Kjell Askildsen (Noruega, 1929) cuenta en la actualidad 89 años
Kjell Askildsen (Noruega, 1929) cuenta en la actualidad 89 años
LIBROS

«No soy así», las inhóspitas ficciones de Askildsen

Pese a no gozar de excesivo reconocimiento, el noruego Kjell Askildsen es uno de los grandes narradores del alma humana

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Uno de los mejores narradores contemporáneos, de exigua pero contundente y espléndida obra, el noruego Kjell Askildsen (Mandal, 1929) no ha gozado de la difusión y reconocimiento internacional de otros grandes de su época. Sin ir más lejos, de autores escandinavos del nivel de Gustafsson, Lindgren, Tranströmer o Per Olov Enquist. Hijo de un político y misionero luterano antinazi que sería hecho prisionero en dos ocasiones, y en las dos escaparía, durante la ocupación alemana de Noruega, sus dos hermanos mayores fueron igualmente enviados al campo de concentración de Grini, que funcionaría en su país hasta el final de la guerra.

Askildsen tendría unos comienzos un poco accidentados. Su primer libro, de 1953, «A partir de ahora te acompañaré a tu casa» (incluido en el volumen de cuentos recopilatorio ahora aparecido con el título de «No soy así») fue prohibido por «inmoral», debido a su «alto contenido sexual». Algo que compartiría con el gran Strindberg. Aunque Askildsen también se adentraría en el campo de la novela, todos sus libros a partir de 1982 serían volúmenes de cuentos.

Hastío y rutina

Al borde de una locura que se exhibe orgullosamente, como un desafío, ante los otros («¡deja que me vuelva loco!»), incapaces de comunicar, enfangados en el hastío y la rutina, los protagonistas de los estupendos cuentos de Askildsen se mueven entre el desasosiego de un realismo sucio a lo Carver y la profunda devastación de Cheever. A ellos habría que añadir la desesperación asfixiante y demoledora del teatro de Beckett. Conciso, glacial, minimalista virtuoso de una especie de filigrana del silencio, de esa nada cotidiana que se abre paso entre conversaciones banales y vacuas, Askildsen es un maestro absoluto a la hora de encadenar diálogos letales y lacónicos que dejan entrever, de forma inquietante, como una bomba de relojería, una serie de secretos infiernos individuales y familiares. Infiernos que aguardan el golpe de gracia para estallar en el más descabellado de los momentos. Una arrasadora e impenetrable devastación humana, así como soledades que se cortan con cuchillo, dominan cualquier ínfimo e insignificante escenario de los cuentos de Askildsen.

Tuvo unos comienzos accidentados. Su primer libro fue prohibido por inmoral

Vida y muerte se funden prácticamente indistinguibles en estas ficciones inhóspitas. Cada una de ellas parece encerrar una habitación del pánico particular. Aunque de repente, también puede producirse «un atisbo de humanidad en medio de tanta miseria». Como ese tiro en la nuca que durante las grandes depuraciones de la Unión Soviética se aplicaba por sorpresa a los condenados, camino de sus celdas. Los solitarios y furibundos personajes de Askildsen, que en ocasiones parecen escapados de la arisca y nihilista pluma de su compatriota Knut Hamsun, muchas veces de edad avanzada, agotan rencorosos, gruñones, iracundos, una vida que se arrastra a regañadientes, porque el mundo actual «así lo ha decidido»: «El mundo ya no es lo que era. Ahora se vive más tiempo. Yo tengo ochenta y muchos (…) pero la vida no quiere desprenderse de mí. El que no tiene nada por qué vivir, tampoco tiene nada por qué morir».