El escritor norteamericano Raymond Chandler (1888-1959)
El escritor norteamericano Raymond Chandler (1888-1959)
LOS LIBROS DE MI VIDA

«El largo adiós», un detective triste, solitario y romántico

Raymond Chandler traza el perfil de Philip Marlowe en «El largo adiós», su mejor novela, como un héroe que defiende causas pérdidas

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Hay personajes que trascienden la ficción y pasan a convertirse en seres tan reales como usted y como yo. Es el caso de Sherlock Holmes. Pero también el de Philip Marlowe, el detective creado por Raymond Chandler. Marlowe es un nombre familiar, como un primo mayor, para todos los aficionados a la novela negra. Chandler tenía 65 años cuando publicó «El largo adiós», una obra maestra del género y una novela de trepidante narrativa que te arrastra desde la primera página hasta el punto final. Aunque el gran autor americano escribió siete novelas en las que Marlowe es el protagonista, ésta es sin duda la mejor. Y, a mi juicio, se halla dentro de las cinco clásicas de obligada lectura para cualquier amante del llamado «hard boiled».

Todo empieza cuando Marlowe está tomando un «gimlet» (mitad zumo de lima y mitad ginebra con mucho hielo, según la receta del interesado) en un bar de Los Ángeles. Allí conoce casualmente a Terry Lennox, casado con una millonaria, que está perdidamente borracho. El detective se le lleva a su casa hasta que recupera la conciencia. Es el comienzo de una amistad, por la que pagará un alto precio. La relación de Lennox con Marlowe sirve para poner a prueba su carácter y su lealtad, que le lleva a ser detenido y golpeado por la Policía que quiere saber el paradero de su amigo, sospechoso de asesinar a su esposa. El detective no sólo no habla sino que corre enormes riesgos para proteger a Lennox, que es una canalla con pocos principios.

Alcohólico y adúltero

Hay que insistir en que «El largo adiós» lo tiene todo para ser considerada una novela insuperable: una trama apasionante, giros que sorprenden al lector, personajes depravados y cínicos y un final inesperado y perfecto, al que nos conduce con inigualable maestría el gran Chandler.

Curiosamente había cumplido 41 años cuando empezó a escribir tras haber sido despedido de una compañía petrolera de la que era vicepresidente. Ganaba un buen sueldo y disfrutaba de una sólida posición social, pero era un alcohólico y un adúltero. Curiosamente Chandler logró estabilizar su agitada vida cuando se casó con Cissy, que tenía 18 años más que él. A pesar de haberse dedicado tardíamente a la literatura, las novelas de Marlowe le granjearon una gran reputación en el mundo de Hollywood, ya que varias de ellas fueron llevadas al cine. Entre ellas, « El sueño eterno», dirigida por Howard Hawks, con Humphrey Bogart interpretando el papel de Marlowe, acompañado de Lauren Bacall.

Marlowe es un tipo duro que se gana la vida en Los Ángeles. Trabaja desde una pequeña oficina y cobra unos pocos dólares al día por investigar asuntos menores. Pero es inteligente, honrado y valiente. No se deja humillar por la Policía y está predestinado a luchar por causas pérdidas en las que aparece siempre como un individuo que puede ser aplastado por el poder.

La cara oculta de Estados Unidos

Por decirlo con pocas palabras, el detective inventado por Chandler es un tipo romántico que sobrevive en un mundo implacable en el que el dinero y la corrupción policial le ponen a prueba. Sus escrúpulos morales le llevan a devolver un cheque de 5.000 dólares a su amigo Lennox, que es millonario por haber estado casado con la hija de un magnate de la prensa. Al igual que Marlowe, Chandler es un hombre apasionado cuya presencia se hace notar en sus novelas mediante comentarios irónicos y observaciones filosóficas, siempre crítico con la cara oculta de la sociedad americana. En el fondo, el escritor, nacido en Chicago en 1888, fue uno de los ilustres miembros del club de literatura de denuncia que encarnaron autores como Hemingway, Dos Passos y Faulkner, cuyo inconformismo está latente en la mayoría de sus trabajos.

Dashiell Hammett, el padre de la novela negra americana, escribe de una forma lineal y austera, sin circunloquio alguno y no se deja ver nunca en la narración, que descansa en una mirada que intenta establecer una distancia con los hechos. Chandler, por el contrario, es barroco, subjetivo y, a veces, preciosista. Pero sus novelas tienen tanta riqueza y matices que el lector queda deslumbrado. Leí «El largo adiós» hace más de 40 años en una edición de la serie negra de Barral Editores. Se veía fumando a una mujer en primer plano emergiendo de la oscuridad. Las tapas y el canto de las páginas eran negras. Todavía conservo el libro, aunque en muy mal estado. Lo he vuelto a disfrutar ahora por cuarta o quinta vez y me ha parecido sencillamente fantástico. Es una suerte para quien no lo haya leído descubrir esta joya.