Colón en su llegada a América en un cuadro de época
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LIBROS

José Luis Villacañas y su libelo contra Roca Barea y a favor de la leyenda negra española

José Luis Villacañas ha escrito un libro, lleno de despropósitos, contra «Imperiofobia», el exitoso ensayo de Roca Barea

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Acaba de salir un libro específicamente escrito para luchar contra otro tildado por el autor de «anticonstitucional» (sic). Me refiero al publicado por el catedrático de Filosofía de la Complutense, José Luis Villacañas. Un opúsculo llamado Imperiofilia y el populismo nacional católico. Un clarísimo libelo contra el libro de Elvira RocaImperiofobia (Siruela, 2016). Libelo, según la RAE, es un «libro pequeño escrito para criticar o difamar una persona». Y el de Villacañas entra de lleno en esta definición, pues según él, la obra de Roca Barea es «dañina y peligrosa». Llega a sugerir que la autora sufre un tipo de enfermedad, basándose en Freud, al que se refiere sobre las «formas patológicas de duelo» donde claramente ve envuelta a la catedrática malagueña. Imperiofilia pretende desmontar todo lo expuesto en una obra que ha superado los 100.000 ejemplares, y ha dado un aldabonazo importante en el orgullo por la Historia de España. Más importante: ha avivado el debate sobre nuestra Historia, que merece una mirada sin las gafas miopes de la progresía, ni de los espejos risibles y humillantes del Callejón del Gato.

Imperiofobia a Villacañas le suena, literalmente, a «franquismo». Saquen las petacas para los chupitos porque si creíamos que Imperiofilia era un ensayo histórico con ganas de debatir sobre otro, estamos equivocados. Es un ensayo… ¡pero político! Y eso en caso de considerarlo así solo por el hecho de citar epatantemente a filósofos o sociólogos vengan o no a cuento, como Nietzsche (auténtica obsesión), Wallerstein, Braudel o Weischedel. Citados como presunta fuente de autoridad, aunque nos quedemos con las ganas de saber cuál es la razón de su aparición. Imperiofilia pretende ser «científico», cosa de lo que adolece, aunque sea al de Imperiofobia a quien le tache de una carencia que no tiene.

Está clarísimo que el ataque de Villacañas no es por defender la Historia

Villacañas señala que «uno de los trucos de este libro es no dar la bibliografía al final sino sólo a pie de página». Extraño truco pues bibliografía hay, junto con un total de 716 notas en 476 páginas. Pero es un aporte que no le da importancia. Para Villacañas, el objetivo de Roca Barea es nada menos que la reimplantación del Imperio, lamentándose de no encontrar la «ékphrasis de la foto de las Azores entre Bush hijo, Aznar y Blair». Es «la ofensiva del pensamiento reaccionario», porque el filósofo metido a historiador polemista considera que no es «azar que este libro alabe a los Estados Unidos, gobernados por Trump»… aunque llegue al poder al año de su publicación. ¡Increíble la capacidad profética de Roca Barea! Afirma que «Steve Bannon no tiene que pasearse por España para importar el supremacismo, Roca Barea se basta y se sobra». El autor, tan pagado de sí mismo, llega a decir que Roca Barea «comete un error lamentable» por unas críticas que realiza a Max Weber (1930). Villacañas se mofa diciendo que en esa fecha Weber ya hacía una década que había muerto.

Como cualquier científico social sabe, lo que Roca Barea señala en paréntesis es la fecha de la edición que ha trabajado. La más conocida de todas de esa obra. Pero sorprendentemente como catedrático, la desconoce. En Villacañas no hay crítica. Es pura hispanofobia. Como señala Barea a poco del final de Imperiofobia, bien «eres ya un amigo [cosa de la que me precio, aunque no por ello sea menos amigo de la verdad] o un enemigo irreconciliable». Esto es Villacañas. Él sabrá el porqué. Pero no es por defender la Historia, eso seguro.