Fotograma de «El diputado», con María Luisa San José y José Sacristán
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La imagen rebelde de Eloy de la Iglesia

En los márgenes, se movió como pez en el agua. Tabacalera recupera la labor de este disidente, aliado de los excluidos

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Esta sugestiva exposición en torno a la obra fílmica de Eloy de la Iglesia (1944-2006) es todo un viaje en el tiempo. Sigue un orden cronológico, desde 1966 hasta 2003, utilizando como núcleo fundamental la imagen fotográfica fija, aunque abierta a su desplazamiento y proyección en fragmentos de cine, vídeo, collages, e incluso graffiti.

El título de la muestra establece claramente un vínculo entre el cine de Eloy de la Iglesia y el de Luis Buñuel, ya que alude directamente a la película de este último Ese oscuro objeto del deseo (1977).

Eloy de la Iglesia se reconocía a sí mismo como homosexual, comunista y drogadicto. E indicaba también que su cine iba siempre «a contracorriente». El trasfondo filosófico de su trabajo se hace evidente cuando señala: «Afirmaba Platón: quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos está consagrado ya a la muerte. Yo he conocido ambas muy de cerca. He vivido en un mundo que parecía en algunos momentos inmutable, pero al final resultó efímero». Y su conclusión es definitiva: «No encuentro otra razón para vivir que hacer cine».

Seguir el rastro

En la cita de Tabacalera podemos seguir toda su trayectoria. Sus cortometrajes iniciales, entre 1962 y 1963, cuando aún era muy joven. Sus 22 largometrajes, entre 1966 y 2003. Y también sus intervenciones en la televisión y el teatro. Es interesante la recuperación de imágenes prohibidas por la censura durante el franquismo. Y todo ello nos permite apreciar el carácter de cineasta militante de su autor: su cine se plantea como una exploración crítica de los más diversos ámbitos de la exclusión.

Utilizando de manera intensa los procedimientos fílmicos del suspense, la transgresión y el sobresalto, De la Iglesia pone ante nuestros ojos el carácter negativo y criminal de la corrupción, el flujo imperioso del sexo, la delincuencia, o la caída en el paraíso artificial de la droga. En conjunto, su cine es un grito abierto por la libertad de los individuos humanos, acosados en un sistema social que controla y cierra todas las salidas, un alegato firme contra todas las formas de represión. Una elaboración intensamente rebelde de la imagen.

La muestra está articulada en seis secciones. La primera es un repaso por toda su filmografía, a través de materiales de foto fija. La segunda, titulada «Eloy», nos lleva a retratos del realizador en los rodajes o en entrevistas, a partir de los años setenta. La tercera, «Vídeo sala», es un acercamiento a la obra de Eloy de la Iglesia en un vídeo de 10 minutos realizado por Tamara Díaz e Itziar Orbegozo. La cuarta, «Collages fotográficos», presenta cinco obras de esta naturaleza referenciales, elaborados por el realizador y actor francés Quentin Valois. La quinta nos lleva a la serie «Quinqui Stars», nueve retratos del fotógrafo Jorge Fuembuena. Por último, la sexta sección nos sitúa ante una intervención con grafiti a cargo del artista francés Baptiste Pauthe.

Ese conjunto multimedia hace aún más efectivo el recorrido por la obra de Eloy de la Iglesia, pues con ello percibimos tanto el contraste como los ecos fluidos del cine en soportes y medios de expresión característicos de la sensibilidad actual. Cómo eran las cosas antes, y cómo van siendo ahora. El cine, más allá del cine.

Cine de otro tiempo

Y en esa línea, se nos traza un camino de retorno: no sólo volver a otra época, marcada en España por la dictadura franquista y su despliegue represivo, sino además poder volver al cine de otro tiempo. Al cine como vehículo de comunicación directa a través de la imagen: fotografía en movimiento, antes de que los soportes digitales nos llevaran a la comunicación inmediata de la imagen, en la que, si no introducimos la pausa, no hay posibilidad de ver en la distancia, de sentir, reflexionar, y conocer a través de la imagen. Eloy de la Iglesia: la imagen rebelde.