De izquierda a derecha, Marx, Engels, Lenin y Stalin
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Karl Marx y el capitalismo agradecido

Las teorías de Marx han sido perjudiciales para quienes las han aplicado, pero muy útiles para el capitalismo, al que ha obligado a reformarse y humanizarse

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Doscientos años después de su nacimiento podemos decir, sin caer en la exageración, que la aplicación de las tesis económicas de Karl Marx, debidamente tuneadas en cada experimento, han resultado un global y rotundo fracaso. Lenin fue un tirano, pero Stalin y Mao fueron tiranos sanguinarios a quienes solo la autoconcedida y sorprendente superioridad moral de la izquierda les permite ocupar un lugar en la historia del siglo XX. Un lugar diferente al de Hitler, claro. El fracaso de sus teorías ha condenado a la miseria a sus seguidores, tras haberles arrebatado previamente la libertad, dando como resultado un intolerable cóctel de pobreza y sumisión.

La «glásnost» primero y la caída del muro después afloraron la terrible situación del pueblo ruso, aplastado por una gerontocracia insensible e incapaz que envió cohetes a la estratosfera y desarrolló la bomba atómica, pero no pudo alimentarle ni dotarle de un mínimo sistema de sostén social. No contentos con ello, sometieron a la mitad del continente europeo y le impusieron su fracaso. Levantaron un muro físico o militar para impedir que sus ciudadanos huyeran del paraíso comunista camino del infierno capitalista. La prueba del nueve.

Crueles experiencias

La experiencia China es igual de cruel. El «Gran Timonel» asoló al país con su Revolución cultural. Ahora, sin embargo, parece que son capaces de mezclar lo que era inmiscible: un sistema político sin libertades con un sistema económico eficaz. Lo cierto es que los chinos del siglo XXI anhelan más el bienestar material que el voto democrático. Quizás sea porque conocen la deriva actual de las democracias occidentales...

Y qué decir de las experiencias «exóticas» supervivientes, como la cubana o la de Corea del Norte, donde las carencias materiales se suman, con aterradora naturalidad, a las ausencias democráticas. ¿Puede ser hoy el comunismo un referente político, un ideal a alcanzar? Pues, por absurdo que parezca, lo es. Ahí tienen a gente como Nicolás Maduro, o Alberto Garzón y Pablo Iglesias sin atravesar el océano.

El comunismo sigue siendo un referente por absurdo que parezca. Ahí están Maduro o Pablo Iglesias

Las razones del fracaso son bastante obvias. Me refiero solo a dos. El marxismo, el comunismo e, incluso, alguna de las variantes del socialismo, han tratado de sustituir al mercado por una casta de dirigentes. Han dado por supuesto que unos pocos, desde un despacho, eran capaces de adivinar las necesidades y los deseos de la población, mejor que los millones de oferentes y de demandantes citados en el mercado. Han supuesto que eran capaces de predecir consumos y, en consecuencia, de planificar producciones y fijar precios. La realidad es que todos ellos, sin excepción, fracasaron estrepitosamente.

Igualar desde el poder

La segunda razón fue olvidar que, cuando igualas desde el poder la contraprestación al trabajo, la gente iguala por abajo el esfuerzo. Si el mérito no se retribuye, ni la capacidad cuenta, ¿qué razón hay para esforzarse?

Una dura lección cuyo aprendizaje ha tenido un coste terrible para el mundo. Marx estará apesadumbrado en su tumba. Y, además, desolado. Sus teorías han sido perjudiciales para quienes las han aplicado, pero muy útiles para el capitalismo, al que ha obligado a reformarse, humanizarse y, en definitiva, hacerse más eficaz. Gracias a ello es más duradero y no se atisba un sistema alternativo, aunque esté condenado a su permanente reforma. No hay problema, de eso se encarga el mercado.