Jorge Cabezas
Jorge Cabezas - JUAN RODRÍGUEZ
ARTE

Jorge Cabezas regresa con la ayuda de sus amigos

«Jorge Cabezas is back!», un proyecto nacido de la amistad, recupera el trabajo del pintor coruñés, varado desde 2014 tras un ictus

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El pintor coruñés Jorge Cabezas (1972), al que tantos amigos queremos tanto, contemplaba la vida con una filosofía más bien punk: «Hago lo que me da la gana y cuando me da la gana».

Jorge, pelo rubio encrespado, fortachón de ojillos azules y pillos, fue precoz y rápido quemando etapas. Discípulo de otro artista de su ciudad también de querencia bohemia, el gran Xaime Cabanas, hizo su primera exposición a los 18 años y se casó a los 26. El matrimonio no duró demasiado y, a los 28, Cabezas se compró un Scalextric, tal vez como alternativa irónica al matrimonio (a pesar de su aguda inteligencia, siempre ha conservado dentro un brillo infantil). En su ciudad y en Galicia alcanzó pronto el reconocimiento, y en 2013 se inauguró su particular Capilla Sixtina: un enorme mural en la fachada de la fábrica de la cerveza Estrella Galicia, entorno perfectamente adecuado a sus intereses. Para el universo gallego venía a ser una suerte de pequeño Barceló atlántico. Vendía muy bien sus cuadros, enmarcados en lo que él llama «figuración corrosiva» («me gusta dar brochazos, pero sin dejar de hacer figuras»).

Entre risas

A Jorge le gustaba ir a bañarse a las piscinas de La Solana en el breve estío coruñés, tener novias guapas y sucesivas, hacer las Américas con su amigo el músico Xoel López, desplazarse en bici, reírse -solo y/o acompañado- con sus constantes ocurrencias humorísticas (pocas veces lo he hecho yo tanto como junto él, en la boda de Ceesepe y Maje en El Viajero de La Latina; o en una ocasión en que un grupo de amigos y un alcalde fuimos a comprarle un cuadro para una boda y la cosa acabó al alba). Sus pinturas resultan estimulantes, optimistas, porque solo pintaba lo que le gustaba: cafeteras italianas, Vespas y bicis, las grúas del Puerto, las «riazoreñas» -las chavalas de la playa de Riazor-, o sus famosos murales de sardinas, que decoran algún restaurante local.

La música lo volvía loco. Siempre sonaba en su estudio. En el altar, The Beatles, y luego, su cóctel personal: Elvis, Los Chunguitos, Siniestro o Los Doré, amigo, a los que también les dibujó un logo para su pub. En su última etapa vivía alquilado en un piso-estudio que dominaba la Plaza de María Pita. Una tarde de agosto vio por allí abajo paseándose con su familia al músico inglés Paul Weller, que tocaba en Coruña. Bajó inmediatamente con su guitarra eléctrica a demandarle un autógrafo sobre ella.

Uno de los lienzos de Cabezas
Uno de los lienzos de Cabezas

Cabezas, tan dotado para el arte, tenía su reverso bala: la querencia por la farra química. Ese espíritu parrandero lo hermana con otros bohemios -todos idos ya- de esa ciudad de pintores que siempre ha sido y es La Coruña: Urbano Lugrís, el londinense Tim Berens (el amigo de Bacon que eligió ser gallego), José Luis Rodríguez, Peteiro, Cabanas... Todos entendieron en algún momento de sus biografías que sin fiesta no hay paraíso. A pesar del consejo de novias y amigos, Jorge siguió respirando parte de lo que ganaba con sus cuadros. En marzo de 2014 sufrió un accidente cerebro-vascular terrible. Sobrevivió, pero el lado derecho de su cuerpo perdió la movilidad. Doble drama, porque el pintor es diestro. Aunque puede que logre volver a trabajar, su trayectoria se vio truncada. Además, en algún momento se encontró arrumbado en residencias que no estaban a la altura de las demandas de su situación.

Pero una historia con Jorge Cabezas de protagonista no puede acabar como un funeral. Llega ahora el «happy end». Sus amigos jamás lo olvidaron. Siempre se preocuparon por su situación y ahora han completado un espectacular homenaje en la Fundación Luis Seoane: 53 de sus trabajos expuestos como un mural de 23 metros x 4,5. La antológica lleva un título que es un guiño a los gustos del pintor: Cabezas is back!, remedo del retorno de Elvis en 1960 tras su mili en Alemania, el célebre «Elvis is back!». Es el regalo que le hacen amigos como el arquitecto Carlos Pinta, el periodista Rubén Ventureira o el artista Antón Reixa. También han grabado un vídeo que puede verse en YouTube y han editado un volumen donde escriben, entre otros, el fotógrafo García-Alix, el pintor Antón Patiño, su amigo Xoel López o el músico y pintor Alvaro Dorda. Cabezas está de vuelta. ¡Forza, Jorge!