El Wanda Metropolitano el día de su inauguración
El Wanda Metropolitano el día de su inauguración - IGNACIO GIL
ARQUITECTURA

El mejor estadio del mundo está en Madrid

Los últimos Industry Awards han reconocido al Wanda Metropolitano del Atlético de Madrid como el mejor estadio del mundo en 2018. Sus autores, Cruz y Ortiz, desgranan las claves de su éxito

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Aunque buena noticia, el reconocimiento con el premio al mejor estadio para el Wanda Metropolitano dentro de los Industry Awards que se conceden en el marco del World Football Summit, la verdaderamente reseñable, a decir de sus arquitectos Antonio Cruz y Antonio Ortiz, es que a un año de su inauguración no haya sido motivo de noticias: «Eso significa que está funcionando razonablemente bien y por eso no ha habido que hablar de él. La mejor noticia para nosotros es no haber recibido requerimiento alguno de los responsables del Atlético de Madrid en todo este tiempo».

Valorando factores como la operatividad, los accesos, la comodidad, la incorporación de avances tecnológicos al proyecto y la experiencia del aficionado, el jurado impuso al Wanda Metropolitano sobre sus otros dos contendientes: el Century-Link Field en Seattle, firmado por el equipo Ellerbe Beckett, y el Mercedes Benz Stadium en Atlanta, del despacho HOK.

El nuevo estadio del Atlético de Madrid es el resultado de la ampliación del antiguo estadio de atletismo de la Comunidad de Madrid, conocido como «La Peineta», cuyo proyecto fue redactado también por Cruz y Ortiz y cuya construcción finalizó en 1994. En 2007, se dio inicio a la construcción del proyecto de ampliación de esa infraestructura con el objetivo de dotarla de aforo para 70.000 espectadores y transformarlo en un estudio de fútbol para acoger encuentros de la UEFA.

El resultado es un cuerpo sólido, externamente definido por la uniformidad y homogeneidad que le confiere la construcción en hormigón, unificado por una gran cubierta de estructuras tensadas. Ésta es, de hecho, uno de los elementos protagónicos del nuevo estadio, con unas dimensiones de 286 metros en sentido norte-sur y de 248 en dirección este-oeste, lo que le permite cubrir la práctica totalidad de los asistentes a los partidos que tienen lugar en él. «La cubierta es uno de los elementos que contribuyen a que todo el edificio se comprenda como un interior, algo que yo creo que constituye uno de los puntos fuertes de este estadio», explica Antonio Cruz.

Sentido acogedor

«Aunque es un estadio de dimensiones amplias, tiene un sentido acogedor: las gradas son cómodas, los pasillos son anchos… Y no es uno de esos estadios donde el espectador pierde la sensación de estar en fuerte conexión con el terreno de juego. Tiene una intensidad de espacio escénico. He podido valorar especialmente esa cualidad cuando, recientemente, he asistido a partidos de fútbol en otros estadios que, en comparación, me han parecido muy pequeños. En el Wanda Metropolitano el aficionado no tiene sensación de desamparo, de estar demasiado lejos del campo. Ése me parece su principal valor. El estadio es una inmensa habitación unificada por la cubierta, cuya forma unitaria y centrada, simple, sirve para enfatizar su carácter de ámbito acogedor».

Respecto a las particularidades tecnológicas del proyecto, Cruz destaca la posibilidad de realizar juegos lumínicos durante los encuentros, un recurso destinado a potenciar el estado de entusiasmo del público: «Es también un factor importante que confiere al estadio de una singularidad muy atractiva y que forma parte del ambiente festivo con que el aficionado vive la unión con su club».

Accesos interiores del equipamiento
Accesos interiores del equipamiento

Otra de las particularidades de este edificio, que este año acogerá la final de la Liga de Campeones, es su ubicación: «Es un aspecto que todavía no está muy bien asumido en los estándares o maneras en que en España son entendidos estas construcciones. Tradicionalmente, la mayor parte de ellos han quedado rodeados por la ciudad. Pienso en el Bernabeú, el Camp Nou, el Sánchez-Pizjuán, que son estadios muy urbanos y mantienen una relación muy intensa con la ciudad. La situación periférica del Wanda Metropolitano plantea una relación algo distinta, ya que implica que los socios y aficionados tienen que desplazarse hasta él. Sin embargo, parece ser que están habituándose a este carácter. La cercanía de una estación de metro lo está facilitando y tampoco está habiendo problemas graves de aglomeración de tráfico. Movilizar en pocas horas a 70.000 personas siempre es complejo, y no podemos dimensionar las infraestructuras de transporte para evitar disfunciones. Eso exigiría disponer de unas infraestructuras de escala enorme. Sin embargo, de momento, es un aspecto que no ha resultado problemático».

A menor escala

Actualmente, hay otro proyecto relacionado con la arquitectura deportiva sobre la mesa de estos arquitectos, responsables de la estación de Santa Justa en Sevilla y la celebrada ampliación del Rijksmuseum de Ámsterdam: «Es un complejo deportivo en Lugano (Suiza), y se trata del emprendimiento más importante que está desarrollándose en este momento en esa ciudad. Estamos construyendo un estadio de menores dimensiones, para 10.000 espectadores, pero que va unido a un palacio de deportes y a unos edificios de oficinas. Aunque la experiencia de la dimensión respecto al Wanda Metropolitano es distinta, sí es similar la de la complejidad. Pese a ser un edificio de menor tamaño, los componentes de funcionamiento son los mismos y los problemas que plantea son similares. Además, hay que tener en cuenta la idiosincrasia suiza, donde cualquier eventualidad debe estar prevista, no hay lugar para improvisaciones, y hay un altísimo grado de exigencia».

El Wanda Metropolitano es un estadio de última generación, tecnológicamente pensado para satisfacer las exigencias del fútbol actual, las cuales a veces se distancian del espíritu del juego. No obstante, el tiempo transcurrido desde su inauguración está demostrando que se va mimetizando con el alma de la hinchada y adquiriendo la mística necesaria.