Laia Abril
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FOTOGRAFÍA

Laia Abril: «A veces olvidamos que hay hombres que no son misóginos»

Foto Colectania, por vez primera, apuesta por un joven valor. Se trata de Laia Abril y el primer capítulo de su «Historia de la misoginia»

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El trabajo fotográfico de Laia Abril (1986) toca asuntos poco agradables, abordados siempre desde el respeto y alejado de sensacionalismos. Atrás quedan proyectos sobre la bulimia (A Bad Day) o la asexualidad (The Asexual Project), casi siempre vinculados a la mujer, mientras confiesa que trabaja ya sobre la «cultura de la violación». Ese será el segundo capítulo de su Historia de la misoginia, mientras el primero, un análisis sobre el aborto a lo largo de los siglos -y que tantos reconocimientos le ha supuesto-, le abre las puertas de Foto Colectania, institución que por vez primera se fija en un creador joven.

Debo preguntarle por su concepto de misoginia, dado que nunca se me había ocurrido relacionarlo con este asunto.

Esto no iba a ser primer capítulo de nada. Pero me di cuenta de que todas las historias que rodeaban a este asunto estaban expandidas por otros. Este en concreto pretende ser una comparación histórica entre su pasado y su presente para destacar que todo es más pendular de lo que creemos y está asociado a situaciones políticas.

Es una de las mujeres a las que entrevista, Magdalena, la que afirma: «No puedes hablar de esto sin haber pasado por ello». ¿Cómo se preparó usted para hacerlo?

Con todo lo que he tocado hasta ahora puedo relacionarme hasta cierto nivel. De hecho, me preocupaba tocar según qué países porque no estoy tan familiarizada con sus contextos, como la situación de la mujer en El Salvador. Pero esos son los casos más extremos. En otros, como el de Magdalena, no me es tan difícil empatizar. Hacerlo con sus sensaciones de injusticia, de miedo, de incomprensión, de estigma. Quien pasa por una situación así te transmite que aquello es un viaje emocional con muchas capas. Si no con todas, siempre podremos conectar con alguna.

La foto es la base del proyecto, pero dice entender la técnica de manera amplia.

La foto posiblemente sea el medio más relevante del proyecto, y esta es una de las primeras veces que he introducido el audio. La presencia de textos, sin embargo, no es algo tan extraño en mí. Aquí doy un paso más al incluirlo dentro de la obra, enmarcado, porque el testimonio de estas mujeres es para mí tan importante como mi visión de ellas.

¿Por qué es este un proyecto artístico y no periodístico o propio de una ONG?

Por su intención. Una ONG persigue una finalidad más activista. Un medio periodístico cuenta con una mirada, no quiero decir «objetiva», pero sus metodologías son distintas a las mías. Sí que tengo fuentes que llegan desde ONG y metodologías cercanas a las de la prensa, pero al fin y al cabo yo soy una especie de filtro por el que pasa todo, y eso es una forma de proceder más artística.

Apuesta por el blanco y negro alegando que es lo que precisa el conjunto para «ser duro sin imágenes evidentes».

Lo uso por varias cuestiones, pero hay cierta intención en que las imágenes no sean impactantes, desagradables. Sin duda, no están a la altura del shock que produce conocer una historia como esta. Pero, por otro lado, tenía que conseguir plasmar esa otra vertiente visceral ligada a este tipo de contenido. El blanco y negro era también una forma de digerir yo misma lo que estaba mostrando.

¿Ha cambiado su propia apreciación tras hacer este trabajo?

Más que cambiar, reconozco que no conocía tanto las circunstancias que se mueven en torno a esta cuestión. Y durante el proceso tuve que hacerme muchas preguntas -religiosas, morales, políticas- que nunca me había hecho. Esa es, en el fondo, la intención de un proyecto así: que toda esa gente que puede que tenga una idea muy clara acceda a esa información que me faltaba a mí para tomar decisiones.

¿Cuál es su intención al documentar una realidad así?

Ni muchísimo menos me mantengo al margen. Pero tengo la intención de llegar también a los que no comparten mis puntos de vista, sin echarles para atrás, para poder mantener una conversación. En este capítulo es una estrategia que me interesa potenciar.

¿Es la misoginia solo cosa de hombres?

No. También hay mujeres misóginas. Pero el peor problema es que haya instituciones, que la política sea patriarcal. Es todo mucho más complicado que hablar de un hombre que odia a una mujer. El sistema es misógino y eso conlleva que haya mujeres misóginas. Igual que hay hombres que no lo son. Eso a veces se nos olvida.