Fernández Mallo despuntó con «Nocilla Dream»
Fernández Mallo despuntó con «Nocilla Dream»
LIBROS

Fernández Mallo en el basurero contemporáneo

A los pocos meses de publicada su novela «Trilogía de la guerra», se adentra en este ensayo sobre la cultura del parcheo

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Tenemos la ocasión pintada para comenzar citando a un (presunto) presocrático, al oscuro filósofo o físico que desmanteló la identidad sustantiva al compararla con el curso de un río: Heráclito consideraba que el mundo más bello era un montón de escombros dejados caer al azar. Para un «semionauta» tan lúcido y curioso como Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967), ahí se encuentra el impulso para desplegar un ensayo modular, cual si fuera un astronauta que regresa para contarnos aquello que nos pasa, sobre la condición contemporánea. Este escritor transita por la literatura, la ciencia, las artes plásticas, el cine, la música y la filosofía para conseguir que «retorne a la superficie», aunque sea con los ojos inyectados en sangre (como el buzo del pensamiento en términos de Melville), un pensamiento prodigiosamente complejo o, mejor, singularmente oportuno.

Si el título promete lecciones escatológicas, en realidad, lo que regala, en un exceso semejante aunque polémico con respecto a la noción del «potlatch» de Bataille, es una impresionante cartografía de los procesos compositivo-creativos actuales, asumiendo las estrategias «apropiacionistas» y demostrando que tiene el ingenio del «bricoleur». Fernández Mallo avanza más allá del laberinto estructuralista para proponer una poética híbrida de las ciencias y las artes. Aquí el ensayo es un delicioso juego de las correspondencias que nos hace ver cómo puede ejecutarse ese «saltar juntos» de modelos del conocimiento que no es otra cosa que una activación de la potencia de lo metafórico o de la intersección diagramática.

Lo más profundo es la piel

Me gustaría sugerir que este libro seminal prepara el terreno de la «dermatocrítica» o de la «epistemología epidérmica», siempre y cuando tengamos en cuenta que lo más profundo (así lo expresó Valéry) es la piel. Agustín Fernández Mallo, con enorme lucidez, transita desde la teoría del ensamblaje al «Cuerpo sin Órganos» pero no para exhibir, a la manera pedantesca, sus múltiples conocimientos, sino para generar herramientas con las que pensar esa piel que habitamos: esto es para resistir creativamente en el mundo.

Para poner en marcha su «pensamiento topológico» Agustín Fernández Mallo se sirve, entre otras cosas, de los «atractores» caóticos teorizados por Henri Poincaré, de los puntos de catástrofe de René Thom o del devenir-nómada deleuziano, sin que deje de sacar provecho de «Level Five» de Chris Marker, el «Wooden Boulder» de David Nash o el impresionante vídeo en el que el artista mallorquín Bernardí Roig se apropia de un pasaje de «El año pasado en Marienbad» de Resnais para, crudamente, coserse la boca.

La maquinación ensayística de este escritor fascinado por Wittgenstein, que incluso ha llegado a escalar en los acantilados de un fiordo de Noruega para llegar a las ruinas de su mítica cabaña, no conduce al silencio, ni mucho menos, al contrario, derrocha potencia conceptual y, sobre todo, nos enseña a emplear una metodología lúcidamente «desquiciada» («sampleo» post-productivo) para leer los escombros del presente sin tener nostalgia de las ruinas. En este imponente «terreno en construcción» está trazado, con aquel «rigor en la ciencia» del prodigioso «hacedor» borgiano, un mapa que nos lleva (literariamente) hacia la intensidad.