades conceptuales.

«No soporto ver plagios, ni las ganas del ilustrador por gustar»

¿Tiene ilustradores de referencia que puedan llegar a inspirarle? ¿Quiénes son?

Nada que ver los ilustradores que me gustaban en mi infancia con los ilustradores que disfrutaba al principio de mi carrera. Y de estos nada que ver con los que me pueden gustar ahora. Uno aprecia cosas diferentes en cada época, porque la mirada se va volviendo más compleja y experimentada. Puede incluso que al final de mi vida vuelva a apreciar los ilustradores victorianos de mi infancia, pero estoy seguro de que será por valores diferentes. A grandes brochazos y siempre que hablemos de ilustradores, que quizá sea actualmente la menor de mis referencias, diría que se mueven en dos polos, por un lado está ese humor gráfico que se aleja de la caricatura y de lo grotesco, vamos a poner el caso de Hergé o Sempé. Por otro lado está mi interés por lo metafísico, por el misterio, y eso me llevaría a Beardsley o Pierre Le Tan.

¿Qué papel juega la inspiración en un ilustrador?

Mi trabajo es muy mental y ocurre como en los pasatiempos de ingenio: eres incapaz de dar con la pieza clave, te quedas dormido y al despertar, lo ves todo con una enorme claridad. Llamemos a eso inspiración. Generalmente llego a las ideas a base de insistir e insistir hasta que surge una luz, muchas veces apremiada por la fecha de entrega. También puede ocurrir que me coloque en lo que podría llamar  un «pasillo creativo» que es como si la mente se orientase de tal manera que empiezan a surgir ideas encadenadas, sin apenas esfuerzo. El libro «Casualidad», surgió después de fatigosos años buscando el tono y su magia y sin embargo el siguiente libro «Cats are Paradoxes» surgió con enorme rapidez, con imágenes que brotaban en cascada.

Ilustraciones para The New Yorker
Ilustraciones para The New Yorker - Pablo Amargo

¿Cómo afronta el temido «papel en blanco»? ¿Cuál es su proceso creativo?

Mi proceso creativo se parece mucho a la manera de realizar esta entrevista. Tengo las preguntas por escrito y bastante tiempo para contestarlas. Así que empiezo a responderlas del tirón, siendo lo más honesto posible. Las dejo reposar unos días y vuelvo a leerlas para caer en la cuenta de que les falta ritmo y gracia. A veces ser muy sincero puede aportar información, pero le añade sopor. De modo que corrijo, rehago, oculto, y juego. Así la entrevista deja de ser un confesionario y se convierte en una pieza más amena, más interesante. Por ejemplo, esto que acabo de hacer se llamaría «meta lenguaje». Lanzarse a la piscina sin pensar, sabiendo que luego se puede ir corrigiendo, evita el miedo al papel en blanco.

¿Ha tenido miedo a equivocarse alguna vez cuando ha publicado un dibujo? ¿Se arrepiente de alguna ilustración que se ha publicado?

Si pudiera me cargaría el 30% de mi producción y reharía el 50% . Claro que siempre hay temor a equivocarse, por supuesto que se piensa que se podría haber hecho de otra manera. En aquellos libros, por ejemplo, que han pasado de la primera edición, he introducido cambios, he rehecho alguna ilustraciones completamente. Muchos trabajos publicados hace años, los vuelvo a dibujar nuevamente, para mi propia satisfacción. Como leí una vez: «si no dudas, es que no has explorado suficientemente».

¿Qué no soporta ver en una ilustración?

Cursilería, oportunismo, complacencia. No soporto ver plagios, ni las ganas del ilustrador por gustar. No me gusta el exceso gráfico, la abundancia de efectos, lo grotesco, la tontería de moda. Me saca de mis casillas la comodidad gráfica, la ilustración ya hecha mil veces antes, la falta de curiosidad, la pleitesía a lo comercial.

«Llego a las ideas a base de insistir e insistir»

Ha conseguido un estilo muy definido y expresivo conceptualmente, de gran alcance visual en el que suele jugar con paradojas y dobles sentidos. ¿Cómo llegó a el?

Ya en los primeros trabajos, allá por el 96, disfrutaba mucho con los juegos visuales, con aplicar una lógica gráfica que pudiera contradecir nuestra experiencia visual. Mis estudios en Bellas Artes, en la especialidad de diseño gráfico, me orientó definitivamente hacia las imágenes comunicativas, hacia el juego. Me parecía que ligaba muy bien con mi gusto por la ilustración gráfica de humor. Se podría decir que mi estilo es una mezcla entre diseño gráfico y humor gráfico. Así que no me he movido mucho de este lugar. Al contrario de lo que se nos suele decir, que hay que moverse, que hay que probar más cosas, que hay que salir de nuestra «zona de confort» (expresión que se ha convertido en un cliché confortable), creo que lo que hay que hacer, cuando sientes que estás en tu territorio, es no moverte del lugar. Tu propia inquietud, al negarte a abandonar el sitio, te llevará irremediablemente a explorar y profundizar en las posibilidades y los miles de matices creativos de tu territorio.

Lo que más ha cambiado ha sido el dibujo, que ha pasado por diferentes etapas, aunque siempre desde una enorme economía de medios. Cuando noto que una manera de dibujar se me va agotando o empiezo a ver que se está poniendo de moda, decido cambiar. Nunca he entendido aquellos que siempre dibujan lo mismo y de la misma manera. ¿Es una falta de libertad o un cálculo profesional? En mi caso me he entregado al dibujo y éste va cambiando a medida que tengo más años: de un dibujo más icónico y fragmentado al principio a un tipo de dibujo más sereno y orgánico en la actualidad.

¿Qué convierte un trazo en algo interesante y bello? 

Todo aquello que revele al individuo que hay detrás del trazo. La ausencia de atonía, la irregularidad, una imperfección. Me emociona especialmente el trazo que busca la perfección, la ausencia de acento y que sin embargo acaba dando pequeñas imperfecciones, propio de la humanidad. 

¿Menos es más?

No necesariamente, a veces, menos es menos y más es más. Creo que plantearse a priori esta conclusión, como si fuese una fórmula creativa eficaz, ha llevado a realizar imágenes soporíferas. Creo que hay que desarrollar la capacidad de saber escuchar y dialogar con la imagen mientras ésta va surgiendo. En ocasiones el proceso te conduce a quitar y otras te conduce a añadir.

«La manera de conducir interesadamente el arte hace que el arte desaparezca»

En la mayoría de sus obras predomina el color negro ¿por qué?

En el tipo de imágenes que realizo, donde se apela directamente a la mente, al juego, el color me resulta decorativo, un reclamo innecesario, un apoyo fácil sin más. Me parece además deshonesto con las ideas, una especie de concesión cómoda, ya que es indudable que las imágenes a color siempre gustan mucho más. El público que no tiene problemas con el blanco y negro, parece ya preparado para otro tipo de imágenes. Además, las imágenes en blanco y negro aguantan mucho mejor el paso del tiempo.

Hace unos meses el Museo ABC expuso su trabajo con la exposición «Mancha mínima. Idea máxima». ¿Qué significó para usted ver su trabajo expuesto en el Museo? ¿Cómo fue la experiencia?

Mis imágenes se fortalecen mucho cuando están juntas. Cuando, por ejemplo, trabajo para prensa o realizo un cartel, no cambio mi manera de hacer. Reunir los carteles para París o las ilustraciones para Jot Down o The New Yorker junto a serigrafías y libros y ver como hay una voz única que dialoga con el público más diverso, ver cómo entran en el juego, se ríen, se sorprenden… solo lo permite exponer.

Ilustraciones para cartelería
Ilustraciones para cartelería - Pablo Amargo

Ha sido Premio Nacional de Ilustración en 2004 ¿Qué supone para usted y su carrera recibir premios por su labor profesional?

Diferencio muy claramente mi persona de mi trabajo. Tengo presente que los premios no son a mi persona, si no a un trabajo cuyo proceso resultó afortunado. Un trabajo premiado va a ser visto con un mayor interés. A nivel profesional, muy al contrario de lo que se piensa, los premios suelen ahuyentar a los clientes, de modo que es normal que cuando uno de los libros que he realizado recibe varios premios, a continuación llegue una etapa de menos encargos.

¿La ilustración es arte?

Dependerá del tipo de proyecto en el que esté implicada la ilustración. Yo creo que las ilustraciones para el «Beato de Liébana» son arte y creo que las ilustraciones para una caja de cereales no lo son.

¿Qué busca transmitir al lector/espectador con sus ilustraciones?

Básicamente lo mismo que busco en cualquier manifestación artística: placer. Para mi no hay otro interés en las propuestas creativas. Encuentro placer en el reto intelectual, en jugar con los dobles sentidos de las imágenes, en el disfrute por la travesura, en el conocimiento, en la elegancia en las formas, en el humor.

Cuando realiza portadas o ilustraciones para prensa ¿sigue al pie de la letra el encargo que le han hecho? ¿La «libertad creativa» debe ser una condición sine qua non para el ilustrador?

Siempre trabajo en libertad, sólo respeto los condicionantes técnicos. Una regla que sigo, desde el principio de mi carrera, es la de nunca dibujar la idea de otra persona. Parece una cosa fácil, pero muy al contrario es un quebradero de cabeza: se pierde un montón de oportunidades, tienes que realizar una barbaridad de ideas, estás en permanente conflicto. Sin embargo, esto no es un capricho, ni tiene que ver con el ego. Me parece un fraude firmar una ilustración cuya idea es de otra persona. La decisión es de responsabilidad y de entrega sincera a mis imágenes. Suelo decir que prefiero perder un trabajo a traicionar la amistad de mi lápiz.

¿Se necesita una agilidad creativa especial para producir ilustraciones editoriales?

Probablemente si, por eso, pese a todo, no me considero un ilustrador de prensa, si no más bien un ilustrador en prensa. Mi procedencia y lugar de referencia siempre es la literatura y la mirada de un ilustrador de libros, que siempre será de lenta maduración. Cuando hago prensa tengo claro qué temas que no van a funcionar bien con el tipo de ilustración que hago y con mis ritmos de trabajo, por ejemplo actualidad u opinión. Acepto trabajos con un plazo de entrega mínimo de tres o cuatro días. Por ejemplo en el trabajo para The New York Times cuento con cinco días y siempre trata de crítica literaria.

«El dibujo tiene la capacidad de generar emociones en el espectador por sí mismo»

¿Ilustrar un texto, es buscar otra forma de comunicar o de complementar?

Antes podía pontificar sobre lo que es ilustrar y lo que no lo es. Ahora sólo soy capaz de hablar sobre cómo es mi manera de ilustrar un texto, y te aseguro que no trato de complementar nada. Creo que mis imágenes no necesitan ser complementadas por ningún texto y que funcionan bien autónomamente. Es más, una misma imagen podría ilustrar textos muy distintos. Cuando una imagen sólo se entiende al lado de un texto, es que esa imagen no es suficientemente buena, e igualmente se podría decir lo mismo de un texto.

¿En una sociedad como la actual en que todo es imagen, debería estar más reconocida la labor de los ilustradores por parte de esta? 

No es algo que me importe mucho, honestamente. Además creo que ya hay ilustradores mainstream, bastante reconocidos, aunque en mi opinión carecen de interés, se les ve repitiendo siempre las mismas fórmulas. Si lo que se busca es llegar creativamente lo más lejos posible y explorar las distintas posibilidades que nuestro talento nos proporciona, creo que desde el sigilo se trabaja mejor.

¿Qué papel juega la ilustración en la cultura visual actual?

Encontramos ilustraciones con un claro papel decorativo, como música de ascensor. Están ahí, en las redes sociales adormeciendo, en los «memes» grotescos, en la publicidad persuasiva. Pero también está la ilustración en prensa o aplicada al diseño, o en libros, que parece más auténtica, que tiene otros objetivos, pero que no nos asalta y que hay que ir a buscarla. Creo que la ilustración se ha expandido como nunca antes lo había hecho, por muy diferentes espacios y aportando un valor innegable.

Para terminar, ¿está trabajando actualmente en un nuevo proyecto?

En varios proyectos. Por un lado están los trabajos de encargo, que son de los que vivo y que suelen ser ilustraciones para prensa, carteles etc. Por otro están los proyectos personales, donde tengo varios frentes abiertos al mismo tiempo. Visualmente no hay muchas diferencias entre unos y otros. Ambas vertientes, los encargos y los proyectos personales se van alimentando entre sí: a veces los encargos me llevan a explorar temáticas que de no ser por ellas nunca habría contemplado, y otras veces son los proyectos personales los que me descubren soluciones y recursos que luego aplico en los encargos. Los proyectos personales tienen salidas muy diferentes: a veces los envío a revistas donde acaban siendo publicados, y si otras veces empiezan a coger solidez acaban en forma de libro.