Uno de los estudios en yeso para «Las puertas del infierno», de Rodin
Uno de los estudios en yeso para «Las puertas del infierno», de Rodin
ARTE

La obra de Rodin que nunca existió

Mapfre documenta en Barcelona el «proyecto vital» de Rodin: sus «Puertas del Infierno», del que deriva su creación

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Empecemos por el final: Auguste Rodin (1840-1917) es hoy una figura polémica, que se revisita y se cuestiona constantemente porque sobre él pesa la responsabilidad -excesiva- de dinamitar la milenaria lógica occidental de la estatua y el monumento, y de erigirse en padre del movimiento escultórico contemporáneo.

Lo asombroso es que en este final que podría ser el que aparece en el primer capítulo del definitivo -provisionalmente-y canónico Arte desde 1900, de Foster, Bois, Buchloh y Krauss, no aparece ninguna referencia a un hecho esencial y maravilloso. Y ese hecho, que complica la cuestión y obliga a ver a Rodin de otro modo, es el argumento de la extraordinaria exposición que la Fundación Mapfre y el Musée Rodin de París presentan en las salas de la Casa Garriga Nogués.

Es, en efecto, obviado a menudo el hecho de que casi todas las esculturas del maestro que hoy son famosas -El pensador, El beso o Las tres sombras- son en realidad versiones posteriores (prácticamente idénticas y siempre ampliadas y fundidas tras su muerte) de una extensa serie de estudios morfológicos devenidos en clásicos que Rodin realizó para una magna obra temprana, La Puerta del Infierno, encargo de 1880 en el que trabajó durante veinte años y que jamás terminó.

La parte «privada»

No es éste un detalle sin importancia: por una parte, en La Puerta, cuya versión más conocida, en yeso, expuesta en el Musée d’Orsay, es un monumental relieve inspirado en las portadas góticas, se concentra lo mejor de su producción -lo que Bois denomina la parte «privada»-; su génesis y, en cierto modo, su apoteosis en un único movimiento barroco, delirante y apabullante, que convoca a decenas de figuras -doscientas- que se retuercen y desparraman en todas direcciones como tratando de escapar de la blanca superficie que las retiene (de hecho, se emanciparon enseguida: cuando Rodin muestra al fin La Puerta en la Exposición Universal de 1900, ésta aparece prácticamente vacía y rodeada de esculturas exentas).

Por otra, las conocidas referencias al «arte procesual» de Rodin (las huellas visibles de los procesos de modelado, de fundición...), que convencieron a Matisse y que se incorporaron a la tradición moderna, se encuentran plenamente justificadas en una obra-laboratorio de formas que, no sólo quedó inacabada (y abandonada al cancelarse el encargo), sino que sufrió infinitas y muy sugestivas modificaciones.

Es éste, tal vez, el principal argumento del análisis que el Musée Rodin ha realizado para esta exposición y que se defiende en un completo catálogo y en las 150 piezas, entre dibujos inéditos, fotos, partes de La Puerta magníficamente presentadas, maquetas, originales en yeso y copias a gran escala de todas las figuras, que se presentan en la Fundación. Diez años de labor «arqueológica», nos dice su directora, Catherine Chevillot. Y esto, porque La Puerta del Infierno de Rodin esconde un secreto literario.

Se descubre el secreto

En las capas inferiores se hallaría la Divina comedia, el infierno según Dante, pues ese debía ser el tema del «modelo de una puerta decorativa» encargada por el Estado para la Escuela de Artes y Oficios. A esta época pertenecen El pensador -que originariamente era el Rey Minos y siempre coronó La Puerta-, El beso -Paolo Malatesta y Francesca da Rimini- y Ugolino y sus hijos. Mas, hacia 1885, Rodin lee Las flores del mal, de Baudelaire, y su imagen del infierno cambia radicalmente, y con ella el desarrollo de la obra.

Es el infierno contemporáneo -y finisecular-, en el que irrumpen la ambigüedad, el erotismo y la neurosis, el que obsesiona entonces al artista. La lógica arquitectónica y narrativa inicial se disuelve y deja paso al emborronamiento, al caos, a esa cualidad líquida que es característica de su escultura… Por eso, si pensamos toda la escultura de Rodin desde La Puerta, lo que obtenemos son los frutos de la deconstrucción de una obra que nunca llegó a existir. Es difícil superar esta metáfora de la modernidad…