Javier Cámara, María Pujalte, Nuria Mencía y Adam Jezierski, en «Vota Juan».
Javier Cámara, María Pujalte, Nuria Mencía y Adam Jezierski, en «Vota Juan».
EPISODIOS PERDIDOS

Los mejores villanos en series de humor

Los magníficos Javier Cámara y Don Cheadle brillan en «Vota Juan» y «Black monday»

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En la era de la ultracorrección, hacer comedia es más peligroso que nunca, sobre todo sobre algunos asuntos. Vota Juan osa hurgar en la susceptible política española, mientras que Black monday pica aún más alto y pone en tela de juicio los asuntos económicos y la frágil estabilidad de Wall Street. Quizá como mecanismo de autodefensa, ambas series navegan entre la farsa y la sátira, siempre lejos de la costa del realismo, marcando las distancias y eludiendo las referencias demasiado obvias. Ambas producciones se apoyan a su vez en dos intérpretes indiscutibles, Javier Cámara y Don Cheadle, capaces de soportar al personaje más ruin sobre sus conciencias.

«Vota Juan».

Juan Cavestany y Diego San José, con ayuda de Víctor García León, son los creadores del estreno más visto de TNT esta temporada, por delante de Big Bang y Vikingos. El Juan Carrasco que escribieron ellos y que completa Javier Cámara sigue la estela de otros grandes seres despreciables de la comedia, como George Constanza y Barney Stinson. Hay que ser muy grande para acomodar tantos defectos sin reventar por dentro y sin desmarcarse en ningún momento del personaje.

Cámara enriquece su retrato del político trepa, inútil y sin principios con detalles de patética vulnerabilidad. En el fondo, tiene conciencia y es capaz de llorar al mirarse al espejo, aunque por sus diálogos -«No hago populismo, solo digo lo que la gente quiere oír»- denote un desprecio absoluto por las normas y una ignorancia que solo supera el lacayo del equipo, Adam Jezierski. Las migajas de sensatez las aportan María Pujalte y Nuria Mencía, que le recuerdan constantemente y sin el menor éxito lo que debe o no hacer. «Yo no estoy dispuesto a rebajarme a cualquier nivel para ganar las primarias», dice en algún momento de los cuatro capítulos (de ocho) ya estrenados. «¿Entonces cómo piensas ganarlas?», le pregunta una de sus asesoras, con los pies sobre la tierra. El equipo recuerda al de Veep, por supuesto, comparación que es un elogio, y Cámara no es peor que Julia Louis-Dreyfus, lo que es una barbaridad.

Don Cheadle, Andrew Rannells y Regina Hall, en «Black Monday»
Don Cheadle, Andrew Rannells y Regina Hall, en «Black Monday»

«Black Monday»

No tiene un papel más sencillo Don Cheadle en la serie que pretende desmontar el batacazo que se dio la bolsa el 19 de octubre de 1987. Lo más llamativo del caso es que, por una vez, los gurús de las finanzas no supieron de dónde les vino el guantazo ni siquiera a posteriori. La serie de Showtime, que en España emite Movistar+, ofrece una explicación poco plausible pero divertida, si uno es capaz de meterse en el humor rápido y a veces chabacano de Jordan Cahan y David Caspe.

Cheadle da vida a un sinvergüenza absoluto, este sí verosímil, una amenaza imprevisible que, con los coadyuvantes necesarios y algún excipiente letal, acabarán por desencadenar la peor vomitona de Wall Street en la era moderna. El argumento está tan pasado de rosca como el lobo de Scorsese y DiCaprio, puede que un par de vueltas más, con algún homenaje a las Armas de mujer que encarnó Melanie Griffith. El sinfín de guiños es disparado a toda velocidad -lo mejor de la serie-, sin reparar en muertos ni heridos, sobre todo si son de carácter moral. «Soy un genio», proclama Cheadle, un segundo antes de que un empleado devuelva la pelota: «Eres el Stephen Hawking que habla».

«Success»

En esta serie croata la comedia no tiene cabida, pero se incluye aquí este título para evitar que termine por quedarse fuera de la página. Es posible verla en HBO y la dirige Danis Tanovic, cineasta que algunos recordarán por la oscarizada película En tierra de nadie, que sí contenía buenas dosis de humor, aunque fuera negro.

En los seis capítulos de Success, el guionista Marjan Alcevski cuenta el encuentro gafado de cuatro personajes muy distintos, que compartirán desde ese momento el temor a ser detenidos por lo que se ven obligados a hacer. La historia funciona, los actores resultan como mínimo adecuados y la intriga avanza a un ritmo que atrapa. Se puede pedir poco más y ayuda a ampliar miras. Su relación calidad-precio es inmejorable.