Obras de Fernando Maqueira
Obras de Fernando Maqueira - J. D.-G.
ARTE

Imágenes «dopo Roma» en el Centro Niemeyer

La muestra «El viaje a Roma» reúne el trabajo de un nutrido grupos de fotógrafos españoles en activo cuyo denominador común, además del empleo de la misma técnica, es el haber sido becarios en el pasado de la Academia de España en Roma

AVILÉSActualizado:

Al pintor Gregorio Prieto lo mandaron a Roma en 1929 para atemperarlo. Allí, en la Academia de España, recuperaría «la ribera de la sensatez estética y técnica». No sabían lo que hacían. En ese escenario coincidió con Eduardo Chicharro, el «literaloide», lo que dio pie no solo a la primera incursión de la fotografía en esta sacrosanta institución, sino a un proyecto de tintes no solo vanguardistas, sino también homoeróticos, que tenía que haber acabado en un libro, pero que se quedó en un nutrido grupo de imágenes que revierten el canon clásico y que hoy sirve de prólogo a la cita del Centro Niemeyer que nos ocupa. Como cuenta su comisaria, Rosa Olivares, lo que no enderezó la Academia, lo enmendó la guerra.

Algo no tan antiguo

El caso es que tuvieron que pasar décadas para que esta insigne institución (y lo de «insigne», léaseme sin retranca, puesto que, y pese a su exiguo presupuesto y la burocracia que implica su naturaleza, la Academia de España en Roma sigue siendo una de nuestras más potentes herramientas para proyectar nuestra cultura en el exterior), asumiera como natural lo fotográfico, como una disciplina que podía medirse con la pintura, el teatro, el cine o la música, prácticas creativas cultivadas hoy por sus pensionados.

Con catorce de ellos, catorce de esos fotógrafos que en dos décadas (las últimas) han pasado por la institución, compone Olivares su exposición. Dos son pues las premisas que a todos unifican: su fe en esta técnica y su paso por la institución mencionada, sin que el resultado final sea una especie de «muestra fin de curso» (para eso ya estuvieron en el pasado el Círculo de Bellas Artes y, en la actualidad, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando o Matadero-Madrid, para mostrar los resultados obtenidos por cada promoción), sino, más bien, una cata de amplio espectro sobre cómo la foto es asumida hoy por la generación de autores en España que ronda entre los treinta y muchos y los cincuenta y pocos, cuya aproximación a la disciplina es tan variada como artistas se seleccionan.

Detalle del montaje de «Condenados», de Germán Gómez
Detalle del montaje de «Condenados», de Germán Gómez - J. D.-G.

Una lista que podría ser otra (u otras), pero que en este primer borrador (¿podría la iniciativa dar pie a selecciones posteriores?) incluye un buen puñado de nombres que a todos nos vendrían a la cabeza, los cuales han disfrutado de otras becas, participado en grandes citas expositivas, entrado en colecciones (Banco de España, Iberdrola, Pilar Citoler... por mencionar a algunos de los prestamistas de esta muestra) o han sido galardonados con premios fotográficos... Todos, menos el Nacional de Fotografía, aunque materia prima, aquí, no falta.

Destaco del recorrido a aquellos que expanden el concepto de lo fotográfico ( Germán Gómez y sus «Condenados» lo hibridan con el dibujo y lo escultórico), o le dotan de cierto carácter escenográfico (como el gran altar de Fernando Maqueira); cuando no es la comisaria la que reivindica en los autores el carácter instalativo con el montaje (Julio Galeote o José Noguero, que fotografía sus esculturas, y que casi como esculturas, sobre el suelo, sitúa Olivares una de sus fotos), en un escenario endiablado como es el Niemeyer para introducir nada, por sus paredes curvas y su incómoda moqueta.

Más de una toma

Olivares –que de un tiempo a esta parte se ocupa de la programación expositiva de la sala– juega a veces a ilustrar a un artista desde diferentes series constatando así su evolución desde su paso por Roma(Naia del Castillo es el ejemplo más claro) o lo que era su trabajo antes de su «Grand Tour» (Jesús Madriñán, que tituló lo suyo una vez allí como este texto: «Después de Roma»).

No se trataba pues de ilustrar lo que allí se hizo (en el caso de Nicolás Combarro, por ejemplo, porque aún no ha salido de la Academia), aunque sea lo que predomine (José Guerrero, Jorge Yeregui, Paula Anta...), sino de capturar en una imagen fija lo que la fotografía española está dando de sí (el lirismo de David Jiménez; el gusto por lo arquitectónico de Begoña Zubero; el cariz más documental de Aitor Lara...). Algo imposible de atrapar en una única toma.