El escritor madrileño Juan Eduardo Zúñiga cumplió cien años el 24 de enero de 2019
El escritor madrileño Juan Eduardo Zúñiga cumplió cien años el 24 de enero de 2019 - Ángel Navarrete
LIBROS

«Inútiles totales» y «El coral y las aguas», el primer Zúñiga en su centenario

Se recuperan en un solo volumen «Inútiles totales» y «El coral y las aguas», sus dos primeras novelas, donde el Premio Nacional de las Letras Españolas 2016 combina ya ética y calidad literaria

Actualizado:

No ha habido mejor manera de celebrar el centenario de Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1919) que la edición de sus dos primera novelas, edición que es una joya por varios motivos. El primero es que recuperan a ese Zúñiga desconocido que Manuel Longares ha denominado «secreto», y de la mano de Cátedra se propicia que comience a entrar en un canon que le había sido resistente, por lo que luego diré. Esa edición incluye un estudio introductorio firmado por Luis Beltrán y Ángeles Encinar, dos de los mayores especialistas en su obra, que no se limitan a analizar los dos títulos editados, «Inútiles totales» (1951) y «El coral y las aguas» (1962), sino que dan cuenta de la totalidad de su producción literaria, lo que convierte a este libro en la mejor forma de aproximarse al conocimiento de su autor. Cuando a estas alturas del siglo XXI leemos «Inútiles totales» y «El coral y las aguas», nos preguntamos por la desdichada suerte que ha tenido en España la literatura que se salía del carril tópico que habían señalado en esos años el realismo social y un cierto experimentalismo vacuamente vanguardista.

Pensemos por ejemplo en la fecha de 1962, año en que aparecen «El coral y las aguas» y «Tiempo de silencio», de Luis Martín-Santos, novela que se vio entronizada muy pronto en al altar de un neorrealismo experimentalista. Pero también «El coral y las aguas» era experimentalista si bien en un sentido muy diferente al propuesto por el psiquiatra y escritor. Es una novela alegórica, que en un Prólogo de 1962 que esta edición recupera, sabemos que fue una forma de resistencia de su autor frente a los miedos de la censura. He pensado en que otro autor nacido en el mismo año que Zúñiga, Julián Ayesta, publicó en 1952 «Helena o el mar del verano», que tardó también lo suyo en tener el reconocimiento merecido porque se escapaba (de otro modo) del carril que dictaban las necesidades y ortodoxias socio-literarias.

Prosa impecable

Muchas de esas ortodoxias eran directamente políticas, pero no es menos política la alegoría imaginada por Zúñiga, solo que la sitúa en Macedonia, en la edad clásica griega, ensayando unas fabulaciones a menudo crípticas a las que el lector se encontraba poco acostumbrado, pero en las que late, junto a una prosa castellana impecable, sonora, eficaz, casi poética, la indisimulada apuesta por enfrentar el amor de dos jóvenes a diferentes formas del dominio y del poder.

Se propicia con esta edición que entre en un canon que le había sido resistente

Añade su condición de lúcido premonitorio como el párrafo que en 1995 incluyó como íncipit de la novela: «Toda mujer escuchará algún día el mensaje que habrá de llegarle del futuro. En cualquier sitio oirá la voz que profetiza, y aun sin entenderla recibirá su fuerza y sabrá que una sabiduría entró en su cuerpo, y dejará de ser paciente mujer para ser mujer…».

Leemos «El coral y las aguas» y percibimos que, aunque cueste entenderla en muchos de sus pasajes, su grito de libertad resuena tan nítido como necesario. La pequeña anécdota que sostiene la novela «Inútiles totales», muy a lo Turguéniev, quien centraba sus novelas en tipos casi antiheroicos, permite trazar a Zúñiga un autorretrato que es también una estética, cuando escribe: «Tenía este la obsesión de buscar en todos los hombres su rincón misterioso, aquel que les transforma de triviales en tipos sugestivos». Dos amigos, el amor por la misma mujer se cruza.

Pero lo de menos en un Zúñiga que se estrenaba en la novela corta era la anécdota con la que hilvana la trama. Lo primordial es que pergeñaba esa mirada suya de escritor radicalmente verdadero, entregado a la pureza y sabiduría del decir algunas de las palabras mejor dichas en castellano. Vendrá el día en que este país sepa reconocerlo. Esta edición es un paso importante.