Norman Mailer en 2003
Norman Mailer en 2003 - AP
LOS LIBROS DE MI VIDA

Norman Mailer: la nada, la muerte y el sueño americano

Mailer se convirtió en un clásico a los 26 años cuando publicó «Los desnudos y los muertos», una gran novela sobre la II Guerra Mundial

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¿Puede un escritor de 26 años resistir la comparación con León Tolstoi? Norman Mailer, sí. Esa era la edad que tenía cuando en mayo de 1948 apareció Los desnudos y los muertos, su gran novela sobre la Segunda Guerra Mundial. The New York Times calificó la obra de «sobrecogedora» y su autor fue comparado con Hemingway y Tolstoi.

Los desnudos y los muertos es el mejor relato jamás escrito sobre el conflicto bélico que acabó en 1945. Mailer se había alistado para combatir en el Pacífico. Estuvo durante unos meses en una patrulla de reconocimiento y luego formó parte del contingente de tropas que ocupó Japón. Tardó tres años en concluir esta novela que, como se puede deducir, está impregnada de sus experiencias personales. Fue un éxito inmediato y la crítica la valoró como una obra maestra.

Excesivo en todo

Da la impresión de que la narración está escrita con una mezcla de pasión y furia. Mailer era en todo excesivo. Se casó seis veces, tuvo nueve hijos y nos legó una ingente producción literaria y periodística de gran interés. Se opuso a la guerra de Vietnam y, más tarde, aspiró a hacer carrera política, pero fracasó en su intento de ser alcalde de Nueva York.

Ese frenesí vital, esa exuberancia impregna las 700 páginas de Los desnudos y los muertos, que se puede interpretar como una denuncia de la brutalidad de la guerra, pero también como una aventura épica en la que aflora el heroísmo escondido en el corazón humano. La novela es una obra total, como lo es Guerra y paz o La montaña mágica.

La historia que cuenta Mailer se centra en la experiencia de una patrulla de reconocimiento que es enviada a explorar las posiciones del Ejército japonés en el pequeño islote de Anopopei en el Pacífico, un escenario muy familiar para el escritor. En ese universo cerrado de un pelotón formado por una docena de soldados, alejados de las convenciones y en permanente peligro de morir, Mailer dibuja un retrato de las miserias de una sociedad estadounidense fascinada por el sexo y el dinero.

Mailer profundiza en los procesos mentales de personajes como Hearn, el oficial inconformista que lee a Rilke y Marx, el sargento Croft, un tipo duro que trata despiadadamente a sus subordinados, Gallagher, un irlandés católico de los barrios bajos de Boston, Red Valsen, un minero anarcosindicalista, Goldstein, un judío acomplejado que trata de sobrevivir en un clima de hostilidad o Minetta, que añora la Italia que abandonaron sus padres.

Sobre todos ellos se alza la figura del general Cummings, homosexual reprimido, integrista fascinado por el fascismo e ideólogo que sueña con un nuevo orden autoritario, nacido del desenlace del conflicto. Hay a lo largo de toda la obra un antagonismo entre este general y el joven Hearn, que finalmente sucumbe a la poderosa y malsana influencia de su jefe.

Héroes como marionetas

A lo largo de la larga marcha de la patrulla en la isla, intentando cumplir una misión imposible, las peores abyecciones coexisten con un heroísmo sin sentido, condenado de antemano al fracaso porque quienes combaten son marionetas movidas por la mano invisible del destino.

Especialmente brillantes son las páginas en las que cuatro soldados de la patrulla se turnan en la selva para transportar a su compañero Wilson, herido de un disparo en el vientre y sin posibilidades de sobrevivir. A pesar del agotamiento y los peligros, ninguno de ellos abandona a su suerte a este hombre que les maldice en su agonía mientras le llevan en una improvisada camilla.

Los desnudos y los muertos no es, sin embargo, una novela de fácil lectura. Las cien primeras páginas son extremadamente duras, pero el lector va entrando progresivamente en el texto de Mailer hasta quedar atrapado. La narración está intercalada con las semblanzas de los personajes, casi todos ellos frustrados por el fracaso en sus vidas profesionales y familiares.

Llevados al límite, en una selva hostil, con un clima asfixiante y corriendo un riesgo extremo, los soldados de ese pelotón se sienten abandonados por sus mandos y desarraigados de su entorno social. No esperan nada. Su único horizonte es una muerte fortuita a causa de los disparos de algún francotirador japonés, mientras el sueño americano se convierte en una pesadilla en aquel remoto rincón del Pacífico.