Iury Lech, director de MADATAC y, ahora también, de La Nave Digital
Iury Lech, director de MADATAC y, ahora también, de La Nave Digital - MAYA BALANYA
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Una nave digital pone rumbo hacia Madrid

El festival de nuevos medios MADATAC cumple diez años estrenando su propio espacio físico permanente, La Nave Digital, para la promoción de este tipo de disciplinas

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Cuando hace diez años el artista multidisciplinar -también músico- Iury Lech y su equipo pusieron en marcha MADATACcomo festival de art.net, nuevos medios y vídeo en Madrid, su propuesta, en sus palabras, fue recibida «como una marcianada»: «¿Había demanda? Esa es una buena pregunta -señala-. Soy de los que piensan que ésta se genera creando oferta. Si no ofreces determinados contenidos, no puedes desarrollar cierto gusto en el espectador». Una década después, parece que el interés por este tipo de proyectos ha fraguado en Madrid. Y el contar con una trayectoria consolidada y, sobre todo, un background de propuestas y materiales digitales almacenados, dan pie a dar un paso más.

Es así como esta semana, coincidiendo con el arranque de la X edición del festival, cuyo leit motiv es el papel del artista en la era post digital, abre sus puertas en la ciudad La Nave Digital, un espacio de 300 m2 como laboratorio de producción, creación y exhibición de arte audiovisual contemporáneo, y donde se desarrollarán exposiciones, sesiones de videoarte, clases magistrales, talleres y encuentros con videoartistas.

Nada es casual

«La razón del nacimiento de La Nave Digital no es casual, resultado de una trayectoria mucho más extensa y asociada al devenir de MADATAC -explica Lech-. Aquí convergen muchas cosas: por un lado, el fin de las emisiones de Transfera, nuestro programa de televisión semanal sobre videoarte, que se canceló cuando cierra la emisora en la que se emitía. Eso nos dejó con un bagaje de artistas que querían seguir colaborando con nosotros, para lo que se pensó en buscar un espacio físico para hacerlo. Por otro lado, con la VII edición del festival se puso en marcha el Museo Virtual Transmadatac, esto es, un museo interactivo online con todos los contenidos generados durante todos estos años y que invita al espectador a visitar una gran colección digital, no solo de obras, sino también de charlas, de conferencias, que ahora se relanza al contar con un espacio desde el que gestionarlo».

Una antigua ebanistería al norte de la ciudad, en la calle Nenúfar, 22, se transforma en el escenario en el que, desde la gestión privada, se quiere abarcar un conjunto de iniciativas, que de manera aislada y puntual, desarrollan otras instituciones en Madrid, como MediaLAB (que se circunscribe al contexto local), Cineteca (una de las sedes de MADATAC) o la Fundación Telefónica. «Si me preguntas por referentes, desde luego ponemos la mirada en espacios como el KZM de Karlsruhe (Alemania) o el ArsElectronica Center de Linz, en Austria. Aquí no hay referentes que, desde lo privado, apuesten por estas propuestas y, sobre todo, por las nuevas generaciones. No son estos espacios rentables. Y con 300 m2 nos sobramos, porque lo importante no es generar espacio, sino ampliar los contenidos. El supuesto Instituto de las Artes Visuales que se iba a desplegar en Tabacalera se tendría que haber encargado de estas cuestiones que nosotros implementaremos a pequeña escala, Y ojalá interese a alguna instancia como un Ayuntamiento de Madrid, al que ahora no seducimos, o un Ministerio de Cultura, y recojan nuestro guante».

La Nave Digital se presenta como un espacio diáfano, con su techumbre a dos aguas. Un entorno «elegante, limpio, que respeta las obras de los artistas, su correcta exhibición y recepción, sin las limitaciones de otros lugares en los que todo son prebendas». Lo que más llama en él la atención es su plató de rodaje con ciclorama en el que estos días se muestra The Perfectionist, tercera parte de la «Trilogía del fracaso» de Julian Rosefeldt, perteneciente a la colección Fernandino Pi y que se incluye en la muestra inaugural que convoca, entre otros, la animación digital de Rafael Triana, las experiencias de realidad virtual de Alfredo Barroso o las inmersivas de Reinhard Gupfinger. Porque esta nave se ha pensado como lugar donde visionar obras de videoarte de artistas tanto emergentes como grandes figuras seleccionadas por MADATAC (ya se habla de Micro/Macro, de Ryoji Ikeda, una eminencia en la materia, y plato fuerte del festival de este año, que hasta el 24 de febrero extenderá sus tentáculos también al Círculo, la Cineteca o al NH Collection Eurobulding). Pero también piezas pertenecientes al escaso coleccionismo existente en España en torno a estas disciplinas.

Y todo a un coste «insignificante»: «El festival ha contado con alguna ayuda de la Unión Europea, que ya se acabó, de unos 10.000 euros, a los que nosotros tuvimos que añadir otros 10.000. Pero eso no es una ayuda. Lo es el millón que se lleva por ejemplo, PHotoEspaña, proyectos a los que no tiene sentido apoyar porque ya se mantienen solos», cuenta Lech. «No tenemos ánimo de lucro, pero sí que creo que respondemos a un mandato: hacer llegar este tipo de propuestas al público, atender al que ya hemos generado, y hacerlo contextualizando, de manera pedagógica y generando cantera».

Para su director, La Nave Digital, quizás algún día podría suponer el replanteamiento de MADATAC, e incluso, siendo muy optimistas, que las administraciones reconocieran su papel y lo sumieran como propio: «Eso me permitiría apartarme de la gestión y dedicarme a mi propia obra, a la que abandoné hace una década. Pero si algo he aprendido es que es más enriquecedor trabajar junto a los otros que hacerlo solo». Con ese espíritu nos invita a conocer La Nave Digital. Un nuevo punto de encuentro físico para contenidos digitales, los mal llamados new media, con toda una historia a sus espaldas que merece ser reactivada.