António Lobo Antunes, autor de «No es medianoche quien quiere»
António Lobo Antunes, autor de «No es medianoche quien quiere» - Javier Prieto
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Lobo Antunes: de repente, el último verano

La literatura portuguesa tiene en António Lobo Antunes a uno de sus autores de referencia. Esta es su más reciente novela

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La literatura de António Lobo Antunes (Benfica, Portugal, 1942) exige como pocas, y él así lo ha afirmado, de la participación activa del lector. Cada vez más laberíntica, fragmentada, con vertiginosas cronologías que corren de atrás hacia adelante y a la inversa en apenas unas líneas y con voces que se confunden y que muchas veces se superponen en una sola frase. Los puntos de partida, las tramas, son cada vez más escuetas y simples. Se pueden resumir en pocas palabras. Lo que cuenta en «No es medianoche quien quiere», que transcurre en solo tres días, con una trama familiar mínima, es la densidad, complejidad y turbulencia, en pleno y angustioso desbarajuste interior, de una corriente de conciencia que va enredándose, una y otra vez, de forma obsesiva, sin solución, en su propio y angustioso peregrinar. Una marca inconfundible de este maestro, de este estilista de los monólogos interiores, antiguo psiquiatra, que es Lobo Antunes.

Un autor que con este libro, que llega casi a la treintena de su producción, vuelve a enlazar con un buen número de seguidores incondicionales. Un núcleo duro de fieles que supera todas las dificultades de una lectura que se tiene que desbrozar paso a paso, dejando en muchos casos la comprensión adecuada en ese laberinto de pensamientos entrecortados -retomados líneas o páginas después- al criterio del lector. A estos lectores que no fallan hay que añadir unos cuantos desencantados seguidores de narraciones impenetrablemente barrocas, cada vez más extensas y con brillantes manierismos repetitivos.

Los seguidores de Lobo Antunes superan las dificultades de un autor laberíntico

En cualquiera de las ocasiones, como en el caso de los grandes pintores que se permiten pintar siempre el mismo cuadro o arquitectos de fama que repiten siempre el mismo edificio impactante, Lobo Antunes sigue siendo uno de los más grandes de su tiempo sin lugar a dudas. Alguien que ha escrito grandes obras, por citar sólo algunas, como «Memoria de elefante», «Conocimiento del infierno», «Tratado de las pasiones del alma», «En el culo del mundo», «Manual de inquisidores» o sus célebres «Cartas de la guerra» (correspondencia desde Angola), adaptadas recientemente al cine.

Traumas familiares

La familia como centro o trauma doméstico para el resto de la vida, en la cabeza de cada cual, es el territorio predilecto de este autor. El lugar donde convergen todos los males y precarios momentos de paz y de algo parecido a la felicidad, sobre todo en la infancia, que va arrastrando cada cual, hasta la última de las decepciones. La búsqueda de la identidad que, normalmente, tendrían que proporcionarla o darle sentido los más próximos, los seres queridos, es una lucha interior, incesante, que no acaba hasta el final. Ni siquiera los objetos, las casas un día habitadas, parecen reconocer a nadie. Todo rastro, toda huella humana ha sido borrada en pasados que parecen no pertenecer a nadie en especial. El pasado se convierte en una ilusión más de nuestras inciertas vidas. Ni siquiera se sabe con seguridad «si un día existió».

En esta novela, e historia mínima desasosegante, una visita de despedida hecha a una casa de veraneo, donde una familia modesta -llamada «gentuza» por otros vecinos más pudientes- pasaba las vacaciones, es el desencadenante de todo lo narrado. El adiós definitivo a este espacio o paraíso para siempre perdido de la infancia, que ha sido vendido, sirve de excusa a la protagonista para rememorar sucesos allí acaecidos y su compleja relación con sus hermanos y sus padres.