Montaje en la galería Luisa Strina
Montaje en la galería Luisa Strina - Javier Díaz Guardiola
ARCO '18

¿Qué futuro le espera a ARCO 2018?

La edición de la feria que inaugura hoy hace aguas por el sector con el que se «reinventa». Menos mal que queda esperanza en el resto del salón

MADRIDActualizado:

Por haber podido colarme en su montaje (aunque de algunos estands como en el de Horrach Moyá a uno le echen con cajas destempladas precisamente por eso. Nota mental: una obra de arte no la activa el espectador;_la activa el estar colgada en vertical en una pared), creo que hoy, y antes de que ARCO abra las puertas de su 37ª edición, puedo decirles algo que solo la muchacha del anuncio de la lejía Neutrex tenía hasta ahora el privilegio de soltarles: Vengo del «futuro».

Aunque he de añadir que lo mío mucho mérito no tiene. A partir de este miércoles, cualquiera de ustedes se lo podrá clamar a sus congéneres a los cuatro vientos (y hasta hacerse selfies con el cartel que hay a la entrada), dado que la feria de arte contemporáneo de Ifema ha decidido sustituir el habitual espacio dedicado al país invitado –un clásico desde principios de los noventa– por un concepto. Este concepto. Y muy posiblemente el de «futuro», en ARCO, sea efímero –pues ya se rumorea que para 2019 volveremos a tener a Perú reclamando ese espacio–, y para nada nuevo. Sin irnos muy lejos, recordemos como la sección que también ocupó el hueco del país invitado en el 35º aniversario y que luego derivó en Diálogos en 2017 se tituló Imaginando otros futuros.

Caótico, deslabazado

El caso (que yo soy muy de andarme por las ramas): he estado en el futuro y no me ha gustado lo que he visto. Lo he encontrado coático, deslabazado. Al futuro «hay que subirse» y, aunque tiene paredes, no cuenta con estands (el diseño se debe a Andrés Jaque). Su apariencia final es muy parecida a la de un campo de fútbol o una selva tropical brasileña. Los contenidos, debidos a tres comisarias (Chus Martínez, Rosa Lleó y Elise Lammer), no se los revelaré yo, se lo dejo a ustedes, de Dalí en adelante. Pero al bajar de allí uno mira con mejores ojos a los históricos de Guillermo de Osma o Leandro Navarro...

Futuro efímero

Si les soy sincero, más futuro encuentro yo en otras secciones de la feria: como en la carta del tarot que siempre está dispuesta e echarnos Marina Vargas en el estand de Javier López & Fer Francés, en los personajes vidoeproyectados de Tony Oursler en Moisés Pérez de Albéniz o las fotografías retrofuturistas de Christto & Andrew en Spai Tactel.

Todo futuro se construye, se fantasea, desde el presente. Y ese presente puede tener connotaciones políticas (como las fotos en plan juego del ¿Quién es quién? de los «presos políticos» pixelados por Santiago Sierra en Helga de Alvear; sin duda, una de las piezas que más controversia le generará en esta edición a la prensa, a la caza y captura –todavía– de la controversia en una feria de arte). O puede tener connotaciones sociales.

El papel de la mujer

Y en cultura, ese presente «connotado» pasa este año por la visibilización de la mujer en el cine, en el arte, en la vida... Tanto, que la repetición sistemática de Carlos Urroz a micrófono abierto de que todos los comisarios de este ARCO son mujeres (completan la lista Stefanie Hessler e Illaria Gianni en Opening y Catalina Lozano y las Corral en Diálogos) termina sonando a pose. Sobre todo cuando otra feria paralela se cuelga «el logro» (o el titular) de contar con más artistas que «artistos» en su nómina.

Protagonistas

Por eso, para titulares buenos, los que arroja Concha Jerez desde Aural, recuperando la voz de grandes mujeres a las que solo se visibiliza una vez muertas: Desde sus esquelas. O los que pueden escribir creadoras como Sonia Navarro en T-20, reivindicando una actividad asociada a lo femenino como la costura. Aunque, a decir verdad, yo me he echo muy fan de esa anciana que le escupe al joven sabelotodo en el vídeo de Ragnar Kjartansonn de I8 Gallery (Me and my mother), en su día en el Palais de Tokyo.

Porque aunque mucho se hable de futuro en este ARCO, sin duda alguna, sus mejores obras son las que se cocieron a fuego lento, aquellas cuyas ideas reposaron en un cajón durante años. Pregunten por la historia que hay detrás de los «nuevos» collages de Carmen Calvo en Rafael Ortiz, o la «ola» de fotos carnet atesoradas por François Bucher en Alarcón / Criado (El Archivo Macondo). Reparen en esos monumentos destruidos y que ya solo pueden traerse hasta el presente en forma de «petrificados» souvenirs, como así los ofrece Eugenio Merino en ADN (que también alerta sobre derechos pisoteados). Atrévanse a descubrir a figuras olvidadas como el activista gay de los años setenta Claudio Goulart (José de la Mano) o el colectivo C.A.D.A. en la chilena Isabel Aninat. También hay tiempo condensado en el «instrumento innombrable» de Jorge Peris de Luis Adelantado, en el que choca y se erosiana en las piezas de Carlos Rodríguez-Méndez en Formato Cómodo y en todo el minimalista estand de Parra & Romero, cuya limpieza se agradece entre el ruido atronador que toda feria provoca.

Edición de 2018

Y mientras en los Proyectos Especiales Jordi Colomer nos retrotrae a su pabellón español en Venecia, Elena Alonso ofrece restos de su barandilla de Abierto x Obras en Espacio Valverde, Elena Bajo nos recuerda en García Galería con qué obras fue Premio Audemars Piguet hace unos años. De futuro, a su manera hablan Marco Godoy en Copperfield y Max Estrella; lo hacen la patera desvencijada en Luciana Brito; los bodegones de Francesc Torres en T-20; el péndulo inestable de Fernando Sinaga en Aural; las coloristas propuestas de Momu & No Es en Joey Ramone; el alfabeto inventado por Carlos Garaicoa en Elba Benítez... Y, en esta misma galería, los poéticos listados de Ignasi Aballí: «Tormenta sin fin /Crímenes sin fin /Hombre sin fin / Sin fin / Toca a su fin / Llega a su fin». Fin.