Ilustración de unas abubillas del libro «Aves extraordinarias»
Ilustración de unas abubillas del libro «Aves extraordinarias»
LIBROS

La naturaleza agita el mercado editorial

El deseo de un viaje atávico en busca de una relación original con el universo, al estilo de los trascendentalistas del siglo XIX, triunfa como materia literaria

Actualizado:

Se dice que en Yellowstone, en el noroeste de Estados Unidos, el frío es tal que en los tiempos heroicos a los tramperos se les congelaban la palabras según salían de sus bocas, y debían recogerlas, guardarlas y ponerlas junto al fuego por la noche para ensartarlas en frases y saber lo que habían dicho durante el día. Eso le ocurre a Rick Bass en el valle de Yaak, en Montana. Nacido en 1958 en Texas, decidió abandonar su trabajo como geólogo en una petrolera de Misisipi para trasladarse con su mujer a ese remoto lugar donde el ser humano -leñadores, cazadores, domadores de caballos, veteranos de Vietnam, atrapasueños- es la especie menos abundante y vive rodeado de osos, lobos, pumas, alces... «Mi corazón ha cambiado. Tengo menos prisa», escribe en Invierno (Errata Naturae). «Si vas lo bastante lento, seis o siete meses son una eternidad si te olvidas de las cosas viejas y aprendes otras nuevas. Hasta una semana puede durar para siempre».

Rick Bass no ha necesitado una «máquina de los sueños» (como la que utiliza Leonardo DiCaprio en Origen, el film de Christopher Nolan) para alargar su tiempo, sino fundar un rancho en la frontera con Canadá para entablar una relación original con el cosmos, al estilo de los trascendentalistas norteamericanos del siglo XIX, los Emerson, Thoreau y compañía. Un lugar para reflexionar y escribir. Los artículos y relatos de Bass han iluminado las páginas de The New Yorker, The Atlantic o Esquire.

Repliegue, no deserción

El deseo de un viaje atávico en busca de la naturaleza, del campo, del sector primario, del silencio, del tiempo remansado, agita el mercado editorial: se recuperan textos de los clásicos de la nature writing y se publican las experiencias de nuevos autores. Y así, entre las novedades, encontramos El arte de ver las cosas (Errata Naturae), de John Burroughs, el naturalista que fuera íntimo amigo de Walt Whitman. Con su barba impetuosa, a la moda de estos pensadores decimonónicos, siguió el manual de estilo: abandonó Washington para instalarse en una cabaña en los montes Catskill, en el sureste del estado de Nueva York, donde pasó medio siglo filosofando sobre la vida en los bosques. «Los sonidos y objetos humanos y artificiales se nos imponen, son parte de nuestro ámbito, por así decirlo; pero la vida de la naturaleza hemos de descubrirla por el camino», escribe. «Mis amigos a menudo me preguntan por qué le di la espalda al Hudson y deserté a estas tierras salvajes. Bueno, yo no lo llamo deserción; lo llamo una retirada, un repliegue». Burroughs siempre prefirió «estar al cuidado de unas cuantas cabezas de ganado que ser el guardián del sello de una nación».

El repliegue requiere un detonante. Puede producirse por un cruce de cables, como le ocurrió a Chris McCandless (Hacia rutas salvajes, de Jon Krakauer), o por una experiencia traumática, como la sufrida en Vietnam por Doug Peacock (Mis años grizzly). También en Errata encontramos Los gansos de las nieves, de William Fiennes, que tras superar una gravísima enfermedad abandonó la campiña inglesa para seguir la odisea de una bandada de gansos desde sus áreas de invernada en Texas hasta sus zonas de reproducción en el Círculo Polar Ártico.

El viaje como aventura y, también, como una forma de redención, es el argumento de autores como el norteamericano Gary Snyder, considerado el Thoreau de la «generación beat» y ganador del premio Pulitzer en 1975. En El Gran Magma (Varasek), este eco-poeta recopila varios ensayos sobre su experiencia en Asia Oriental. La italiana Michela Sonego relata en Maloca, maloca. Una pediatra en la Amazonia (Altamarea) su trabajo con los yanomamis, que «no son buenos, no son malos, solo están más cerca que nosotros de la naturaleza. Y la naturaleza no es ni buena ni mala. Es bella, brutal, dulce y violenta a la vez».

Ingenio animal

Pero el mercado «verde» no se alimenta solo de gurús de otro tiempo y de sus seguidores contemporáneos. Abundan los títulos que describen las habilidades de los animales, como El ingenio de los peces, de Jonathan Balcombe (Ariel). Ya conocíamos -en la misma editorial- El ingenio de los pájaros, de Jennifer Ackerman, y El alma de los pulpos, de Sy Montgomery (Seix Barral).

Este otoño se ha publicado una auténtica delicatessen para ornitólogos y asimilados: Aves extraordinarias (GeoPlaneta), cuya mayor virtud son las extraordinarias ilustraciones (más de 200), de una belleza deslumbrante, pertenecientes al fondo de la British Library. No es una guía de aves al uso para meter en la mochila junto a los prismáticos en nuestras correrías campestres, sino un volumen para degustar en el sofá de casa. Las láminas se complementan con los textos -no escritos para especialistas, y sin perder un ápice de rigor- de Mark Avery, que trabajó durante 25 años para la Royal Society for the Protection of Birds, la mayor organización sin ánimo de lucro de Europa dedicada a la protección de la vida salvaje.