Imagen del proyecto «Cabaña de madera, cabaña de plomo» (2015), de Pep Vidal
Imagen del proyecto «Cabaña de madera, cabaña de plomo» (2015), de Pep Vidal
ARTE

Hablar sin mediar palabra

La Fundación «la Caixa» deposita en manos del comisario Juan Canela su colección. El resultado deja «sin palabras»

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En la nueva entrega del ciclo de comisariado promovido por la Fundación «la Caixa», Juan Canela recurre a las ideas del filósofo británico J. L. Austin, en concreto, a su obra más conocida –también póstuma– «How to Do Things With Words» (1962), para justificar la condición paradójica que implica el título de la muestra –«Hablo, sabiendo que no se trata de eso», tomado de un poema de Alejandra Pizarnik– e insistir una vez más en lo caduco que resulta el «díctum» que presidió buena parte de las obras minimalistas y conceptuales de los años sesenta y setenta: «Lo que hay es lo que ves».

Aquí, como en la mayoría de las propuestas tanto artísticas como expositivas de las últimas décadas, las apariencias engañan, y lo que parece formalismo o, en alusión a los años setenta, «fenomenología a lo Supports-Surfaces», no es sino un «acto de habla» –como diría Austin–. O, para ser más precisos, una manera de que las palabras y el lenguaje se conviertan en un campo de acción de dimensión performativa.

Un organismo vivo

La colección emerge así –como sostiene Canela– como un organismo maleable y en movimiento, donde cada elemento es agente activo, un contenedor de información y conocimiento. Las palabras no serían sólo enunciados lingüísticos, sino también performativos: tras cada palabra, tras cada pieza, late una acción que, desde su dimensión espacio-temporal, la acerca más al teatro que a la casuística de los objetos inertes, pura superficie, volumen o materialidad.

Las obras ya no constatan hechos, ni verdaderos ni falsos, sino son instrumentos a través de los cuales se realiza un acto

Es así como hay que entender el discurso curatorial de Canela, en el que convergen obras de distintos registros lingüísticos del fondo de la Colección «la Caixa» y del MACBA, algunas de corte más formalista, como las tres estrellas de acero de Eduardo Chillida («Iru Burni», 1986), junto con otras muy conceptuales, como la aportación de Isidoro Valcárcel Medina («El libro transparente», 1970); otras, más abiertamente político-ideológicas, como la de Asier Mendizabal, «Not All That Moves is Red (Telón) #1», de 2012, y otras tantas muy narrativas, como la de Julia Spinola, en la que objetos inertes depositados sobre el suelo revelan la acción del cuerpo en movimiento.

Spinola es un ejemplo paradigmático para los fines de Canela: lleva a cabo acciones que generan frases sin utilizar letras ni palabras. Su obra en la exposición, «Frase (objeto). BOCA» (2013-2015), la conforman una serie de objetos (zapatos, comida, tierra y recipientes), que asumen una determinada coreografía entre teatral y escenográfica en la que es el azar el que marca su disposición final.

Beuys, de otra manera

La paradoja a la que antes aludíamos potencia difíciles encuentros entre trabajos, como los de Matt Mullican («Untitled», 1992), sobre todo desde el registro fenomenológico, en la medida en que ponen en evidencia acontecimientos vinculados con el proceso material de su realización con otros cuya apariencia abstracta esconde un cúmulo de «enunciados performativos». Son los casos de Joseph Beuys, Félix González-Torres, Dora García («Bolsa dorada», 1995) o Abraham Cruzvillegas y su «Autorretrato ciego, escapándome de mí mismo» (2013), ejemplos que no sólo reflexionan sobre el lenguaje, sino que lo superan, generando así elementos de comunicación en los que la presencia –real o alegórica– del cuerpo, asume un papel fundamental.

Sobresale en el recorrido la forma de mostrar la que con toda rotundidad es una de las obras más emblemáticas de la colección «la Caixa»: el «Espacio de dolor» (1983), de Beuys, una instalación que se exhibe permanentemente en los espacios de CaixaFórum, pero que ahora se muestra minimizada en un vídeo de pequeño formato a la altura del suelo, dialogando con el registro videográfico de la acción llevada a cabo por Pep Vidal («Cabaña de madera, cabaña de plomo», 2015), que a la vez será protagonista de una de las tres «performances» que se organizarán en torno a la exposición. Y todo converge en un único punto, esta vez, ya sin la paradoja inicial: las obras ya no constatan hechos, ni verdaderos ni falsos, sino son instrumentos a través de los cuales se realiza un acto, un acontecimiento. Detrás del objeto late una acción que lo ha hecho posible, más allá de todo posible e intrínseco significado.