Marguerite Duras, en una imagen de archivo
Marguerite Duras, en una imagen de archivo - ABC
LIBROS

Marguerite Duras entre tinieblas

Vuelve a las librerías «El dolor», la obra en la que la autora francesa descubrió su experiencia como resistente en la Segunda Guerra Mundial

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En «Marguerite Duras. París 1944», la actriz Mélanie Thierry pone rostro a las líneas que escribió la autora francesa mientras esperaba el regreso de su entonces marido, el escritor Robert Antelme, del campo de concentración al que lo enviaron los nazis. La Duras de Thierry aparece en la película siempre entre tinieblas.

El cineasta Emmanuel Finkiel la muestra a oscuras en esta adaptación de «El dolor», con primeros planos de un semblante imperturbable, justo en ese instante previo a un desmoronamiento que nunca llega porque la protagonista se obliga a no desfallecer. Aguantará hasta que le digan que Robert ha sobrevivido a Dachau: «Creo que de todos modos voy a morir. Si él vuelve moriré también. Si llamara, “Quién está ahí”, “Yo, Robert”, todo lo que yo podría hacer sería abrir y luego morir».

A veces Duras aparece en la película sentada en el salón de su vivienda de París y desde ahí se observa a sí misma levantándose a responder el teléfono. En otras escenas mira por la ventana y ella está en la calle: se dirige a la estación de tren, por si su marido estuviera de vuelta sin aviso previo, o bien va al encuentro de su grupo de la Resistencia. Robert fue detenido por la Getapo en una de estas reuniones contra la ocupación alemana.

Finkiel combina en el filme los diálogos con la lectura en alto de las reflexiones de la escritora francesa en « El dolor». «No sé si tengo sueño. Desde hace un tiempo no tengo sueño. Me despierto, entonces sé que he dormido», escribe Duras. «Cuando no duermo nada, a la mañana siguiente todo va mucho peor. Me duermo a su lado todas las noches, en la cuneta oscura, junto a él muerto».

Alianza devuelve a las librerías en una nueva traducción de Clara Janés la obra con la que Duras descubrió en 1985, cuando ya era la archiconocida autora de «El amante», su experiencia como resistente durante la Segunda Guerra Mundial.

Al comienzo del libro, la autora dice haber encontrado en su casa de campo dos cuadernos de un diario sin tener «ningún recuerdo de haberlo escrito». Es su manera de reconocer que en realidad estas páginas las escribió décadas después, cuando ya todo había pasado: «Lo que es seguro, evidente, es que me resulta impensable haberlo escrito mientras esperaba a Robert».

Duras vuelve en este no-diario a ese fatídico 1944 para darle «forma de Duras» a su memoria: su mirada instropectiva es incomparable y el estilo, pese al manierismo, no se impone sobre la historia. La música de las frases cortas y punzantes también expresa el dolor.

Por eso son tan buenos los recursos que usa Finkiel en la película: Duras rastrea su propio desconsuelo para evocar el penoso regreso de Robert, su relación con un agente de la Gestapo, a quien intenta usar para recabar noticias sobre su marido, e incluso su implicación en torturas a los colaboracionistas.

Conforman este libro seis relatos, cuatro «verdaderos» y dos «inventados». Podría decirse que esta es la fórmula Duras. La fórmula de la mejor literatura.