«Una noche en la Ópera»
«Una noche en la Ópera»
CINE

Muchas noches de ópera en el cine

Todo lo que el séptimo arte absorbió del bel canto -y viceversa- se analiza en el libro «Ópera en pantalla», un texto repleto de maridajes y referencias

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Una divertida foto de los hermanos Marx en Una noche en la Ópera nos invita a entrar en un volumen bastante grueso (más de trescientas páginas), con muchas ilustraciones atractivas. El tema es bien interesante: las relaciones de la ópera con el cine (y otras pantallas). Que yo sepa, no se había tratado con esta amplitud y seriedad en España. Uno de los lemas iniciales, de Eugenio Trías, invita a reflexionar: «El cine es hijo de la ópera: realiza el ideal de obra de arte al que la ópera aspiraba». Una afirmación rotunda, sugestiva y discutible. Entre otras cosas, prescinde de la referencia al teatro. Y eso es mucho prescindir…

Ambiciosa referencia

Supongo que se refiere a la famosa aspiración de Wagner a la «obra de arte total», que continua siendo una ambiciosa y útil referencia. Este ideal podría servir, probablemente, para algunas obras de Visconti o Ingmar Bergman, no para otras películas, más atenidas al costumbrista retrato de la realidad. Coincido plenamente con los autores, en cambio, en uno de los puntos de partida: ópera y cine comparten el ser mundos estéticos no naturalistas, basados en el artificio (pág. 72).

Pertenecen los dos al mundo académico. Él es profesor en la Universidad Ramón Llull; ella, en la Internacional de Cataluña. Villanueva hizo su tesis doctoral sobre «La mediatización audiovisual de la ópera como proceso de apertura a nuevos públicos: el caso de la obra Don Giovanni, de Mozart. Los dos, en colaboración, un estudio sobre Carmen Jones, la adaptación cinematográfica que hizo Otto Preminger al ambiente negro. Ambos casos se comentan con cierta amplitud en este libro.

Se trata de una obra académica, en el pleno sentido de la palabra. Acumula una muy amplia documentación, que incluye películas poco conocidas y muy olvidadas; se remite frecuentemente a la bibliografía utilizada; antes de analizar casos concretos, intenta plantear unos fundamentos teóricos; en general, mantiene un tono sereno, sólo roto en algunas ocasiones: por ejemplo, el fuerte palo que da a Franco Zeffirelli: «El desacierto total de Callas Forever (2002), que fue (con justicia) un estrepitoso fracaso comercial». Me temo que, en este caso, no puedo estar en desacuerdo.

El libro se divide en dos grandes apartados: «La ópera en el cine» y «La ópera en las otras pantallas». A las dos les precede una introducción teórica sobre su «naturaleza audiovisual». La segunda parte se refiere a la televisión analógica, el vídeo, los medios digitales, las retransmisiones en los cines, internet, la publicidad… Creo que es una recopilación de datos con menos trascendencia estética que la primera. Me parece típica del mundo académico esa preocupación por no quedarse atrás, con cierta fascinación por lo más reciente, que no siempre es lo más importante.

Un detalle menor: en una obra tan amplia (se utiliza la doble columna, como en las antiguas ediciones de Obras Completas de Aguilar), los capítulos se suelen dividir en bastantes apartados pero éstos últimos no aparecen en el índice final. Si se hubiera hecho, habría alargado mucho ese índice pero también habría facilitado al lector localizar algún punto. Se agradecen mucho los índices de óperas y de películas citadas; también habría agradecido un índice de nombres mencionados. Para el lector medio, sería más útil que la amplia bibliografía, muy académica.

Perspectivas variadas

Quizá por limitación mía, no me parece lo más interesante la introducción sobre la ópera y el cine como «dos lenguajes artísticamente híbridos». Lo que más me atrae -y supongo que a muchos lectores- es encontrar una amplia referencia de películas relacionadas con el mundo de la ópera, muchas más de las que yo conozco, y el enjuiciamiento más demorado de algunos ejemplos relevantes. Se suman perspectivas variadas: biografías de compositores y cantantes; reproducciones documentales de grandes producciones; películas inspiradas en títulos o mitos operísticos…

Las discrepancias de cualquier lector se centrarán en el espacio que se concede a cada película. Detalladamente se analizan tres «grandes modelos»: La flauta mágica, de Ingmar Bergman; el Don Giovanni, de Losey; y el Parsifal, de Syberberg; además, por ejemplo, de la citada Carmen Jones y de E la nave va, de Fellini. Me habría gustado un tratamiento más amplio de las cintas de Visconti o del origen teatral de La tragédie de Carmen, de Peter Brook; también, de la influencia de Puccini en la música de cine y de las relaciones entre la ópera y el musical; además, haber tenido más en cuenta los libretos y los guiones cinematográficos.

El libro trata un tema muy atractivo, pero desde un punto de vista muy académico: esa es su virtud y su limitación para un lector no especializado. Para los de «media cuchara» (como decía Fernán Caballero), nos servirá como muy útil obra de referencia.