Detalle de «Free Paths Maker»
Detalle de «Free Paths Maker»
ARTE

Isidro López-Aparicio, luz sobre las sombras en el Centro del Carmen

Si López-Aparicio ha titulado su muestra en el Centro del Carmen «La misma sombra» es porque considera que todos somos iguales. Sin embargo, en función de su procedencia, los derechos de muchos son vulnerados. Eso es lo que denuncia esta cita

VALENCIAActualizado:

El interés de Isidro López-Aparicio (Jaén, 1967) por el entramado y las dinámicas de los contextos que son transitados cotidianamente lo ha llevado a explorar sobre la fragmentación de distintos sistemas de conocimiento y su relación con los objetos. En especial, sobre nuestra propia configuración como seres humanos en un mundo devorado por el capital, el consumismo, la acumulación y su posterior desecho, un mundo en el que parece que unas vidas valieran más que otras.

Un detonante

Su exposición «La misma sombra», comisariada por Carlos Delgado Mayordomo en el Centro del Carmen de Valencia, pivota sobre tres conceptos: la identidad, la frontera y la migración. La crisis migratoria en torno al mar Mediterráneo es el detonante para, a través de instalaciones con objetos que resultan cotidianos para cualquier espectador, activar y revisar nuestra memoria cercana. La selección de alrededor de 14 piezas distribuidas hábilmente en una sala de iluminación tenue, lejos de constituir una mirada retrospectiva, reúne obra reciente en diálogo con trabajos que suman más de una década. Se trata de una puesta en valor de aquellas obras del artista capaces de estimular el intercambio y la interacción entre él, la propuesta y sus espectadores.

Relatos políticos y sociales se aglutinan entre obras de distinto calibre que guardan trágicas historias de vida y de supervivencia conviviendo con destellos de esperanza

El proyecto propone un viaje por arqueologías de lo cotidiano para, mediante la gestión, recolección, catalogación, descontextualización y reinterpretación, invitar a observar con detenimiento, a acercarse a problemáticas sociales de rabiosa actualidad. Lleva a reflexionar de manera crítica sobre los objetos, sobre las relaciones que establecemos con ellos y el trasfondo que oculta el mercantilismo aplicado a las relaciones humanas.

Las piezas que podemos ver en la cita son asimismo el resultado del trabajo colaborativo y del contacto con diversas comunidades, según explica el artista. En «Free Paths Maker», por ejemplo, denuncia la situación de las minas antipersona en Sáhara, donde se aisló durante 24 horas en un cráter en medio del desierto a modo de «performance» para reflejarlo después mediante un dispositivo movido por la fuerza del viento. Éste emana de dos ventiladores fijados al techo de la sala sobre una enorme vela elaborada con ropa cedida por saharauis y cuya circulación, que estampa la palabra «Free» (libre) sobre un campo minado, conduce hacia una explosión de librillos en un muro colindante inscribiendo el término «Blood» (sangre), que da título a otra pieza.

Detalle del vestuario empleado para la «performance» junto a la ONG Valencia Acoge
Detalle del vestuario empleado para la «performance» junto a la ONG Valencia Acoge

El carácter orgánico de estos trabajos es una constante que deja huella en la factura final de cada obra, pues se percibe que resulta de una serie de procesos prolongados en el tiempo. Durante años, López-Aparicio ha enviado libros a personas de distintos lugares del mundo en un viaje de ida y vuelta, escondiendo entre sus páginas tarjetas bibliográficas de publicaciones de Derecho, Sociología y Cartografía junto a muestras de sangre. Es la base de «Blood», como apuntábamos, salpicando de papel un muro expositivo que estremece tanto al tomar distancia como al indagar en los detalles. Esos pequeños volúmenes teñidos con gotas de su sangre han traspasado fronteras y le han hermanado con múltiples receptores. Un tránsito dudoso que cuestiona los límites establecidos por la legislación internacional para el desplazamiento del flujo humano.

Destaca casi en el centro de la sala una escultura con la forma de una casa de muñecas sobre una balsa y el vídeo proyectado en una gran pantalla de fondo, donde vemos esa misma embarcación navegar junto a una niña que la rodea. Relatos políticos y sociales se aglutinan entre obras de distinto calibre que guardan trágicas historias de vida y de supervivencia conviviendo con destellos de esperanza.

El necesario respeto a los derechos

La premisa de López-Aparicio de la que se empapa el proyecto curatorial es que todas las personas estamos bajo el mismo sol y, por lo tanto, producimos la misma sombra, apelando al trato igualitario y al necesario respeto a los Derechos Humanos. Durante la inauguración de la exposición, artista y comisario coordinaron un desfile de moda en el claustro renacentista que da acceso a la sala, en colaboración con la ONG Valencia Acoge.

Lejos de constituir una mirada retrospectiva, la exposición reúne obra reciente en diálogo con piezas que suman más de una década en su elaboración

Modelos cooperantes de la ONG naturales de Marruecos, Costa de Marfil, Nigeria y otros países, desfilaron con prendas elaboradas por el artista a partir de textiles empleados en la ayuda y recogida de personas migrantes en las fronteras europeas (sobre todo mantas térmicas y sudarios). Desde infantes a hombres y mujeres maduros salieron a escena para participar en el acto simbólico, planteado como un auténtico desfile profesional con moqueta, focos de colores y música pinchada en directo. Con paso firme, porte y ritmo, recibiendo los aplausos del público asistente, dieron visibilidad a una problemática muy seria sobre la que habitualmente se desvía el foco de atención. Asimismo, durante el tiempo que dure la muestra, el grupo de teatro de la ONG dispone de la sala expositiva para sus ensayos, tomando el espacio museístico para continuar el arrojo de activismo con el que el artista se compromete de principio a fin.