Keeley Hawes y Richard Madden en «Bodyguard»
Keeley Hawes y Richard Madden en «Bodyguard»
Series de TV

Miniseries británicas sin Brexit

Dos historias que suman nueve capítulos, «Bodyguard» y «A very english scandal», confirman que nadie supera a los británicos en el medio fondo

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No hace falta salir del Reino Unido (ni siquiera de la BBC) para encontrar algunas de las mejores miniseries del momento. De cualquier momento. La moda obliga a hablar de Bodyguard, última creación de Jed Mercurio, un tipo que, más allá del juego que puede dar su apellido, podría contar su propia vida si algún día se queda sin historias en la chistera. Pasó de la Medicina al Ejército y después abandonó éste llamado por la necesidad de escribir libros y series, casi siempre de éxito.

Sin las audiencias millonarias de la citada producción, pero con la crítica de su lado, de la última hornada también destaca A very english scandal, inteligente y amena recreación de un escándalo político que se gestó en los sesenta y estalló en los setenta. El guionista Russell T. Davies y el director Stephen Frears lo resumen con maestría en tres actos.

Hugh Grant da vida a Jeremy Thorpe, cuya relación con un joven acabó con su carrera política, en la serie «A Very English Scandal»
Hugh Grant da vida a Jeremy Thorpe, cuya relación con un joven acabó con su carrera política, en la serie «A Very English Scandal»

«A very english scandal»

Empecemos por lo menos obvio. La forma saltarina que tiene la historia de avanzar, al ritmo de la música, es solo uno de los atractivos de esta serie, basada en el libro de John Preston, que no dura mucho más que una película larga. En España la podemos ver a través de Amazon, plataforma que la estrenó casi de tapadillo, aunque pronto reparó en el éxito que tenía entre manos.

Su principal acierto quizá sea el tono, el punto de vista. Nadie parece tomarse demasiado en serio (una constante en Hugh Grant), lo que otorga al relato una ligereza que se agradece. El retrato del Reino Unido de aquellos años también es enriquecedor y contradictorio. País puntero, hasta muy tarde no excluyó la homosexualidad de su catálogo de delitos, pero Frears y los suyos huyen del camino más fácil. El director de Las amistades peligrosas y The Queen elude el predecible tono de denuncia, con un distanciamiento ejemplar. El maestro entiende bien los ribetes cómicos de este drama político y judicial, de consecuencias dramáticas, protagonizado por quien fuera líder del partido liberal.

Dentro del reparto, comanda la función un valiente Hugh Grant, cuya caracterización quizá desconcierte. En todo caso está muy bien escoltado por Ben Whishaw (El perfume) y Alex Jennings (The Crown), un actor condenado a que sus personajes se despeñen.

«The bodyguard»

La serie de Jed Mercurio es el fenómeno de la temporada. Como principal reproche, se puede argüir que no supera, con más medios, lo conseguido en Line of duty, en la que contaba las peripecias del siempre odiado departamento policial de Asuntos Internos. Donde sí ha mejorado sin discusión es en número de espectadores. Bodyguard disparó la audiencia de la BBC en el Reino Unido, creció después bajo demanda en BBC iPlayer y empieza a esparcirse por el mundo a través de Netflix, su ventana en España.

Del sello del creador perduran las principales características. Mercurio entiende como nadie, por algo era médico, los mecanismos narrativos que tensan la espalda del espectador. Su escritura de los interrogatorios policiales es también insuperable. Como aportación añadida, el arranque ferroviario del primero de los seis capítulos es de lo mejor que se ha visto en televisión. Son cerca de veinte minutos en los que se secuestra la atención del espectador, que luego quizá acusa el golpe, porque es imposible mantener el listón. El creador británico remonta los valles y vuelve a escalar con el hipnótico episodio final, que compensan cualquier deficiencia y recupera a los espectadores menos complacientes.

Y al contrario de lo que ocurre en A very english scandal, quizá a Bodyguard le penalicen sus ramificaciones conspiratorias, no siempre bien cerradas. Por el contrario, absorbe con astucia el debate real (o ficticio, según se mire) entre libertad y seguridad. Los intentos de cambios legislativos en el Reino Unido están en el centro de las tramas.