Loquillo durante la presentación de su libro hace unos días en Madrid
Loquillo durante la presentación de su libro hace unos días en Madrid - Maya Balanya
MÚSICA

Loquillo, el dandi del rock & roll

Con «Chanel, cocaína y Dom Pérignon» se cierra la serie sobre Loquillo y Los Trogloditas, un «quién es quién» de los años 80

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Todo gira en torno a una premisa: un chico del Clot con la determinación de ser una «rock & roll star». Loquillo tiene más vidas que un gato y es capaz de salir indemne de situaciones como encontrarse en la cama, al llegar al hotel, con dos mujeres desnudas. O salir zumbando hacia el avión tras birlar la papelina de una taberna quijotesca en Sevilla, para repartir el alijo acto seguido entre los pasajeros. Son muchas historias, «vivir para contarla» que diría García Márquez, en el caso de «Loquillo escritor» con el arte del telegrafista que desarrolló en su paso por la Corbeta Cazadora en la Marina. Epifanías dylanescas, como cuando tras dar vueltas de campana salió ileso del coche y, en el suelo, inmaculada, recogió una Biblia que andaba leyendo. Sorprende que, en su Odisea en fascículos y desde su anterior entrega «En las calles de Madrid», apenas si se habla mal de nadie, bueno sí, del rock layetano y los cantautores catalanes, a excepción de Quico Pi de la Serra. Pero no hay mala sangre, si bien dice de cada cual lo que piensa, incluida la prensa musical.

Son confesiones, que no leyendas, relacionadas con la exaltación de la vida desde el estrellato

Porque en todo momento actúa Loquillo como un «aviso a navegantes», a sabiendas de que no hay viento favorable si no sabes a qué puerto te diriges. En tiempo real va describiendo las aventuras de un dandi en el bestiario urbano, un tráfago que levanta envidias. Como Tom Wolfe, reporta en un desfile cinematográfico la vivida y registrada casi al instante «hoguera de las vanidades» de los años ochenta, una apoteósica sucesión de bares de moda, hoteles donde situarse como una estrella, como el decadente hotel Velázquez lindando con El Retiro, o su propia vivienda en frente de la cárcel Modelo, los pasillos de las disqueras y sus contubernios, Hispavox y los directivos fachas, las salas que mutan en medio del auge maniático por el diseño barcelonés, todo al ritmo que marca la mescalina, la cocaína o el speed. Y el Loco siempre buscando lo «cool» con descaro, vocación y método.

Una época histórica

Willy DeVille les quiso dar gato por liebre, pero los más salen bien parados, como Carlos Segarra y los Rebeldes. Siempre hay admiración hacia El Último de la Fila y, sobre todo, hacia Manolo García. Olvido Gara es un modelo, alguien de quien aprender. Se aplaude el riesgo de Gabinete Caligari tras «Cuatro Rosas» lanzando el bestial «Camino Soria». Loquillo le pasó el disco a Sabino Méndez: «A ver qué dices ahora de esto, Sabino». Un Sabino celoso de que nadie componga más que él. Es el «Who’s Who» de un tiempo y una época, los «mid eighties», de una utilidad me atrevería a decir que didáctica e histórica. El paso de ser unas estrellas de andar por casa a un fenómeno nacional consolidado, con la sensación rota de un Elvis siempre en la cuerda floja. Pasteles y pinturas de un sueño cumplido, casi prefijado de antemano pero ganado a base de trabajo. Son confesiones, que no leyendas, relacionadas con una exaltación, la de la vida vista desde el estrellato.

Mirando hacia atrás sin ira, Loquillo está a punto en 2019 de entrar a grabar su siguiente disco. Que sea por muchos años.