«Lido di Spina» (1974), de la muestra «El mapa y el territorio»
«Lido di Spina» (1974), de la muestra «El mapa y el territorio»
FOTOGRAFÍA

Nada es lo que parece en Luigi Ghirri

El Museo Reina Sofía recorre una década muy concreta de Ghirri, el fotógrafo italiano de los artificios

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El Museo Reina Sofía la presenta como la primera gran cita de su autor fuera de Italia. Por algo lo será. Y no quieran entender con esto que le resto yo un ápice de interés a la fotografía de Luigi Ghirri (1943-1992). De hecho, pienso en las hordas de artistas españoles de calidad de los que nos queda aún por leer «primera exposición en Europa». Y algo tiene que tener este autor cuando ha seducido, ya no sólo a galeristas como Matthew Marks, cuanto al Folkwang Museum de Essen o al Jeu de Paume para organizar esta falsa retrospectiva de su labor.

«Falsa», porque solo se ocupa, sin mucho sentido, de una década de su trayectoria, la de los setenta, la que le resultó más fecunda, pero que desecha la posibilidad de darlo a conocer en capítulos posteriores también interesantes como «paisajista», colaborador de otros artistas (entró en el taller de figuras como Morandi) o como portadista de discos junto a Lucio Dalla.

Y así, acotado entre los años en los que deja la que era su actividad principal como aparejador y topógrafo (y que tanto le influirá en su manera de encuadrar y «mapear» con la cámara) y la exposición que le consagra, Vera Fotografia (1979), en la que reunió 14 «grupos» de trabajo -así llamaba a sus series-, y que son los 14 apartados en los que se divide esta cita madrileña, Ghirri podría parecer un fotógrafo amateur. Un amateur que apostó por el color cuando «la sustancia» fotográfica se destilaba en blanco y negro; un amateur que no positivaba sus negativos, sino que los llevaba a la típica tienda de barrio (de ahí el reducido tamaño y la evanescencia de muchos de sus originales)... Nada más lejos.

El recorrido da pie al (re)descubrimiento de un autor sistemático, pautado, enemigo de estridencias; un visionario que ya alertaba sobre las «imágenes intermedias», esas que dan pie a ficciones que amenazan con destruir nuestra experiencia directa de la realidad (¿no les suena eso a mundo virtual actual?); un autor obsesionado con lo que es real y lo que es ficción en la imagen: así, en Paisajes de cartón, no sabemos qué es atrezzo en lo natural; en El país de los juguetes, un parque de atracciones dispara la imaginación, como en In scala, lo hacen las miniaturas de uno temático.

En Atlante, macrolentes le permiten convertir en «imágenes reales» las sacadas de atlas... Ghirri se toma en «serie» el divertimento: en Catálogo, en Km. 0,250, en Infinito; en Diafragma; en el libro Kodachrome (uno de sus hitos), donde dispone las imágenes por parejas para provocar hallazgos inesperados; en Vedute, donde reflexiona sobre el encuadre y, por ello, sobre lo que delimita, lo que queda fuera... Cuanto más se empatiza con sus intereses, más se toma conciencia de su sano sentido lúdico de lo fotográfico.