David Lagercrantz
David Lagercrantz - AFP
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«Millennium 5»: miedo a lo desconocido

¿Qué necesidad hay de exprimir hasta la agonía a unos personajes magistrales en la pluma de su autor original, pero autoparódicos en manos de quien los mantiene con vida?

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¿Cómo interpretar unas ventas de millones de ejemplares? Con Lo que no te mata te hace más fuerte (2015), David Lagercrantz tomó el relevo en la saga Millennium del fallecido Stieg Larsson y las consiguió. Después de leer El hombre que perseguía su sombra, la quinta entrega de la serie protagonizada por el comprometido periodista Mikael Blomkvist y la inclasificable -para bien- Lisbeth Salander, podemos responder a la pregunta que ha abierto este párrafo con una palabra: cobardía. Y ampliamos un poco más: cobardía de doble dirección.

Por un lado, ¿qué necesidad hay de exprimir hasta la agonía a unos personajes magistrales en la pluma de su autor original, pero autoparódicos en manos de quien recibe el encargo de mantenerlos con vida a toda costa? A lo largo de las primeras sesenta páginas de El hombre que perseguía su sombra asistimos al comienzo de una trama que se sustenta en el cliché y se arrellana en él, devolviéndonos a lugares en los que fuimos felices -la marginal infancia de Salander, los escarceos de Blomkvist, las trampas de la red- y a los que no deberíamos tratar de regresar, como dice la canción, precisamente por eso.

Lisbeth está presa en una cárcel dominada por una convicta mafiosa y tirana, Benito, que es más mala que un dolor. Una historia que ya nos han contado antes y mejor, pero que resulta suficiente para un sector editorial que, lejos de arriesgar, se empeña en reincidir hasta convertir un éxito en una canción que, por repetida, se vuelve insoportable. Aunque no sólo ellos tienen la culpa porque, por otro lado, también los lectores somos cobardes y nos dejamos llevar por la inercia.

El principio de Los hombres que no amaban a las mujeres(Larsson, 2008), con la descripción de una pared forrada de flores enmarcadas que Henrik Vanger había recibido puntualmente en cada cumpleaños, sin remitente y por correo, lanzaba al lector al otro lado del espejo. El principio de El hombre que perseguía su sombra (y los acontecimientos que le siguen), no. Así que, si se dan una vuelta por la mesa de novedades de género en los próximos días, acepten un consejo: dejen la inercia a un lado y sean valientes.

Venzan el miedo. No siempre es preferible lo malo conocido a lo bueno por conocer.