Maite Gurrutxaga
Maite Gurrutxaga
EN MUCHAS PALABRAS

Maite Gurrutxaga: «La belleza de la ilustración no está en la estética, sino en su capacidad comunicativa»

La ilustradora guipuzcoana nos muestra su visión personal y artística sobre la interpretación del dibujo en los libros y en la sociedad

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Maite Gurrutxaga (Amezketa, 1983) estudió Bellas Artes en la EHU de Leioa y en la UB de Barcelona. En la ciudad condal cursó también los estudios de ilustración de la mano del ilustrador Ignasi Blanch (conocido por ser el único representante de España para el proyecto internacional que se realizó tras la caída del muro de Berlín y conocido como la East Side Gallery). Con una gran carrera a sus espaldas, la ilustradora ha realizado grandes obras ilustradas de escritores como Juan Kruz Igerabide, Mariasun Landa, Karlos Linazasoro, Juan Luis Zabala… entre otros.

A través del lenguaje universal del dibujo Gurrutxaga nos conduce mediante un estilo cándido y colorista, pensado a través de contornos básicos, a lugares gráficos que son capaces de generar un mayor impacto visual; su mensaje, lo ha ido transmitiendo a través de sus trabajos para libros de niños, jóvenes y adultos, así como discos, revistas o carteles. Entre sus últimos proyectos están el haber ilustrado textos de Virginia Wolf y E.T.A. Hoffmann para la editorial Nórdica Libros.

En 2014 su trabajo fue reconocido con el Premio Euskadi de Literatura en la categoría de Ilustración de Obra Literaria, por el cómic Habiak/Nidos.

¿Qué significa para usted la palabra «ilustradora»?

Es curioso. Cuando me llega un texto que ilustrar o una entrevista que responder, a menudo escribo el texto o las preguntas a mano en un papel. Escribir me ayuda a pensar, a reflexionar. Con esta entrevista hice lo mismo, escribí las preguntas para ir pensando en ellas. Cuando llevé al papel esta primera pregunta, en vez de escribir «ilustradora», sin querer escribí «narradora»? Eso es lo que significa para mí ilustrar, significa narrar.

¿Cuándo y cómo surge su interés por el dibujo?

Supongo que es una respuesta fácil, pero para mí es así: nunca dejé de dibujar. Me gustaba y me sentía cómoda dibujando. Sabía que debía estudiar algo relacionado con el arte, por lo que primero estudié Bachiller Artístico, y después estudié Bellas Artes. Bellas Artes no fue fácil para mí, no me sentía demasiado cómoda, hasta que di con las asignaturas de ilustración. Bellas Artes me sirvió para saber que quería ilustrar. Después de licenciarme seguí estudiando ilustración en La Escola de la Dona.

¿Cómo fueron sus comienzos en la profesión?

Como parte del aprendizaje. Aprendí mientras ilustraba libros, por lo que me resulta difícil reconocerme en algunos de aquellos primeros trabajos. Aprendí haciendo encargos, no sólo a ilustrar, también sobre la profesión, y a saber qué quería hacer, y cómo. Poco a poco me siento más y más cómoda dibujando, pero el aprendizaje sigue, no termina nunca.

¿Qué requisitos considera necesarios para ser un buen ilustrador?

Creo que es importante que te guste leer; leer textos, situaciones, ideas... observar. También creo que es importante ser muy trabajadora.

¿Tiene ilustradores de referencia que puedan llegar a inspirarle? ¿Quiénes son?

Hay muchas y muchos. A menudo, los ilustradores e ilustradoras que más me gustan gráficamente, son los que no tienen nada que ver con mi estilo, porque son espontáneos, frescos, y eso es algo que echo de menos en mi estilo, que es más controlado. Hay otros muchos que admiro por su capacidad narrativa, por la capacidad que tienen de secuenciar las ilustraciones de un libro. Me resultan especialmente buenos los trabajos en los que cada ilustración funciona de manera individual, pero también en relación con el resto de ilustraciones. También me gusta mucho leer cómics, que es un lenguaje totalmente distinto pero del que aprendo mucho. Otras disciplinas también me resultan muy inspiradoras, como el cine, o la fotografía.

Hay muchos ilustradores e ilustradoras que me gustan, pero voy a nombrar los nombres de algunas ilustradoras, muchos lectores conocerán sus trabajos y que son buenísimas, pero para que otros que no las conozcan puedan conocerlas, son: Luci Gutierrez, Cristina Daura, Violeta Lópiz, Inés Sánchez Nadal, Kitty Crowter, Jutta Bauer, Gabrielle Vincent, Ana Juan, Cristina Spanó, Rebeca Dautremer, Elena Odriozola, Neus Caamaño, Camille Jourdy, Asun Balzola, Lisbeth Zwerger...

El Cascanueces y el Rey Raton de E.T.A. Hoffmann. Nórdica libros. 2018
El Cascanueces y el Rey Raton de E.T.A. Hoffmann. Nórdica libros. 2018

¿Qué no soporta ver en un dibujo?

No me gustan las ilustraciones fáciles, evidentes, y sin trabajo previo. Las ilustraciones que sólo miran la parte estética, y no trabajan la parte comunicativa y narrativa.

En su obra predomina un estilo en el que la expresividad de los personajes y la sensibilidad que transmiten es un factor predominante. ¿Es un estilo buscado o ha ido llegando a el? ¿Cómo surgió?

Por una parte está el estilo narrativo de cada ilustrador, y por el otro el estilo gráfico que cada uno tenemos. En cuanto a mi estilo narrativo, es una búsqueda constante por encontrar por una parte mi lenguaje, y por otra parte el lenguaje con el que llegar de la mejor manera posible al lector. Le escuchaba a Ignasi Blanch algo importante y que intento tener siempre presente, que es que el autor debe encontrar el punto medio en el puente que hay entre él y el receptor, para poder seguir teniendo nuestro propio universo, pero poder llegar a quien nos lea. Ese lenguaje, la mejor manera de contar, la mía, a eso llego con cada trabajo, poco a poco. Para mí cada trabajo es un jeroglífico distinto que resolver.

En cuanto al estilo gráfico, creo que mi estilo es un catálogo de todas mis carencias, y el esfuerzo que he hecho por resolverlas. Creo que el estilo se puede moldear solo hasta cierto punto, ya que el estilo responde en gran parte al carácter de cada uno; cada uno tiene una manera de sujetar el lápiz, de trazar, y eso es algo que creo que conviene aceptar. Intento estar en sintonía con eso, si no, el proceso creativo se convierte en una tortura. Intento resolver, y no esquivar.

¿Qué busca transmitir al lector a través de sus dibujos?

Una historia, una idea, una lectura, una percepción, un prisma, una sensación... muchas cosas, creo.

De los proyectos que ha realizado, ¿hay alguno del que se sienta más orgullosa?

Creo que los últimos trabajos que he realizado son de los que más orgullosa me siento; al fin y al cabo, son los trabajos con los que más me identifico ahora mismo. Aún así, a veces miro trabajos realizados hace tiempo, porque en ocasiones me encuentro con recursos que he dejado de utilizar y que me parecen interesantes recuperar. O los cuadernos de bocetos, que no forman parte de un proyecto en concreto, pero me ayudan a buscar mi lenguaje, y en ellos a veces descubro cosas. Abro los cuadernos de bocetos mucho más a menudo que los libros que haya ilustrado.

¿Cuál es su mayor satisfacción cuando termina un proyecto?

Pues terminar un proyecto en sí mismo ya es una gran satisfacción para mí. A veces me resulta muy complicado dar los proyectos por terminados, saber cuándo darlos por acabados. Así que cuando un proyecto se termina porque ves que él mismo ha cerrado el círculo, es muy satisfactorio. Eso también es algo que estoy intentando aprender. Si trabajo mucho el proyecto al comienzo, lo miro desde diferentes prismas, reflexiono, boceto mucho, pruebo, encuentro el hilo... el proyecto cobra vida y es el que traza el recorrido.

«No me gustan las ilustraciones fáciles, evidentes, y sin trabajo previo»

Cuando realiza un proyecto nuevo ¿le condiciona dibujar para un público concreto? ¿Tiene total libertad cuando interpreta los textos?

No. Intento que no me condicione. Por una parte, creo que muchos textos, sobre todo los que se consideran de literatura infantil y juvenil, pueden ser universales para todas las edades, y no para un público en concreto. Creo que es el texto el que hace que lo ilustres de una manera o de otra. Cuando ilustro un libro pienso en el receptor, en buscar un lenguaje adecuado para llegar a él, pero pensando en lo que le ha podido llevar a leer ese libro en concreto, en sus gustos, en un lenguaje con el que conectar, y no en su edad o en la colección en la que irán las ilustraciones. Cuando interpreto los textos, al comienzo me gusta saber sobre su origen, el por qué un escritor lo ha escrito. A menudo leo sobre el autor, sobre la época en la que ese texto se escribió, el lugar en el que fue creado... ponerlo en contexto me ayuda mucho para poder empezar a trabajar. Pero una vez empiezo el trabajo, me gusta poder resolverlo por mí misma, creo que es importante que el prisma de la ilustradora o el ilustrador se vea en el trabajo, si no, carece de esencia.

¿Cómo se enfrenta al papel en blanco?

Cuando me llega un trabajo, intento que pase el máximo de tiempo posible antes de ponerme a dibujar. Sólo intento pensar en la idea o el texto que tengo que resolver, e intento pensar en ello en todo momento, tenerlo presente durante todo el día. Dibujar la primera idea que se me ocurre nunca me ha funcionado. De hecho, mis primeras ideas siempre suelen ser del todo descartables. Por eso, cuando me enfrento al papel en blanco, no me da miedo, ya que normalmente he resuelto el trabajo en la cabeza, y ya tengo una idea clara de lo que necesito hacer. Y empiezo a trabajar muy en pequeñito, hago bocetos de todo el trabajo en una sola página, para ver cómo funciona en conjunto, narrativamente, luego lo llevo a más grande, intento resolver la composición, el color, etc., y finalmente lo llevo al papel en el que haré las ilustraciones.

«Es importante que el prisma del ilustrador se vea en el trabajo, si no, carece de esencia»

En la actualidad estamos rodeados y bombardeados por imágenes. ¿Qué puede convertir a una ilustración en memorable y que perdure en el tiempo? ¿En dónde podemos encontrar la belleza de una ilustración?

Me resulta curioso. Estamos en la era de las imágenes, pero parece que ya no tenemos herramientas para leerlas, que a menudo todo se resume a si algo es bonito o no. Pero creo que las imágenes que perduran son las que nos cuentan algo, las que se leen, las que transmiten una idea, una crítica, una sensación. La belleza de la ilustración no está en la estética, si no en su capacidad comunicativa.

¿Ilustrar un texto, es buscar otra forma de comunicar o de complementar?

En mi opinión, ilustrar es una forma más de expresión. Por lo que una ilustración nos ofrece una manera distinta de percibir una idea. Creo recordar que leí a Isidro Ferrer una repuesta a la pregunta de qué es ilustrar, y creo que responde estupendamente a esta pregunta: «la ilustración cuenta lo que hay entre líneas».

¿El trazo de un dibujo, qué lo convierte en algo interesante?

Creo que el trazo del ilustrador es algo casi imposible de domar, ya que el trazo, el cómo sujetamos el lápiz, la presión que ejercemos con él sobre el papel, responde al carácter de cada uno, a algo instintivo. Como he dicho antes, probablemente mi estilo no es el que elegiría tener, pero creo que responde a mi forma de ser. Además creo que el trazo es algo que hay que conservar, porque nos habla del ilustrador, da carácter a la línea, lo que creo que enriquece el trabajo.

Las aventuras agrícolas de un cockney/Las aventuras de un padre de familia. Nórdica libros. 2017
Las aventuras agrícolas de un cockney/Las aventuras de un padre de familia. Nórdica libros. 2017

¿Ilustrar es un arte?

Sí, creo que sí, siempre y cuando se haga desde dentro afuera.

El arte digital y la aplicación de nuevas tecnologías tienen cada vez más importancia en el gremio. ¿Hacia dónde va esto? ¿Ha cambiado el mercado?

Yo sigo haciendo mis ilustraciones de manera analógica, con papeles, lápices y acuarelas. Honestamente, debo reconocer que en parte es porque no consigo domar del todo las nuevas tecnologías como las herramientas que conozco, pero también porque todavía me gusta estar en contacto con las pinturas y los papeles, las libretas... Hago algunas ilustraciones a ordenador, pero cuando las hago así, es porque considero que darán un mejor resultado, no porque sea una herramienta más familiar para mí.

Sobre las redes sociales, intento enseñar mi trabajo a través de ellas, pero me resulta trabajoso mantenerlas al día, dedicarles tiempo... no me gustan demasiado. Intento utilizarlas siendo consecuente, decidiendo cuál es la manera más coherente para mí de estar en ellas. No creo que todos tengamos que utilizar las redes de la misma manera, creo que conviene reflexionar sobre de qué manera queremos estar en ellas.

Las imágenes llevan más 30.000 años ayudándonos a ver. ¿Crear imagen de algo le añade importancia a lo representado? ¿Qué muestran las imágenes? ¿Realidad o ficción? ¿Verdad o mentira?

No necesariamente una imagen añade importancia a algo. Creo que puede añadir algo cuando cuenta algo, cuando trasciende de ser una simple imagen, y pasa a ser algo con un propósito más allá.

¿Aprendemos sobre el mundo viendo imágenes?

Sí, y observando, que es algo necesario para crear imágenes interesantes. Creo que todo lo que parte de una observación nos puede enseñar.

«Mi estilo es un catálogo de todas mis carencias, y el esfuerzo que he hecho por resolverlas»

Uno de sus últimos proyectos ha sido ilustrar un clásico de E.T.A. Hoffmann «Cascanueces y el rey Ratón». Háblenos de ella, ¿cómo surgió la idea y el proceso?

Anteriormente ya publiqué un ilustrado con Nórdica libros, que fue «Las aventuras agrícolas de un Cockney», de Virginia Woolf, y trabajar con ellos me encantó, por lo que cuando me propusieron ilustrar Cascanueces y el rey ratón, no lo pude dudar. Me llevó parte de la primavera y todo el verano realizarlo, que es una época un tanto extraña para ilustrar un cuento de Navidad... parece una tontería, pero no me resultó fácil ilustrar una historia así en pleno verano, ya que todo lo que tengo alrededor me influye mucho a la hora de trabajar, pero lo disfruté mucho. Empecé con ilustraciones minúsculas, como contaba más arriba, trabajando para que las ilustraciones funcionaran de una manera individual pero también conjunta, después las hice un poco más grandes, haciendo pruebas de color, y poco a poco la imágenes fueron cogiendo las dimensiones del libro (me gusta trabajar los originales en escala 1:1. Controlo mejor el resultado). Los originales están hechos en acuarela, y resueltos con muy pocos colores, eso también responde a una necesidad de controlar la ilustración y poder concentrarme más en las forma.

¿Está actualmente trabajando en un nuevo proyecto?

Sí. Ahora mismo estoy trabajando en un álbum ilustrado que estoy realizando junto a mi hermano Mikel Gurrutxaga, que se publicará a comienzos de otoño y que tiene como protagonista a un gato que se cree muy león... y durante los meses de febrero, marzo y abril, mi trabajo estará expuesto en el espacio Kutxa Kultur, en la cuarta planta del Centro Cultural Tabakalera en Donostia.

Para terminar, ¿qué libro o libros recomendaría leer a todo ilustrador?

Esa pregunta es muy difícil... hay muchísimos libros que me gustan, así que mencionaré un libro que me ha acompañado desde que era pequeña, era mi libro favorito, pero todavía me sigue gustando mucho y conecto con él, «Ernesto y Celestina, músicos callejeros» de Gabrielle Vincent.