Victoria Kent durante un mitin
Victoria Kent durante un mitin
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«De Madrid a Nueva York»: Victoria Kent, más allá de la polémica

Una antología de textos, que incluye cartas inéditas, nos permite conocer mejor la figura y los cometidos de la política española

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El 1 de octubre de 1931 se celebró en las Cortes españolas una sesión decisiva que ha pasado especialmente a la Historia. En ella se dilucidaba si se concedía o no el voto a las mujeres que en ese momento, en una situación parodójica, podían ser elegidas diputadas, pero no ser electoras. Subieron a la tribuna dos mujeres que entablaron un vivo y enérgico debate a favor y en contra de la medida. Decididamente favorable al sufragio femenino era Clara Campoamor, del Partido Radical. Pero no menos resuelta a lo contrario estaba Victoria Kent, del Partido Republicano Radical-Socialista. Cada una defendió su tesis con intensidad pero, finalmente, la balanza se inclinó del lado de Campoamor y la concesión del voto femenino se aprobó por 161 síes frente a 121 noes.

Pionera

La postura de Kent la persiguió durante toda su vida, y no para bien. Su figura, señala la catedrática Carmen de Urioste-Azcorra, responsable de esta antología de textos de la parlamentaria malagueña, «ha sido duramente vilipendiada desde el feminismo». Y ha oscurecido la trayectoria de una mujer que, pese a esa posición y sin entrar en su acierto o no, batalló por sus congéneres, fue pionera en muchas cosas -es la primera mujer abogada en nuestro país-, y tuvo una existencia comprometida con sus ideales que, tras la Guerra Civil, la llevaron al exilio -París, México, Nueva York-, falleciendo en la Gran Manzana con más de noventa años.

Su cargo como directora general de Prisiones fue uno de sus cometidos más destacados, en el que puso todo su empeño por mejorar las condiciones de los presos. Un anhelo incomprendido por prebostes como Manuel Azaña, quien consideraba a Kent «demasiado humanitaria», y se alegró de su dimisión, confesando en sus «Memorias»: «Hemos logrado por fin "ejecutar" a Victoria Kent». Pero ella la recuerda como «la tarea de mi vida a la que doy una importancia superlativa», según explica en una de las entrevistas recogidas en este volumen que, junto a una serie de documentos -artículos en prensa, publicados entre 1927 y 1983, críticas literarias elaboradas durante su etapa de editora de la revista «Ibérica», donde reseña muchos libros escritos en inglés, y que no tenían difusión en España, conferencias, discursos, incluido el que trata del voto femenino, cartas inéditas-, nos acercan a una Victoria Kent más allá de la polémica sobre el sufragio femenino, pues no merece quedar exclusivamente ligada a este asunto.