«La fractura» aborda miles de acontecimientos y personajes, como el nacimiento del «jazz» (arriba, la banda King Olivers Creole)
«La fractura» aborda miles de acontecimientos y personajes, como el nacimiento del «jazz» (arriba, la banda King Olivers Creole)
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«La fractura»: Philipp Blom y sus ensayos de vértigo

Primero fue «Años de vértigo». Después, «Gente peligrosa» y «El coleccionista apasionado». Y ahora «La fractura». Blom sigue recorriendo la historia (con mayúscula y con minúscula)

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«The Crown» es una de las series de televisión (firmada por la BBC) de la temporada por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. En ella se narran los primeros años de reinado de Isabel II -en temporadas venideras seguirá la historia, que llegará quién sabe si hasta el día de hoy. «The Queen» es el centro de la trama pero aparece lo justo y necesario en cada capítulo. La narración resulta tan coral que los protagonistas «subalternos» (de Churchill a la princesa Margarita, del duque de Windsor a Jorge VI, de la reina madre a Felipe de Edimburgo) aparecen tanto o más que quien soporta en sus sienes el peso de la corona («The Crown»). Glorioso resulta el episodio en el que Winston Churchill se enfrenta al retrato oficial que firma el pintor Sutherland -pinceladas entre Francis Bacon y Lucien Freud- y que le coloca frente al espejo de la edad, de la decadencia y la dimisión demorada. La reina apenas sale hasta las secuencias finales del capítulo. Hace un cameo, suficiente para saber de la trascendencia de su papel y lo que representa.

Dicen los especialistas que nadie como los historiadores británicos para contar el pasado sin aburrir al presente. La buena escritura, el ritmo, la amenidad, no tienen por qué estar reñidos con el rigor y el análisis de los hechos centrales, y de los colaterales. Philipp Blom no es británico sino alemán (Hamburgo, 1970), aunque estudió la disciplina en Oxford y tomó buena nota de cómo se debe contar un «cuento» para doctos y no doctos en la materia. Lleva ya unos cuantos títulos -«Años de vértigo», «Gente peligrosa» y «El coleccionista apasionado»- fiel a ese estilo tan suyo que suma auténticos fans, amantes de la Historia pero no de que les duerman con erudición de fechas y batallitas.

Trincheras y «jazz»

He visto «The Crown» a la vez que leía el último ensayo de Blom, «La fractura, vida y cultura en Occidente, 1918-1938», y de ahí la relación: esa forma de narrar donde una infinidad de hechos, acontecimientos y personajes «secundarios» dan vueltas en torno al centro de la trama, llámese Isabel II u Occidente en toda la extensión temporal y espacial del concepto. La Historia no solo se escribió y se escribe con mayúsculas que ocultan el horizonte. Si la Primera Guerra Mundial modificó fronteras, levantó y hundió imperios, dejó un reguero de muertos y locos, gentes tocadas de por vida tras el horror que vivieron en las trincheras, el «jazz» revolucionó tanto o más que el káiser y el mismísimo Lenin, por poner uno solo de los hallazgos «menores» que se intercalan en la narración. Y era música de negros nacida en la semiclandestinidad de garitos ajenos a la ley seca.

El proceso o sistema de trabajo que practica Blom tiene mucho de periodístico

«La fractura» sigue el ritmo enloquecido que puso en marcha la máquina de «Años de vértigo» (Anagrama, 2010). La espiral, mortal para unos y tremendamente creativa para otros, empieza a tragarse todo cuanto pilla a su paso en 1900 y cierra el ciclo en 1938 (hasta ahí llega el recorrido, no sabemos si Blom tiene previsto continuar el viaje en el tiempo). En los títulos que lleva ya publicados se salta la Gran Guerra. Las «batallitas», no los efectos devastadores en el cuerpo y la mente de quienes sufrieron sus estragos en carne viva a pie de trinchera. Es un paréntesis que no lastra la narración, incluso se agradece. A algunos puristas quizá les parezca un sacrilegio. A Blom no es que no le interesen la sangre, el sudor y las lágrimas, sino que se sale de un campo de tiro ya muy trillado por otros historiadores, documentos y documentales de artillería militar y muy pesada. Blom husmea en otros territorios y quienes leen con avidez sus trabajos es lo que buscan.

Retales de lujo

Philipp Blom reconstruye con retales el devenir de casi toda la primera mitad del siglo XX. ¡Pero qué retales! De primera calidad. Por mucho que no lleven denominaciones de origen de alta alcurnia militar o política en muchos casos, sin ellos no se hubiera podido tejer la (intra)Historia del siglo XX ni del XXI. Este proceso o sistema de trabajo que practica Blom tiene mucho de periodístico, como quien toma buena nota de las noticias que no siempre aparecen en las primeras páginas, en las portadas. Pequeños recortes en muchos casos donde lo mismo se relata una anécdota aparente, un suceso sin importancia -la apertura del primer gimnasio de la Historia (como sucede en «Años de vértigo»)- que las correrías de Francis Scott Fitzgerald, Coco Chanel, las Mitford, D’Annunzio... Tanto en «Años de vértigo» como en «La fractura» también se puede jugar a la búsqueda de paralelismos entre el pasado y el presente. He aquí otra de las habilidades de Blom: mantenernos en vilo sobre el eterno retorno de la Historia.