Javier Álvarez (Madrid, 1969) publica su décimo álbum
Javier Álvarez (Madrid, 1969) publica su décimo álbum
MÚSICA

Javier Álvarez: «Un artista está condenado a retratarse a sí mismo»

El músico madrileño regresa con «10», un puñado de canciones donde muestra su madurez creativa y se siente totalmente libre

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Con apenas veinte años, el madrileño Javier Álvarez vio cómo su vida cambiaba de golpe al grabar un primer álbum de canciones (con Ana Belén y Víctor Manuel a los coros) que se aupaba al Disco Rojo de la Ser. Solo hacía dos años desde que había aprendido tres acordes y veía cómo un joven le lanzaba una moneda de veinte duros hacia la funda de la guitarra en su puesto de músico callejero en el metro de Guzmán el Bueno. Mucho ha llovido desde 1995 y aquel joven, madurado a base de golpes, tropiezos y errores, retorna más libre que nunca y en plenitud creativa con 10 (Music Bus, 2018), diez nuevas canciones que acaba de presentar en el Teatro Lara.

No es su carrera la de un cantautor muy prolífico.

Depende, porque he hecho diez discos en veinte años. Por eso este disco se llama 10. Tracy Chapman o Suzanne Vega han hecho diez discos en treinta años, son menos prolíficas. En este nuevo trabajo hay diez canciones, nueve mías y una versión. Y en total dura 29 minutos, con lo cual sigo la máxima «menos es más», que es muy importante en mi vida.

La portada parece un guiño a una foto de Carlos Berlanga, que sale apuntándose la sien con una pistola…

No lo sabía, conocía la portada de Ilegales, que es una feliz coincidencia porque es un grupo que me encanta. La portada la hicimos con mi hermano, Jerónimo Álvarez, que es fotógrafo desde mi primer disco, y no es porque sea mi hermano, pero admiro mucho su trabajo. La idea surgió accidentalmente, estábamos jugando en su casa con una pistola de juguete de mi sobrino. Y, si te fijas, hay una mano, la que apunta, que no se sabe de quién es. ¿Qué crees?

Que no es suya...

Pues mira [abre la portada], ya has entrado en el juego, ¿ves? [risas].

El disco ha entrado en listas de ventas. Supongo que ha sido una grata sorpresa.

Tengo una legión de fans a la que estoy muy agradecido y de la que estoy muy orgulloso. Mi último disco oficial fue Guerrero Álvarez, sobre poemas de Pablo Guerrero, pero no tengo la autoría completa. El último disco mío fue Plan Be, que era doble, en 2005. Desde entonces no había publicado nada. La producción fue modesta y se me escuchó menos que al principio. Es decir, que en realidad hay gente que no me escucha desde los dos primeros discos. Necesitaba en esta última década tener silencio. Así que este disco es mi vuelta, por fin. Entrar en listas, a las dos semanas, me ha hecho mucha ilusión.

«No termino de saber de qué van algunas canciones, prefiero que la gente las interprete»

Hay canciones más crípticas que otras. Y me ha parecido que son epistolares, como si fuera un diálogo en el que está interpelando a alguien. Y veo deseo de libertad. Pero en ese flujo de conciencia, lo fascinante es que no acaba de quedar claro de qué va. Por ejemplo, en esa canción que es como un hit de estribillo tan pegadizo, «Detr/s».

De todo lo que me has dicho, todo bien, salvo lo de querer libertad. La verdad es que está escrito desde la libertad total. Lo de epistolar me encanta, aunque no soy consciente. Pero sobre la libertad, yo siempre he sido libre, tengo la suerte de que me han educado dejándomelo muy claro, es una suerte. Pero, es que ahora mismo, por fin, tras vicisitudes... He llegado por fin a mí. Estoy en el mejor momento de mi vida y me siento totalmente libre. ¿De qué va «Detr/s»? No lo sé. Disfruto de esto que nos pasa a los creadores de que somos como un médium, y yo lo potencio, soy muy plasta con lo de no dejar cerradas las cosas, sí musicalmente, pero no en la parte literaria. Al menos en la mitad de este disco no termino muy bien de saber de qué van las canciones, ni me importa, porque creo que la gente sigue alimentando la obra al interpretarla ellos. Sobre «Detr/s», un amigo me dijo que era muy bíblica.

Pues me vinieron a la imaginación tres niñas de colegio de monjas o algo así.

Es que, ¡claro! Tiene una cosa como de colegio de toda la vida. Es una canción muy de la cultura nuestra. Me he criado en Madrid y es una canción muy española. Sí que veo a tres niñas, las Marta, María y Ana de la EGB, e incluso de antes. Es una canción bastante generacional. No es para los millennials, aunque tiene un elemento pop que les llega bastante.

Luego, musicalmente, hay una de las que más me gusta, que es «Sonata de Otoño», que me dio por pensar que podía ser autobiográfica.

Sí que lo es. Siempre son autobiográficas, aunque sean ficción. Creo que un artista siempre se retrata a sí mismo. Estamos condenados a ello. Es un misterio y un secreto de la humanidad. Tenemos que pintarnos. Quiero decir que, por ejemplo, Velázquez no solo se pinta en Las Meninas, obviamente, sino que se retrata en La Venus del Espejo. Él es ella. «Sonata de Otoño» es muy personal y habla de mí, completamente.

«Mi querida señorita» me parece la más simple y, a la vez, la más críptica de todas. Es la que más veces he tenido que oír, y sigo sin entender lo que quieres expresar.

¿Te puedo preguntar a ti de qué va?

«Los artistas estamos ahí para plagiar y ser plagiados, gozando las reminiscencias»

Lo único que te puedo decir es que he pensado: «Aquí hay algo que tengo que descubrir».

«Mi querida señorita» tiene algo que ver con la película de Jaime de Armiñán. Aunque está claro que el personaje no es José Luis López Vázquez. Así que habla del género, de la lucha que tiene el ser humano con nuestra condición, con nuestra sexualidad, con a quién representamos, a quién jugamos ser.

Y, de repente, «El mar», la canción que abre el disco, con referencias poéticas claras. ¿El mar es una metáfora?

En principio, no. Es muy sencillo, no hay nada más contundente y más claro que «y de repente, el mar». Para mí es una ventana. Mira, esto aún no se lo he dicho a nadie, pero es que me he pasado toda la vida dando gracias, y ahora me he atrevido a robar. La letra está compuesta por versos de Jorge Manrique, José Alfredo Jiménez, Lorca y el estribillo de Javier Álvarez. Me he permitido el lujo de no ponerlo en los créditos. No, tío, los artistas estamos ahí para plagiar y ser plagiados, y crecer juntos gozando las reminiscencias. Dejemos lo políticamente correcto. El mar es el principio y el fin. Para mí, lo más importante es el agua y el sol. Podría sobrevivir con estos dos elementos, casi sin alimentarme.

«La Cuarta» es una canción muy especial, con versos como «hacer lo posible por rescatar lo que me dejé por soñar».

«La Cuarta» es la planta de un psiquiátrico donde estuve ingresado hace cuatro años por una adicción a la cocaína. A mis compañeros de planta les prometí que escribiría una canción. Una de las experiencias más duras y más maravillosas de mi vida. Porque me ha hecho encontrarme a mí mismo. Cuento algo muy duro, de una manera muy dulce y muy luminosa, que es lo suyo.