«West Street» (1932)
«West Street» (1932) - B. Abbott
ARTE

Fijar el movimiento con Berenice Abbott

La exposición de Berenice Abbott en la Fundación Mapfre de Madrid es todo un acontecimiento. Una pionera al alcance de todos

MADRIDActualizado:

Tras su presentación en Barcelona, llega a la sede de Mapfre en Madrid esta excelente muestra de la gran fotógrafa estadounidense Berenice Abbott (1898-1991), que después seguirá viajando: primero a Ámsterdam, y luego a Colonia. En ella se presentan casi 200 fotografías, todas impresiones de época, agrupadas en tres secciones temáticas: «Retratos», «Ciudades» y «Ciencia». Además, como complemento, también una pequeña selección de once fotografías de Eugène Atget (1857-1927) y la proyección del documental Berenice Abbott: Una visión del siglo XX (Kay Weaver, Martha Wheelock, 1992), con una relevante presencia personal en él de la fotógrafa, ya al final de su vida.

La exposición es, de verdad, todo un acontecimiento: es la primera vez que podemos ver en España el conjunto de la obra de una artista de tal relieve, y con un magnífico montaje y una cuidada articulación de las piezas. Paso a paso podemos seguir la visión intensa de Berenice Abbott, de esta mujer creativa, una de las primeras que consiguió afirmarse como fotógrafa-artista en el devenir incierto de la Modernidad.

Desde la escultura

Nacida en Springfield, Ohio, en 1918 se traslada a Nueva York, y allí comienza su etapa de formación, inicialmente estudiando escultura. También entra en contacto con personalidades relevantes de la vanguardia artística, como Marcel Duchamp o Man Ray. En 1921 se instala en París. Después de un breve paso por Berlín, donde continúa sus estudios de escultura, vuelve a Francia, donde entra a trabajar en el estudio de Man Ray. Con él aprende lo referente a la fotografía, que ya a partir de 1924 será plenamente su actividad, abandonando desde entonces la escultura.

En 1926 entra en contacto con Eugène Atget, una de las figuras centrales del arte fotográfico. A él se refirió Walter Benjamin en su texto fundamental «La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica» (1935-1936), destacando su papel referencial en la fotografía moderna, al mostrar las calles desiertas del París de la época como testimonio del proceso histórico. Abbott tomó toda una serie de fotos de Atget, pero cuando fue a su domicilio para mostrárselas éste había fallecido.

Esta creadora se convirtió durante décadas en una importante difusora de la obra de Atget, y las once fotos de éste que se pueden ver en la exposición fueron positivadas por ella en 1956. Y no cabe duda de que en él, en Atget, Abbott encontró el rumbo, la orientación, de lo que sería su propio horizonte como fotógrafa. Cuando regresa a Nueva York en 1929, su mirada sobre la ciudad registra la transformación acelerada que se vivía en ella.

Ritmos de cambio

Nueva York-París-Nueva York: Abbott transita entre los cambios históricos de la vida en las ciudades y el nuevo aire que se respiraba en los procedimientos artísticos de representación. En la Nueva York de entonces, lo que le impactaba, lo que buscaba captar, era su dinamismo, su intenso ritmo de cambio, como ella misma señala en el documental antes mencionado: «Es una locura de ciudad [...], una ciudad con un ritmo muy rápido».

Y con ello da «el salto»: los retratos de figuras y personalidades se cruzan con las imágenes dinámicas de la urbe. Sus fotografías son de una calidad que permanece en el tiempo. Los puntos de vista, la fragmentación, el detalle… se articulan hasta alcanzar un pleno dinamismo interior. La imagen está quieta, pero en ella vemos el movimiento, el desplazamiento de los objetos y de las figuras en el espacio y en la visión.

Es la primera vez que podemos ver en España el conjunto de la obra de una artista de tal relieve, y con un magnífico montaje y una cuidada articulación de las piezas

Deslumbrantes, en ese sentido, y todo un prodigio en las múltiples innovaciones de la técnica fotográfica que desarrolla, son las imágenes de las calles y de los edificios de Nueva York, en las que el dinamismo, determinado por la altura de los rascacielos, va de arriba abajo y de abajo arriba. El trazado geométrico de los edificios se mueve, estando quieto, en el espejo de la cámara fotográfica. Y en la misma dirección se sitúan sus piezas sobre la ciencia, registros visuales de los experimentos y de los componentes que el pensamiento construye a partir de objetos y experiencias.

Berenice Abbott sitúa el núcleo de su trabajo en la idea de documento: «Para mí, la fotografía es documental, porque si no, no es fotografía». Pero se trata de un documento que transciende lo inmediato, que permanece. Y es así porque se apoya en la idea de composición, lo que implica seleccionar a través de la mirada: «El arte consiste en seleccionar lo que merece la pena y saber mostrarlo».

Todo un alcance lo que esta gran mujer creativa llegó a conseguir. Y, eso sí, con las dificultades que las mujeres siguen experimentando todavía hoy para ser reconocidas en esa dimensión. Algo que ella también vivió y de lo que era muy consciente, como muestran sus propias palabras: «Creo que lo último que la gente quiere son mujeres independientes». Berenice Abbott: fijar el movimiento de la vida.