«Thereisanewsoundintheworld» (2019), de Markus Linnenbrink
«Thereisanewsoundintheworld» (2019), de Markus Linnenbrink
ARTE

Markus Linnenbrink, el denso y espeso brillo del tiempo

La galería Max Estrella acoge la obra más reciente de este artista alemán, que sigue buscando formas de representar historias públicas y personales mediante el uso de apabullantes colores

MadridActualizado:

Tras el, cuando menos, curioso título de « Wholewideworldwonderful» –así, todo seguido, en una suerte de alarde respiratorio–, se encuentran las obras más recientes de Markus Linnenbrink, artista alemán nacido en Dortmund en 1961 y residente en Nueva York desde la década de los noventa.

El empleo de resinas epoxi pigmentadas es una de sus principales señas de identidad artística. Desde hace ya años utiliza en sus procesos pictóricos una combinación de pigmento en polvo y resinas con la que logra efectos plásticos difíciles de conseguir con otros materiales cromáticos más tradicionales. Así, junto a una gran temperatura de brillo y a una translúcida luminosidad, otorga a sus obras una fisicidad, una corporeidad y una sutil pero potente tridimensionalidad.

Polifonía cromática

Junto a este rasgo distintivo podemos también encontrar una constante –y casi diría apabullante– presencia del color, como una especie de polifonía cromática, desplegada en una gran diversidad de tonos y timbres. Recuerdo que, hace ya unos años, cuando nos conocimos, me confesó que fue precisamente un viaje a Italia el que en cierto modo «me inoculó la idea del color. Tuve que caminar mucho tiempo a través de la tierra y el barro para alcanzar finalmente la luz…».

La muestra presenta diversas obras de tres de sus series más recientes: «Drips», «Drills» y «Cuts». En la primera de ellas la aplicación de su característica materia pictórica sigue una dirección vertical y paralela que se extiende, de arriba hacia abajo, nítida y rectilíneamente por la superficie del cuadro como un controlado goteo (de ahí su nombre), formando cromáticos trayectos que terminan en una peculiar orografía de dientes de sierra coloreados. Este proceso pictórico quiere simbolizar también el movimiento y, por tanto, el itinerario del tiempo en el espacio, como el registro físico y colorista de una personal arqueología de la memoria. A diferencia de otras piezas anteriores, en estas ya ha desaparecido la presencia de imágenes fotográficas procedentes de su propia historia familiar. A mi juicio, su serie más interesante.

La presencia del color es constante, casi apabullante, física, corpórea, sutilmente tridimensional

Los otros dos grupos de obras, profundizan –literalmente hablando, por cuanto se forman igualmente a partir de densas capas de materia– en estametáfora visual del tiempo, ofreciendo abundantes niveles cromáticos, casi como si se trataran de temporales catas estratigráficas. Son piezas de una untuosa e innegable riqueza formal pero que, quizás precisamente por ello mismo, corren el riesgo de quedar sólo convertidas en juegos para el ojo y en fuegos (de artificio) para nuestra percepción global.

Como principal novedad Linnenbrink presenta una gran esfera, a la manera de una suerte de almacén o contenedor de memoria, personal y colectiva, poblada por una enorme diversidad de todo tipo de objetos cotidianos (llaves, mecheros, figuritas de plástico, monedas, carnets…) que le sirven para erigir –de nuevo– una metáfora tridimensional del tiempo y de la amplia variedad de historias privadas y públicas que lo conforman y le dan espacio y volumen. Tal y como ya hemos visto que es habitual en su proceso de trabajo, se sirve de su material preferido, la resina, para aglutinar-apresar toda esta objetual amalgama de cosas, artilugios y cachivaches múltiples, que va situando también en capas concéntricas, y que por su brillante transparencia nos permite contemplar, imaginando relatos y situaciones que han podido vivirse a través de ellos.