Arte

La «marca» Picasso se alarga sobre París

No hay jornada que no se inaugure un evento de Picasso o sobre Picasso. Precisamente el Grand Palais, en París, se ocupa de su sombra en «Picasso.manía»

PARÍSActualizado:

En las exposiciones de arte no siempre se encuentra lo que uno esperaba. Ni tampoco se alcanzan los resultados que prometían la importancia del artista o la temática elegida para la muestra. Después de la excelente exposición centrada en Velázquez que pudimos ver este año, también en el Grand Palais, cabía esperar que una gran muestra en torno a la trayectoria de Picasso y su influencia e intensa proyección en el arte y la cultura de nuestro tiempo estuviera a la altura de lo que tal planteamiento exigía. Lamentablemente, no ha sido así.

Es verdad que la exposición ha supuesto un gran esfuerzo y que, en todo caso, es un elemento más en el estudio y la consideración del valor referencial de este artista sin límites. Pero queda por debajo de lo que habría podido ser. Se presenta articulada en 15 secciones, en las que se mezclan obras de Picasso, de otros artistas plásticos, así como fotografías, materiales cinematográficos y publicitarios, y otros documentos. En total, 412 obras: cien de Picasso y 312 de los 78 creadores reunidos en torno a él.

¿Un guión a la altura?

El primer inconveniente deriva del guión curatorial, en el que se producen saltos en el tiempo no suficientemente motivados, así como una auténtica dispersión en las obras y artistas que se presentan en relación con motivos plásticos y obras referenciales de Picasso, en este último caso y de modo especial, «Las señoritas de Aviñón» y el « Guernica», las cuales, como es obvio, no pueden estar en la muestra. Pero sí, en cambio, toda una serie de piezas que se confrontan o dialogan con estas dos grandes obras maestras del arte. En algunos casos, se acierta con las piezas seleccionadas. En otros, sin embargo, la elección resulta sumamente discutible.

Hay un caso en particular en otra sección, la dedicada a la proyección del cubismo, que me ha llamado poderosamente la atención: la inclusión de una obra con soporte fotográfico realizada en este mismo 2015 por David Hockney: «Los jugadores de cartas» en un formato más grande... Pero, ¿en relación con Picasso? ¿No se les habrá «cruzado» a los comisarios, al seleccionarla, las versiones de esa escena de Paul Cézanne?

Y otra cosa que me resulta completamente inexplicable: la ausencia total en la muestra de Francis Bacon, probablemente el artista del siglo XX en quien Picasso dejó una huella más profunda. No lo entiendo. Y mucho menos cuando se ha seleccionado a artistas de mucha menor consistencia que Bacon, sin duda, un gran maestro. Y cuando, en algunos casos, se presentan obras cuya relación con Picasso resulta discutible.

Además de todos estos problemas, el montaje es sumamente confuso, abigarrado, disperso. La mezcla de proyecciones de vídeo, fotografías y de abundante obra gráfica (generalmente, de pequeño formato), que se presentan como conjuntos, hace sumamente difícil individualizar las obras. Establecer, como sería deseable, un diálogo íntimo con cada una de ellas. Y así, además, se desdibuja la jerarquía entre unas y otras, las de mayor alcance quedan diseminadas en un auténtico ruido visual flotante.

A pesar de todo, hay un aspecto que, en principio, habría podido ser muy positivo: tomar en consideración la proyección de Picasso en ámbitos que se sitúan más allá de la pintura o la escultura, como el teatro, la danza, el cine o el vídeo. Pero, una vez más, lamentablemente, todo se mezcla y no se restituyen adecuadamente los ámbitos específicamente artísticos de esa proyección.

Al final, todo va dirigido a mostrar, de forma repetitiva y dispersa, mediante fotografías, supuestas conexiones fílmicas, prensa y publicidad la presencia y expansión de «la figura Picasso» en la reverberación serial, mediática, de la imagen. Esa deriva lleva en el catálogo a ponderar la importancia y actualidad de Picasso apoyándose en una foto de 2013 de Lady Gaga, nada menos, vestida con un conjunto de «inspiración picassiana».

Habrá que esperar

En definitiva, lo que la muestra no nos da es el intenso alcance específicamente artístico que la trayectoria creativa de Picasso posee y sigue transmitiendo. Habrá que esperar mejores ocasiones. Aunque, eso sí, precisamente a partir de esa confusión entre lo artístico y lo mediático que caracteriza esta «Picasso.manía» podemos extraer una cuestión de gran interés.

La reverberación expansiva y sin obstáculos del «personaje» público Picasso en la imagen mediática pone de manifiesto que fue precisamente él el primer artista de nuestro tiempo que comprendió que la construcción de una «imagen», de una aureola mediática, era un instrumento decisivo para impulsar el reconocimiento y la valoración de su trabajo artístico en todos los planos.

Ese «modelo» sería después seguido, naturalmente con variantes diversas, entre otros, por Salvador Dalí, Andy Warhol, Jeff Koons o Damien Hirst. Picasso ha acabado por convertirse en una «marca» pública, en un «logo», del artista genial. Eso es lo que, sin matices, transmite esta confusa exposición. No es de extrañar, por ello, que sus herederos autorizaran la utilización de su nombre como «marca» de un modelo de automóvil.

Pero así se produce una deriva indeseable, ya que Picasso no es únicamente una «marca»: es uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. Mientras que posteriormente otros, en esa estela de la «marca» pública, y a diferencia del propio Picasso o de Dalí, son meros publicistas, registradores del consumo audiovisual masivo de imágenes, en el malagueño lo decisivo fue -y sigue siendo-, su portentosa fuerza creativa, su elevada talla artística.

Churras con merinas

Esa es la cuestión: distinguir lo artístico de lo no artístico, y transmitirlo adecuadamente, de forma crítica y abierta, a los públicos plurales de nuestro tiempo. Eso es lo que hay que demandar en las exposiciones, en las programaciones de centros artísticos y museos: el arte no es lo mismo que la imagen mediática, sino una vía de conocimiento, placer y enriquecimiento que nos lleva hasta el fondo de nosotros mismos. Y en los tiempos en que vivimos, tomando precisamente el cuestionamiento crítico de la imagen mediática como uno de sus principales centros de atención.