Las diez mejores exposiciones de 2012, según los expertos
Una de las obras presentes en Documenta 13 - abc
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Las diez mejores exposiciones de 2012, según los expertos

Los principales agentes artísticos de nuestro país eligen las diez mejores propuestas en su ámbito de 2012. De Artaud a De Kooning, de Documenta 13 a Tatlin... Citas para recordar

javier díaz-guardiola (compilador)
madrid Actualizado:

Daniel Castillejo (Artium)

«Estrategia de juego», de Alhigiero Boetti. MNCARS. Madrid Del 05/11/2011 al 07/02/2012

Tras visitar la exposición de Boetti en el Museo Reina Sofía, sentí una sacudida mental. Fue hace casi un año, pero aún repaso de vez en cuando el latigazo que me recorrió. Nunca había visto una exposición suya tan exacta y completa. Recogía gran parte de su trayectoria con tanta profundidad que me permitió percibir las urdimbres de un artista ferozmente poético con el pensamiento. Recuerdo que nada más llegar al hotel escribí: «Hoy me he reconciliado con el arte».

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Pero en realidad, me reconcilié conmigo mismo. Aquel día, fui deslizándome entre las obras de la muestra, y, sin saberlo, me contemplé en ellas. Reviví episodios de mi adolescencia donde el placer del juego, las reglas inventadas de la existencia de cosas y palabras, el azar en momentos de ensimismamiento y la exploración mental era una aventura cotidiana que el transcurrir de mi vida desechó. Craso error. Boetti no lo hizo y hoy rindo pleitesía a esa valentía. Qué extraño cortocircuito le permitió vivir su vida así, en el límite entre el pensamiento aparentemente pueril y esa conciencia de la realidad. Tal vez fue el mismo clic que hizo que Duchamp jugara con nosotros, determinando definitivamente nuestra percepción del arte, o el que hizo escribir a Mallarmé que un golpe de dados nunca abolirá el azar.

Juan A. Álvarez Reyes (CAAC)

«The Tanks. quince semanas de arte y acción», Tate Modern. Londres. Del 18/07/2012 al 28/10/2012

Hay ocasiones en las que lo importante es la actitud. Una de ellas fue la que muy mediáticamente –como casi siempre en la Tate Modern– se produjo en pleno verano londinense: la apertura en la antigua central de energía de los tanques de combustible. Esta ampliación no fue solo física, sino también temporal, puesto que abrió el museo hacia manifestaciones artísticas que, aunque bien conocidas, no encontraban el acomodo ni espacial, ni temporal adecuados. La actitud, en este caso de la Tate, es lo que cuenta. Aunque también las diferentes instalaciones que han podido ir viéndose, algunas poco conocidas.

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El cine expandido, pero también la performance social o los eventos en vivo son los tres ejes que marcan esta nueva actitud de uno de los grandes hacia manifestaciones artísticas que alcanzaron su momento álgido en los setenta, pero que han derivado hacia otras complejidades en el presente.

Los museos han ido acogiéndolas pero, debido a las dificultades, se tendió más a mostrar la documentación sobre los procesos que los trabajos en sí. Parece que con la actitud de la Tate Modern esto va a cambiar. La coincidencia con la intervención de Tino Sehgal en la Sala de Turbinas señalaba la necesidad participativa y de inmersión de los espectadores.

José Jiménez (Crítico)

«Un nuevo arte para un mundo nuevo», de Tatlin. Museo Tinguely. Basilea (Suiza)Del 06/06/2012 al 14/12/2012

Con más de cien obras, que suponían una reconstrucción bastante completa de la trayectoria de este creador decisivo, y a casi veinte años de la primera exposición monográfica sobre Tatlin en Occidente, la cual tuvo lugar en 1993, esta magnífica muestra en el Museo Tinguely de Basilea ha permitido profundizar en la importancia de sus propuestas.

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Su comisario, Gian Casper Bott, la ordenó por secciones. No solo estaban dos de las mejores reconstrucciones de la maqueta de su obra de mayor impacto -el Monumento a la Tercera Internacional (1919-1920)–, sino también una importante selección de sus primeras obras, pinturas cubistas con una fuerte influencia de Picasso. Junto a ello, sus relieves y contrarrelieves, en los que Tatlin experimentaba con los materiales; sus trabajos para el teatro; sus esculturas-máquinas para volar, y todo un conjunto de documentos históricos.

En estos momentos de incertidumbre generalizada, Tatlin vuelve desde la Historia como un artista total, uno de los mejores ejemplos del compromiso moral y político que el arte debe mantener con los seres humanos. Y es que su trabajo, una de las expresiones más consistentes de la relación entre arte y utopía.

Carlos Urroz (ARCO)

«Apertura». Galerías de Artemadrid. Madrid. Del 20 al 23 de septiembre

Destaco Apertura, que se celebró entre el 20 y el 22 de septiembre, por la capacidad de las galerías de Madrid de unirse y convocar a coleccionistas y profesionales de todo el mundo, así como por la calidad de las exposiciones con las que arrancaron la temporada. Asimismo, lo elijo por la capacidad de emocionar y de hacer resurgir el interés por al arte contemporáneo, que parece aletargado durante el año.

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La inauguración conjunta de las exposiciones, el amplio programa de actividades, las visitas a museos y colecciones, los encuentros... convierten al arte contemporáneo durante tres días en uno de los grandes protagonistas de la ciudad. Apertura es una iniciativa privada, organizada por ArteMadrid, que ARCOmadrid ha apoyado este año, y que puede convertirse en otro interesante momento del arte contemporáneo en la ciudad. La calidad de sus exposiciones, y el hecho de que coincidiera con la inauguración de tres nuevos espacios galerísticos, atrajo a coleccionistas y aficionados de España y del extranjero. ARCOmadrid colaboró con su iniciativa ARCO GalleryWalk ofreciendo visitas guiadas gratuitas por distintas galerías del centro.

Delfín Rodríguez (Crítico)

«William Blake. Visiones en el arte británico». CaixaFórum. Madrid. Del 03/07/2012 al 21/10/2012

Visionario, pintor y escritor de lo imaginario, el británico William Blake (1757-1827) fue y sigue siendo figura tan fascinante como enigmática. Soñador de mundos e imágenes tan fuera de la Historia como comprometidos a contracorriente con ellos, se situó siempre entre los cielos y los infiernos, entre Dante, la Biblia y sus profetas.

Ilustró metáforas de Europa y América, historias fantásticas y sagradas, de Job a Osián, con una técnica de dibujo lineal y gráfica en las que el color se convierte en una forma de dicción de la transparencia ofuscada por lavigilia, por la noche y su luz, aunque aparentase hablar cotidianamente con sus propias figuras, con santos, ángeles y demonios; con el bien y el mal en conflicto constructor y destructor.

Artista creador de extrañas imágenes y relatos visuales y gráficos tan fantásticos como alegóricos, mantuvo siempre un raro equilibrio entre motivos clasicistas de limpio diseño, inspirados en modelos de la cerámica griega, y contenidos medievales y propios de la visión ensoñada, miguelangelescos a veces, sobre todo en la monumentalidad de sus desnudos. Sus relatos gráficos deambulan por escenarios terroríficos, desérticos, celestiales, siempre lugares de la imaginación o de la profecía, tan irreales que potencian el poder de sus figuras, el retorno a los orígenes, con una escritura en la que la caligrafía se transforma en espacio simbólico de sus narraciones visuales.

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Situado en el lado oscuro y sombrío de la Ilustración y de la Razón –como tantos otros artistas, de Barry a Füssli, de Flaxman a Carstens–, tensó las fronteras y los roces entre lo neoclásico y lo romántico, entre la elocuencia de la abstracción lineal y la pesadilla, que dan forma a sus imágenes, sublimes artefactos de terror e inquietante belleza. Símbolos no siempre compartidos, mantuvo lo irreal en la esfera de lo poético y de lo político, de lo religioso y lo literario, de lo que se sitúa en inverosímil presencia ante el abismo, fronterizo entre lo soñado, lo desnudo y el desnudo ideados, imaginarios, y lo primitivo, tocando el mundo de las hadas y el de la Historia, cruzado con la visión real de lo fantástico, incluso en el caso de Urizén, que, con compás en la mano, mide un mundo que es a la vez tan mágico y esotérico como newtoniano y racional.

Recorrer sus obras por CaixaFórum y su influencia en el arte británico hasta Sutherland o Paolozzi, pasando por los prerrafaelitas, fue el objetivo de esta memorable muestra de la eficacia poética de lo incierto.

Bartomeu Marí (MACBA)

«Documenta 13», de Carolyn Christov-Bakargiev. Kassel. Del 09/06/2012 al 16/09/2012

La última Documenta no pasará a la Historia como la más coherente, la más trabada intelectualmente o la más rompedora. Sin embargo, la considero como el evento artístico más relevante de 2012. La ambición con la que se abordó sacó la noción de «arte en relación con la naturaleza» del contexto bucólico que ha dominado la mayoría de experiencias de este tipo en el pasado. Documenta 13 ha sido tremendamente ecléctica. En ella era imposible no encontrar un trabajo que no interesara. Y no recordaré esta edición como una reunión de «sospechosos habituales». El esfuerzo por combinar generaciones, orígenes y posiciones estéticas diversas fue muy fructífero.

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Cabe dedicar una mención especial a la sección denominada «El cerebro», el pabellón central del museo Fridericianum. El de esta Documenta ha sido surrealista: recordaba la combinación incongruente de ideas, formatos, técnicas, procedencias y significados disparatados en apariencia, que permitían conciliar a Judith Barry y Antoni Cumella.

Nunca el sonido y las experiencias proto-operísticas habían jugado un papel tan preeminente. La producción específica de gran mayoría de las obras nos dio cuenta de la buena salud del mercado que puede financiar un evento así.

Manuel Borja-Villel (MNCARS)

«Matisse, parejas y series». Centro Pompidou. París. Del 07/03/2012 al 08/06/2012

Matisse. Parejas y series, en el Pompidou, era doblemente estimulante para alguien cuya vocación es articular discursos mediante la disposición determinada de obras de arte en el espacio. La exposición versaba sobre el proceso de investigación de un artista que concebía la pintura en términos de pensamiento, un tipo de pensamiento esencialmente pictórico. A través de las repeticiones, las series y las secuencias, en la cita se podían seguir los hitos de ese pensar desde la pintura que Matisse iba a desarrollar sin descanso durante su larga carrera.

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Como se podía descubrir allí, el de Matisee fue un pensamiento abierto y de lo abierto, que explora las infinitas posibilidades de un lenguaje específico (el de la pintura), pero que implica una serie de decisiones, de actos de voluntad y un alumbramiento de diferencias. Cada cuadro, cada repetición, cada elemento de la serie, supone una encrucijada desde la que se pone en movimiento una inteligencia pictórica capaz de proyectar trayectorias anteriormente desconocidas, ampliando el campo de lo visible.

Un goce y un conocimiento que van más allá de la obra de un maestro de la vanguardia, e incluso trasciende el campo de la pintura, pues deriva de la contemplación del proceso mismo del pensar el mundo.

Javier Montes (Crítico y escritor)

«Los ingobernables». New Museum. Nueva York. Del 15/02/2012 al 22/04/2012

Luciendo profesionalidad y trabajo serio y rehuyendo grandes ambiciones teóricas, la Trienal del New Museum propuso un buen panorama del arte más joven en todo el mundo. Y en todo el mundo de verdad, porque la comisaria supo sacar partido a los criterios fijos de la convocatoria: incluir a artistas de 35 para abajo y ganas de peinar el planeta para encontrarlos. De los 55 participantes, muchos exponían por primera vez en EE.UU.; y eran mayoría los asiáticos y latinoamericanos.

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Captaba bien el zeitgeist juvenil global y proponía hilos reconocibles con los temas y formas de la generación nacida entre la mitad de los setenta y la de los ochenta. Los llamaba «los ingobernables», y los caracterizaba mediante su desconfianza de los grandes relatos ideológicos, la heterogeneidad, el hábito de lo provisional, la familiaridad con las tecnologías, la capacidad para lograr grandes efectos con pocos recursos y una ironía desafiante.

Jong permitía respirar un indefinible aire de los tiempos: la precariedad del postcapitalismo, la antieficiencia, la revisión escéptica de la Historia y una especie de pesimismo activo (y combativo) que conecta con el estado de ánimo de muchos, jóvenes o no, en todo el planeta.

Juan Ignacio Vidarte (Guggenheim-Bilbao)

«De Kooning, una retrospectiva». MoMA. Nueva York. Del 18/09/2011 al 09/01/2012

Nueva York ha dado grandes exposiciones en este 2012. De la comisariada por Carmen Giménez en el Guggenheim dedicada al Picasso en blanco y negro, a la del Metropolitan sobre los Stein coleccionistas en el París de los años treinta de la pasada centuria.

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Pero quiero quedarme con la retrospectiva que el MoMA organizó de William de Kooning. Para mí, este ha sido siempre el mejor pintor americano de todos los tiempos. La muestra, exhaustiva y completa, me sirvió para aumentar mi estimación personal hacia su trabajo. Porque la exhibición dejaba claro que no se puede adscribir a este gran artista a una única corriente. Él fue uno de los grandes representantes del expresionismo abstracto, pero el montaje confirmaba que supo enfrentarse a abstracción y figuración con la misma fuerza, incluso, al tiempo.

La muestra estaba conformada por más de 200 obras, y, aún así, no resultaba abrumadora; más bien al contrario. Fue un verdadero placer reencontrarse con algunas de sus obras fundamentales, como sus mujeres, Excavation, o las últimas, en las que el declive físico dio pie a unas piezas esenciales y magistrales.

Fernando Castro Flórez (Crítico)

«Espectros de Artaud». MNCARS. Madrid. Del 19/09/2012 al 17/12/2012

El funeral del arte, como apuntó el teórico Hal Foster, suele celebrarse por el cadáver equivocado, especialmente en una época de pesadilla en la que los espectros habitan, de forma esplendorosa, los museos. El MNCARS ha sabido acoger los espectros, valga el juego acuñado por Derrida, de Marx, Roussel, Warburg y, ahora de forma tan inquietante cuanto oportuna, de Artaud.

Aquel pensamiento febril e incluso desquiciado que pretendió imponer el teatro de la crueldad es uno de los vectores secretos de la contemporaneidad. Kaira M. Cabañas ha dado por supuesta la «hagiografía» estricta de Artaud para proponer una lectura de su «influencia» en los años cincuenta, rastreando algunas experiencias artísticas que tenían que ver con el deseo de trascender los límites del lenguaje. La escena parisina del letrismo, la reconstrucción de Theater Piece #1, de John Cage, presentada en 1952 en el Black Mountain Collage, y los planteamientos del neoconcretismo brasileño, con figuras como Ferreira Gullar, Oiticica o Lygia Clark, dan cuenta de propuestas que desbordaban el código restrictivo del modernismo defendido por Clement Greenberg.

Asistimos a la singularidad de unas estéticas de la impureza, ya sea en el primer «Manifiesto por la poesía concreta», de Öyvind Fahlström, o en la estilística post-mallarmeana de los hermanos Campos en Brasil del montage discrépant de los filmes de Isou o Lemaître a las hipergrafías de Pomerand.

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El mismo Derrida planteó la pregunta de en qué condiciones se puede invocar legítimamente un teatro o un arte en el nombre de Artaud. Aquella invocación o poner en escena la vida en lo que esta tiene de irrepresentable hace que toda «herencia» de Artaud sea algo que impone una representación imposible de cumplir.

Con todo, los alaridos, la oscuridad constante, la atmósfera inhóspita y nada complaciente de las escenas fantasmales que nos acechan en esta exposición consiguen sacarnos de quicio o, en otros términos, de esa nueva teología de la «crisis de confianza».

Artaud siempre fue un nostálgico defensor de la «esencia silenciosa» del cine; en todo caso, estaba dispuesto a captar el silencio del desierto, materializar la dimensión nihilista de la modernidad. Desconfiaba de la dictadura de la cara humana y quería llegar a un cuerpo sin órganos, pero su semblante demenciado y su corpo- ralidad crispada siguen siendo presencias hipnóticas. Gritaba en una época que se deslizaba hacia lo atroz. Este alarido, irritante y cruel, da que pensar.